domingo, 15 de marzo de 2020

Renta básica y pandemia

El viernes 13 de marzo, Ugo Gentilini -líder del Banco Mundial para Redes de Seguridad Social- publicó una nota en Brookings promoviendo la entrega de apoyos en dinero en efectivo a las personas, a partir de la propuesta de Renta Básica (en español) o Universal Basic Income (en inglés) que desde hace 20 años he venido difundiendo en Colombia.

Gentilini afirma que
Cuando las crisis golpean, las transferencias de efectivo son parte del paquete de políticas que los gobiernos implementan para mejorar sus efectos económicos. Ya se trate de refugiados, recesiones económicas o desastres naturales, los países han usado mucho efectivo. La evidencia empírica muestra que las transferencias de efectivo generalmente se gastan juiciosamente, pueden salvar vidas y, si están bien diseñadas, pueden ayudar a las personas a salir permanentemente de la pobreza.

Hace poco Guy Standing -uno de los principales promotores europeos de la renta básica- se pronunció en la misma dirección en una columna (https://elpais.com/elpais/2020/03/11/opinion/1583929510_196303.html). Allí sostuvo que
Sería mucho más apropiado aprovechar la situación para introducir un sistema de renta básica, para empezar, al menos, mientras se prolongue la pandemia, que dé a cada residente del país una modesta retribución mensual sin condiciones, como derecho. La cantidad mensual podría ajustarse hacia arriba o hacia abajo dependiendo de la gravedad de la recesión, como estabilizador económico automático, para mantener la demanda agregada y proporcionar más resiliencia a las personas, las familias y las comunidades.

Este es el planteamiento de Gentilini :
La pregunta es: ¿podrían las transferencias de efectivo ayudar a compensar parte del daño económico causado por COVID-19? No es una pregunta hipotética. Al responder al nuevo coronavirus, países como Indonesia, Malasia y China están anticipando, expandiendo y aumentando los pagos de sus programas emblemáticos en efectivo. Y también en el Reino Unido. Debido a la naturaleza universal del virus, algunos países están considerando transferencias universales. Estos incluyen la provisión de dinero en efectivo a todas las personas sin condiciones, a saber, el ingreso básico universal (UBI), el tema de nuestro nuevo libro.

Mientras muchos gobernantes y legisladores acuden al expediente exclusivo de ayudarle a las empresas, otros están pensando directamente en las personas. Es el caso de algunos congresistas estadounidenses: https://thehill.com/homenews/house/487485-lawmakers-call-for-economic-stimulus-ubi-amid-coronavirus-crisis

lunes, 9 de marzo de 2020

Antioquia pobre

Publicó el Dane el indicador de pobreza multidimensional, que integra los factores más críticos asociados a educación, niñez y juventud, trabajo, salud y vivienda y servicios públicos.

Los resultados por departamento no son sorprendentes, aunque siguen siendo vergonzosos para la dirigencia antioqueña. Los antioqueños somos más pobres que los habitantes de Bogotá, Cundinamarca y Boyacá, los tres departamentos del viejo Caldas, Meta, Valle, San Andrés y Santander. Y esto a pesar de que Antioquia es la segunda región más rica del país, después de Bogotá, según el producto interno bruto departamental.

Este contraste entre riqueza y pobreza evidencia la escandalosa desigualdad que existe en el departamento. Desigualdad geográfica, como lo hizo notar este diario (“La periferia concentra lo más precario de Antioquia”, 16.02.20). Los municipios del Medio Atrato rondan el 80% de pobreza; y tienen más de la mitad población pobre los de Urabá, con excepción de los tres municipios del eje bananero, todos los municipios del área del Nudo de Paramillo, los del oriente lejano, Bajo Cauca y la cuenca del Nechí, gran parte de Occidente, Betania y Salgar. La desigualdad antioqueña empeora cuando se mide la brecha entre las condiciones de las cabeceras municipales y las zonas rurales: solo Vaupés, Cesar, Vichada, Bolívar, Sucre, Córdoba, Chocó, Tolima y La Guajira presentan una mayor diferencia que Antioquia. Por cada pobre en cabecera municipal hay cuatro en zonas rural.

¿Cuáles son los factores que hacen que seamos más pobres? O, más crudamente, ¿cuáles son los factores en los que los antioqueños somos más pobres que todos los colombianos en promedio? Se pueden integrar en tres renglones que son: saneamiento básico, calidad de la educación y empleo.

Saneamiento básico en cuanto a alcantarillado y agua potable. Cuando uno tiene la mejor empresa de servicios públicos del país y ella invierte en otros departamentos y países sin resolver las necesidades básicas de su gente, algo se está haciendo mal. El acceso al agua es un derecho y en un departamento rico en fuentes hídricas es una obligación. Además, este déficit en saneamiento básico afectará, tarde o temprano, los avances efectuados en el acceso a los servicios de salud. En cuanto a educación nuestro rezago está en lo que se llama bajo logro, es decir, problemas de calidad educativa. Antioquia está haciendo la tarea en materia de cobertura pero tiene mucho por hacer en términos de calidad y, no sobra decirlo, principalmente en educación básica. Y el tercer elemento es el desempleo de larga duración, que es un fardo para la economía de los hogares, aumenta la vulnerabilidad de los jóvenes y deteriora el clima social en la región.

Cabría demandar que el plan de desarrollo departamental fije metas en estos tres aspectos de la pobreza y en la atención al campo antioqueño. Y que los alcaldes se sientan aludidos.

El Colombiano, 8 de marzo

viernes, 6 de marzo de 2020

La paz se toma la palabra


CONFERENCIA IMPACT

El arte y la cultura en la transformación de los conflictos
En esta charla se hablará sobre el arte y la cultura como elementos protectores y como herramientas fundamentales para la mediación de problemáticas sociales.

Por Jorge Alberto Giraldo

El dato
Estas conferencias se llevarán a cabo en el marco del Encuentro “IMPACT Imaginando juntos desde Colombia: laboratorio de reflexión para pensar el rol de las artes y la cultura en la transformación de conflictos”. Este evento convoca a un grupo de líderes colombianos que desarrollan iniciativas en el campo de las artes y la cultura y se enmarca dentro de IMPACT Imagining Together Platform for Arts, Culture and Conflict Transformation, una colaboración internacional que surge de la alianza entre Brandeis University en Boston, Juniata College y la Universidad de Masebi en Kisumu, Kenia, para diseñar y activar estrategias que permitan fortalecer el ecosistema de artes, cultura y transformación de conflictos a nivel internacional.

Subgerencia Cultural © Banco de la República

miércoles, 4 de marzo de 2020

Otra voz

Acabar con la hipocresía con el campo

José Luis Villacañas

Geoffrey Brian West es un físico teórico que trabaja en la aplicación de las proporciones de escala a los entes colectivos, intentado mostrar las leyes de escala que hay entre la forma y el tamaño de los organismos y la energía que consumen, todo presidido por la cantidad de entropía que producen. En su reciente libro "Scale, The Universal Laws of the Life", argumenta que la forma de la gran ciudad que la humanidad está promoviendo, impulsada por el capitalismo, es insostenible. Basta con recordar la desproporción de escala del consumo de energía por el hecho de vivir en la gran ciudad. Un ser humano normal, en condiciones biológicas básicas, consume 2000 kilocalorías, que equivale al consumo de 100 vatios. Pero en condiciones de vida propias de una megalópolis, con el nivel de vida de Estados Unidos, cada persona consume la energía equivalente a 10.000 vatios, que multiplica por cien el consumo básico humano. Esa es la energía que necesita una ballena azul, que pesa mil veces nuestro cuerpo. Por eso West propone que identifiquemos la fase verdaderamente peligrosa del Antropoceno en lo que él llama el Urbanoceno.

Este concepto llama la atención sobre el hecho de que ya hemos superado con creces la escala biológica que garantiza el futuro de la vida. Si imaginamos que los más de siete mil millones de seres humanos del planeta se mueven por la Tierra con los pesados cuerpos de las ballenas azules, nos daremos cuenta del aspecto siniestro de nuestra especie y de su incierto futuro si seguimos concentrándonos en grandes ciudades. Y ello nos sugiere que toda política ecológica que no detenga esta tendencia es pura hipocresía. Y por eso, el campo no puede ser abordado al margen de la política ecológica, que es sencillamente la única política que garantiza el futuro de la humanidad.

Eso implica transferir recursos a las pequeñas ciudades, a los pueblos, a las personas que viven en ellos. Y la solidaridad impone que se le transfieran desde los lugares en los que la escala de beneficios también se dispara. Un régimen fiscal específico, un tratamiento diferente de los autónomos rurales, una capitalización mediante crédito público, una autonomía energética limpia, una incentivación del cooperativismo, una mejora de la educación y de la sanidad, todo eso es necesario. Quien tenga en su labios la palabra España y no apueste por estas medidas, no hace sino seguir la enorme hipocresía que caracteriza a la política española desde siglos y que en el franquismo alcanzó el estatuto de completa desvergüenza y cinismo. La prueba de fuego de un político democrático es no ser heredero de esa maldita tradición.

Levante (Valencia), 17.02.20

lunes, 2 de marzo de 2020

Sofía y los animales

Sofía vivía en una casa pueblerina grande con un solar también grande. El solar y los bajos de la casa eran el hábitat natural de alguna fauna que frecuenta los vecindarios de humanos como aves, ratones, zarigüeyas. La casa y el solar también hospedaban especies invitadas y atendidas como gatos, perros y gallinas. Existía en esos años —las cuatro décadas del medio siglo— una convivencia civilizada: nadie mandaba a nadie; cada cual, según su capacidad, entraba y salía, y se procuraba su forma de vida. Las gallinas, por supuesto, tenían algunos privilegios pero a costa de poner su cuota ocasional al sancocho. Los perros y los gatos salían de la casa por días y semanas sin que a nadie se le parara el pelo, y regresaban a recibir un baño y a descansar después de las aventuras callejeras.

El mismo año en que Sofía se casó, Walt Disney inventó a Mickey Mouse. Disney se apoyó en los cuentos antiguos para popularizar mediante el cine la humanización de los animales. Siguiendo la tradición, Disney nunca supuso que los animales fueran inferiores o superiores a los seres humanos. Eran como estos: bondadosos y malvados, afectuosos y malgeniados, pendejos y ventajosos, algunos bellos y muchos feos. Muchas historias se desarrollaban en un mundo exclusivamente animal pero luego aparecieron las interacciones entre personas y animales; la equidad en el trato se conservaba en esas narraciones.

En esa misma década de 1930, el citadino y cosmopolita Fernando González consignó un apunte propio de su ojo de fenomenólogo. González sentía que los seres humanos estaban acogotados por el miedo a la libertad. Hay varias obras ilustres que describen esa condición de la época, pero el de Otraparte se bastó con la observación de que había gentes que se compraban un perro para poner tener un amo. La persona sola, con el tiempo y la potencia a su plena disposición, prefiere tener un perro para no ocuparse de sí (Los negroides). La pregunta de quién es el amo entre dos seres de los cuáles uno caga y el otro recoge la mierda se la debemos a alguien más, creo.

Al escritor irlandés George Bernard Shaw —que compartió parte de su época con Sofía, Walt y Fernando— se le atribuye una opinión muy distinta a la de ellos tres: “mientras más conozco a los hombres más amo a mi perro”. No importa la autoría, la frase representa el espíritu misántropo de los animalistas radicales. La vida, la comida, el afecto, el andén, primero para el perro; el anciano, el inválido, el niño verán cómo se las arreglan. Son asesinos los toreros o comedores de carne. Shaw, fue admirador de Hitler y Stalin. De la desvalorización de las personas concretas se alimenta la sensiblería cultural que nos rodea.

(Mi abuela Sofía, murió hoy hace veinte años.)

El Colombiano, 1 de marzo

lunes, 24 de febrero de 2020

Alpujarra

¿Quién gobierna una ciudad? La respuesta legal, simple y corriente, es el alcalde. La teoría política responde con otra pregunta: ¿quién controla las actividades que la gente desarrolla en ese territorio? ¿Quién gobierna a Medellín? Alguien puede responder con un giro común en la prensa; la gobierna el inquilino de La Alpujarra. Los realistas políticos sabemos que no es así y que para poner en duda ese gobierno no hay que ir a La Torre o Altavista.

Si la oficina del alcalde fuera el centro de una zona cuadrada con un kilómetro de longitud por cada lado, y dividiéramos la zona en cuatro cuadrantes nos encontraríamos con este retrato. Cuadrante uno: Desde La Alpujarra hasta el río y desde San Juan hasta Los Huesos o La 33, una zona moderna dominada por el estado y la empresa privada tradicional: el centro administrativo, EPM, Plaza Mayor y el Teatro Metropolitano. En los bordes de Otrabanda, Camacol y Sura.

Cuadrante dos, enmarcado por Carabobo y el río, desde San Juan hasta Colombia, dominios del comercio informal, abiertamente ilegal o en proceso rápido de legalización. Una zona que se mueve en el espectro que va desde El Hueco, Hollywood y nombres parecidos hasta Barrio Triste; el bazuco y el contrabando, los reducidores de motos, venta de materiales de construcción y vestuario, e importadores no tradicionales de mercancías chinas.

Cuadrante tres: de Carabobo hasta Córdoba y San Juan hasta Ayacucho. Un sector de comerciantes formales, centros educativos, sedes de empresas emergentes abandonadas por empresas tradicionales, residencias de clase media urbana arraigada y envejecida que resiste la marea alta de la informalidad que se controla desde el cuadrante dos. Allí están las sedes de la Policía Metropolitana, el Banco de la República y el Edificio del Café.

Las marcas del cuadrante cuatro serían el Cementerio de San Lorenzo, la glorieta de San Diego y alguna tienda de repuestos en La 33 con Carabobo. Una zona de minoristas de repuestos de motos y automóviles, en gran medida lavadores del robo de motos y automóviles; combinada con minoristas de cocaína, juego y prostitución (los más grandes están ubicados al sur); mezclada con minoristas legales y concesionarios de carros.

Una vista aérea de esta zona, con detalles de los techos y terrazas, de los patios y balcones que se pueden ver desde un dron o una imagen satelital darían una perspectiva de lo que se cuece detrás de las fachadas de las edificaciones de esta zona. A veces puede bastar una mirada atenta a través de los ventanales del metro cuando se encarama al viaducto del centro.

Los arabistas discuten si alpujarra significa indomable o pendenciera; “zona roja de vicio y depravación”, dijo la esposa de un ingeniero hace setenta años. Yo solo sé que el alcalde gobierna en una porción menor de ese kilómetro cuadrado.

El Colombiano, 23 de febrero

lunes, 17 de febrero de 2020

Injusticia

Joaquin Phoenix —en su discurso de recepción del Oscar— intentó unificar las buenas causas por las que luchan la farándula de Hollywood, los miembros vanguardistas de las plutocracias cosmopolitas, los jóvenes de la clase media, las capas correctas de las burocracias públicas y privadas y los pensadores posmodernos. “Estamos hablando de la lucha contra la injusticia”, indicó.

Le antecedieron personajes que atacaron a la clase política, defendieron las preferencias sexuales de las minorías y los derechos de mujeres y aborígenes, abogaron contra el cambio climático y las condiciones de los trabajadores del cinturón de óxido, todo esto sin contar los temas de las cintas nominadas que incluían las guerras, los desplazados del sudeste asiático, varios asuntos relativos a la infancia, religiones exóticas y demás. Injusticias. Phoenix usó la mayor tribuna que ha tenido en su vida para atacar la inseminación artificial de las vacas.

Lo que Phoenix intentó decir fue algo así como “parecemos distintos, pero no lo somos: estamos contra la injusticia”. Ese llamado podría incluir a Donald Trump; él también lucha contra la injusticia de la competencia china y contra la injusticia que los migrantes latinoamericanos cometen al quitarle el empleo a los trabajadores que tienen ciudadanía estadounidense. Si algo está irradiando al mundo entero es el sentido de injusticia, como lo denominara Barrington Moore (1913-2005) en una obra magnífica de 1978.

A la inflación de los derechos que vivimos desde 1991 (todo es un derecho) se le agregó la inflación de las injusticias (cualquier palabra o acto que menoscabe lo que yo crea que es un derecho). La inflación de los derechos produjo una marea alta de exigencias al estado, a las entidades privadas y a los jefes de familia. La inflación de la injusticia está produciendo un diluvio de protestas y denuncias que tienen múltiples destinatarios.

Unificar el sentido de injusticia en un discurso incongruente es muy fácil; difícil y excepcional es unirlo en un estallido social, como el que ocurre en Guasón. Pero el poder político, con su potencia y sus limitaciones, no puede satisfacer todas esas demandas por la simple razón de que es imposible hacerlas compatibles. No se pueden defender la integridad comunitaria de las minorías étnicas patriarcales y los derechos de las mujeres al mismo tiempo, para poner un solo ejemplo. Lo que sí intentan los promotores de la corrección política es igualarnos en el sentido de injusticia; hacernos creer que vale lo mismo luchar contra el hambre que oponerse a la inseminación artificial de los vacunos.

El extravío moral de la sociedad contemporánea se explica, parcialmente, por la competencia entre códigos morales. La moralidad libertaria e igualitaria de la modernidad sufre el ataque de la moralidad de los fundamentalismos religiosos (no solo islámicos o evangélicos) y de la pose posmoderna, más estética que ética, más narcisista que humanista.

El Colombiano, 16 de febrero

lunes, 10 de febrero de 2020

El avión y el árbol

El tres de febrero de 2020 el mundo occidental se conmovió con la noticia de un avión que dio vueltas y vueltas sobre el cielo de Madrid. Todos los portales y las redes sociales estuvieron colmados durante nueve horas con la alarma inane de un avión que tenía que dilapidar su tanque de combustible antes de aterrizar. Todas las vidas, las alegrías y las penurias, los crujidos del desajuste general, todos estuvieron sepultados por la presencia de ese artefacto metálico que merodeaba una pequeña península de aquella península que presume de ser un continente. Los acomodos tras la amputación de Europa, miles de desplazados de Idlib por la guerra en Siria, Washington juzgando a un tirano, cien millones de chinos confinados por una pandemia, se ocultaron tras un espectáculo aéreo madrileño. Madrid, una megalópolis de siete millones, puede encubrir un evento natural, sin sobresaltos, ocurrido en las cercanías campestres de un pequeño poblado inglés. Poco más de un siglo de familiaridad con los aviones no ha bastado para aclimatar el éxtasis humano con los mecanos voladores, maravilla y terror, —grifos asirios, nazgûl alados de Tolkien, Luftwaffe, black hawk contrainsurgentes, aviones civiles que derriban torres, que son derribados por misiles, que se rompen en el aire o en las pistas—. Carece de interés que un viejo muera en cualquier suburbio de la esfera azul, pero debiera interesarnos si ese viejo fuera casi el último erudito y uno de los últimos sabios del poniente. George Steiner descansa del mundo en medio de una algarabía trivial destinada al olvido. Se muere solo, siempre. Steiner vivió solo, fuera de reflectores, a veces como escritor sin firma. Lo imagino como el árbol en medio del lago que sentencia el Da Guo. Aquel que irritaba a los sabihondos por pasar, “en el mismo párrafo, de Pitágoras, a Aristóteles y Dante, a Nietzsche y Tolstoi”; quien redujo a los académicos a la condición de intermediarios; el judío que se oponía al sionismo; el hijo de las precoces víctimas del nazismo que ensalzó a Heidegger —el rector nazi—; quien sospechó de la falta de humanismo de los humanistas; el académico que gastó media vida escribiendo en medios que no le darían un punto en Colciencias; el defensor de los derechos femeninos que no reconocía un genio entre las mujeres; el admirador de Marx y Freud, crítico del marxismo y el psicoanálisis; el humanista que no creía que las humanidades humanizaran naturalmente. Un árbol en medio de un lago, raíces con cinco siglos de antigüedad; un árbol en medio de un lago, más bien de un pantano. Se me dirá: siempre fue así; sí, solo que ahora es más evidente y menos soportable. Steiner, treinta y cinco obras que importaron menos que las treinta y cinco vueltas de un avión sobre Chinchón y Tarancón. Este mundo nuestro.

El Colombiano, 9 de febrero

jueves, 6 de febrero de 2020

Populistas a la colombiana: Leonardo García

El difícil concepto “populismo” y sus expresiones

Leonardo García Jaramillo

Una de las principales funciones de la academia consiste
en plantear y refinar conceptos que usamos para describir
y analizar la realidad. Los conceptos desarrollados para
comunicar fenómenos políticos y manejar expectativas
normativas se juzgan por su utilidad o inutilidad para
representar adecuadamente el fenómeno que procuran
comprender. El uso y la difusión del concepto “populismo”,
sobre todo por su intensificación durante la última
década, han ampliado indeseablemente su capacidad
denotativa (para indicar o significar algo), en detrimento
de sus potencialidades connotativas (de conllevar otros
significados expresivos o apelativos, además de su significado
propio o específico.

Leer reseña completa en: https://revistas.uniandes.edu.co/book-reviews/res

Universidad de Los Andes, Revista de Estudios Sociales 71, 2020.

lunes, 3 de febrero de 2020

Me dijeron

Me escribió una lectora de Itagüí acerca de mi columna sobre el Metroplús del sur. Me dice en su correo que en ese municipio la obra lleva 15 años y que todo ese tiempo lo han pasado “entre escombros, vías tapadas, casas destruidas, convertidas en nido de ratas y guarida de ladrones”. Cree ella que en Envigado estos males se han podido eludir con facilidad por el poder adquisitivo que siempre se le supone a quienes vivimos a este lado del río. Insisto en el punto, por la negligencia de una empresa pública y de dos administraciones ante los ciudadanos. Para eso sirve el clientelismo: para votar por migajas y que los elegidos se coman la torta.

Me dijeron varios dolientes del túnel verde que el 3 de enero todavía estaban talando árboles, que ante la protesta y las lágrimas (sí) de varios ciudadanos, los funcionarios actuaron de forma displicente y, algunos, intimidatoria. Existe un video de un individuo que señala a los protestantes y les dice que “por eso es que matan líderes sociales”. Una amenaza nada velada. Cuando le pidieron identificarse o decir a qué dependencia del municipio pertenecía, se negó. Al fin no se supo de cuál oficina de Envigado era.

Varios lectores me escribieron sobre la columna que trata el tema del cobro de las trasmisiones televisivas de fútbol colombiano. Todos ellos apuntaron hacia el tema de lo poco que les queda a los clubes profesionales de cuenta de estos contratos. Uno se atrevió, incluso, a dar cifras: “sabemos que a los equipos solo les llega $ 1.000”, de los 30 mil que les cobrarán a los usuarios, dijo. Hace 20 días, en una columna, Germán Vargas Lleras afirmó que “en cuanto a los derechos de televisión, los clubes también reciben muy poco en comparación con los de otros países. En Colombia un club devenga por este concepto algo más de un millón de dólares por año, mientras que, digamos, en Ecuador reciben 3; en Perú, 5; en Chile, 7, para no hablar de Argentina y Brasil, donde perciben más de 30 o 40 millones” (“La mala hora del fútbol”, El Tiempo, 11.01.20). Algo sabrá del asunto ahora que un amigo suyo, de Cambio Radical, es presidente de la Dimayor.

El taxista de ida —el 21 de enero— comentó las marchas de protesta. Concedió que las marchas son razonables o pueden serlo, en todo caso aceptó que las protestas son legítimas, pero rechazó los daños físicos y los problemas que se les causa a la gente que no tiene nada que ver. El taxista de venida —pocos días después—: “Profe, sí vio la del alcalde. Dizque limpiando los letreros que dejaron en unas oficinas. ¿No debería estar, más bien en el puesto de mando?”. Puesto de mando, dijo con mucha seguridad.

El Colombiano, 2 de febrero

lunes, 27 de enero de 2020

Win + morrongo

“Morrongo. Persona que oculta sus verdaderas intenciones para obtener sus propósitos”. Eso dice el Diccionario de Colombianismos elaborado por el Instituto Caro y Cuervo. Win empezó a trasmitir los partidos del fútbol colombiano hace algunos años a través de los operadores de cable; ahora anunció que empezará a cobrar una módica suscripción de 30 mil pesos mensuales, que dentro de poco tiempo se incrementará; seguro. Se trata de una tarifa de introducción, pero no lo dicen así. Win es morrongo.

Este es un despropósito por el simple hecho de que el fútbol colombiano está ampliamente subsidiado por el estado. Quiero decir que no es una actividad netamente privada, con derecho pleno a mercadear sus servicios, en este caso, un espectáculo, pobre, pero espectáculo, que tiene sentido solo por ver “al equipo que tú amas”, como dice con populista acento un locutor.

Todos los colombianos financiamos a los equipos profesionales de fútbol, de distintas maneras. Los estadios del país, con excepción del Deportivo Cali, son de los municipios. Cada club firma un contrato semestral de arrendamiento del estadio cuyo canon corresponde a un porcentaje de la taquilla. En el caso de Medellín, la generosa alcaldía solo les cobra el 4% mientras la mayoría de los equipos paga el 10%, que sigue siendo bajo. Y no solo porque los gastos totales de mantenimiento del campo de juego y de toda la infraestructura del estadio es asumido por las administraciones municipales, o sea, por dinero proveniente de los impuestos. Además, según una investigación del portal La Silla Vacía, en el campeonato del año pasado hubo 17 patrocinadores oficiales, entre gobiernos regionales, licoreras y empresas de servicios públicos. Esto sin contar la no pocas veces apetitosa publicidad gubernamental en las trasmisiones de los partidos.

El cebo de los 30 mil pesos es falaz porque siempre, o casi siempre, el canal hace parte del menú de un operador de televisión al cual hay que pagarle una tarifa mensual, trátese de los operadores internacionales o de la simple parabólica barrial o pueblerina. Los 30 mil son un costo adicional en la factura de la televisión.

Además, hay que recordar que el espectro electromagnético es propiedad de todos los colombianos. Considerando que el fútbol es una afición mayoritaria entre los estratos económicos medios y bajos, y que, para las personas mayores de edad, con limitaciones físicas o que no viven en las grandes ciudades, es parte importante de su esparcimiento, el gobierno debería tomar algunas medidas remediales en este asunto. En un caso como estos, podría aplicarse una medida análoga al mínimo vital de agua que estableció en Medellín Alonso Salazar. Es decir, algunos partidos gratuitos para los sectores más pobres de la población. Al fin y al cabo, todos necesitamos circo. ¿Cuánto gasta el estado en el entretenimiento de los más pudientes?

El Colombiano, 26 de enero

lunes, 20 de enero de 2020

Repensar las armas del estado

Es de rigor cuando termina un conflicto armado repensar las funciones y la operatividad de la fuerza pública del estado aludido; algunas veces estas reformas se incluyeron entre los puntos acordados. Las razones van desde el cambio en las condiciones fácticas del orden constitucional hasta las estratégicas y económicas. Por ello, cuando ya se percibía que el acuerdo con las Farc era inminente, empezó en el país una discusión sobre la creación de una guardia rural, la disminución del tamaño de las fuerzas militares y la modificación de su presupuesto, entre los puntos que recuerdo. Para la mayoría de los expertos esos cambios no eran oportunos, amén de la discordia ciudadana sobre el tema.

Dos años después, los descosidos de la fuerza pública son inocultables. Los problemas en el Ejército y en la Policía Nacional son graves y sistemáticos. No se trata de escándalos puntuales, las famosas y falaces “manzanas podridas”. No voy a hacer aquí un listado, siquiera indicativo, porque los hechos son tan conocidos que pueden rastrearse incluso en la prensa internacional. Me limito a señalar que no se trata solo de las arbitrariedades y abuso de la fuerza y la autoridad, que la “gente de bien” justifica como excesos inevitables en el ejercicio de una función legal; se trata de corrupción a gran escala y de acciones contra otros poderes públicos o fuerzas políticas legales, es decir, dañinas del orden constitucional.

Los problemas no se reducen a la fuerza pública. Como es sabido, la constitución prevé la creación de “organismos nacionales de seguridad y otros cuerpos oficiales armados” (Art. 223) entre los cuales están, entre los más robustos, el cuerpo técnico de policía judicial, el cuerpo de carcelaria nacional, y la Dirección Nacional de Inteligencia. La puesta en prisión de los directores de las dos principales cárceles del país, hace un año, develó que el Inpec es en el mejor de los casos un organismo que pacta el manejo de las cárceles con los delincuentes.

El marco jurídico y operacional de estos organismos se definió en condiciones excepcionales debido a las amenazas de las bandas narcotraficantes y los grupos armados ilegales. La última reingeniería del ejército y la policía se hizo a finales del siglo pasado, en plena escalada del conflicto armado. El gobierno Samper sobreaguó, entre otras mañas, porque le quitó dientes a la oficina del Alto Comisionado para la Policía, encargado del control de esa fuerza. El acto legislativo que modificó a la fiscalía data de diciembre de 2002, en el punto crítico de la guerra. El DAS se desmanteló en 2011 y sus funciones se reasignaron sin debate ni examen alguno, sobre las diseños, directrices y mecanismos que lo convirtieron en una agencia criminal, como está comprobado en el caso del asesinato de Luis Carlos Galán.

Este asunto debe ser prioritario.

El Colombiano
, 19 de enero

martes, 14 de enero de 2020

Un gran engaño

A cuentagotas. Contra la protesta ruidosa de los ambientalistas, contra las quejas silenciosas de los comerciantes, contra la resignación estúpida de los envigadeños (que hemos aguantado todo en las últimas cuatro décadas y nos creemos tanto), contra las demandas de los ciudadanos y los incumplimientos de los contratistas, contra todo esto y más, siguen las obras de Metroplús en Envigado.

El alcalde de Envigado se posesionó el 31 de diciembre para salir a talar, a hurtadillas, con la picardía tradicional de los administradores que tomaban decisiones en navidad o año nuevo, preferiblemente a la hora en que la gente estuviera embotada de aguardiente y pólvora, para salir a talar, venía diciendo, los árboles del llamado túnel verde a la entrada a Envigado, que data de los tiempos en que se construyó la Avenida El Poblado.

Desde que se anunció la obra, en la década pasada, muchos criticamos el trazado: una estrecha u que va paralela a las vías del metro, con unos márgenes no superiores a trescientos metros de las estaciones y que une a Itagüí y Envigado, municipios que ya están unidos por vía directa en dos puntos (habrá pronto una tercera). Un embeleco total, cuya sustentación técnica nunca fue dada a conocer. Y eso que estamos hablando de una empresa pública, cuya propiedad mayoritaria está en manos de la Alcaldía de Medellín (55%) y el Metro (25%).

Las críticas parecían puro gadejo (ganas de joder). Había —como nos consolamos los paisas— que darle un margen de espera y un voto de confianza a entidades tan admirables como las propietarias. Pues bien. Ya les dimos nueve años y vamos para el décimo. ¿Y qué hay? Un tramo entregado (el 1) y otro sin terminar (el 2a). En nueve años se hizo el tranvía de Ayacucho, tres líneas de metrocable y el túnel a Oriente. En los mismos nueve años, Metroplus no ha hecho tres kilómetros de vía en Envigado (el 24 de diciembre había retroexcavadoras en la 43A con 38); vía pura, sin contar semaforización, señalización, ni el supuesto paisajismo. (Si mis cálculos no fallan y la información disponible es correcta, cada kilómetro terminará costando poco menos que el kilómetro en las obras del túnel de oriente, con túneles y todo, por supuesto.)

A partir del primer tramo se confrontan las mentiras de los administradores de la empresa y los alcaldes de Envigado. Se acabaron las especulaciones: vías de cemento, con separadores estrechos y andenes angostos, con pequeños espacios para sembrar arbustos, apenas maticas, que no aportan mayor cosa ni al paisaje ni al refresco de las zonas ni a la captura de dióxido de carbono.

Cambio climático, participación ciudadana, lucha contra la corrupción. Es como si nada de eso fuera parte de la agenda local. La mala gestión local aporta mucho a la indignación nacional.

El Colombiano, 12 de enero

lunes, 13 de enero de 2020

Inocentes

Desconozco el momento y los azares que condujeron a la adulteración del día de los inocentes. Para todos los cristianos está claro el origen de la conmemoración, que evoca la masacre de los niños menores de dos años ordenada por Herodes. En el mundo hispano, sin embargo, no se recuerda la masacre ni se busca despertar la misericordia para con los débiles atropellados, sino todo lo contrario: festejar al tramposo. Fue una mala coincidencia.

Destacaré en un listado breve a algunos inocentes del 2019 y a sus respectivos timadores.

Un presidente de la república y un gobernador se dieron cita —con rueda de prensa y todo— para “inaugurar” la reapertura (parcial) de la vía Amagá-Bolombolo el pasado 20 de diciembre. Comprendo que Luis Pérez fuera, dado lo poco que hizo, pero que llegara Duque con dos años y medio por delante me sorprendió. En Colombia se inauguraban obras a medias, pero celebrar una no-obra, la mitigación de un desastre, no lo recuerdo. Antioqueños y chocoanos inocentes.

Diciembre fue el agosto de las fugas de los jefes de bandas y otros bandidos menores en los sitios de reclusión temporal de Medellín. No vi ninguna explicación de la policía metropolitana ni de la alcaldía. Se aprovecharon de las fiestas para que no hubiera escándalo. Ineficiencia o complicidad en medio de tanto autobombo administrativo y como remate del cuento de que el aumento en el homicidio era el precio a pagar por la captura de los delincuentes. Inocentes los medellinenses; quizás, también el alcalde.

El segundo semestre sorprendió a los cafeteros del Citará (que incluye al Carmen de Atrato) con la noticia de la intervención de la Cooperativa de Cafeteros de Andes. Parece ser el resultado de la injerencia de la politiquería clientelista en la gestión empresarial. En la región se habla mucho de un gran cafetero y su sobrino senador de la república. Una cooperativa boyante, con señales de innovación, hundida en un santiamén. Inocentes los cafeteros medianos y pequeños, y la sociedad del suroeste antioqueño.

El columnista Hernán González promovió en este diario una idea luminosa: “El contrato de trabajo sin sindicalizaciones”, es decir, regreso al siglo XIX. El señor González debería saber que, en la práctica, tal cosa ya existe bajo la cobertura de la contratación temporal y por prestación de servicios. Por eso en Colombia la sindicalización apenas roza el 5% y la huelga desapareció. Sabemos, además, que el desorden y la violencia de las protestas globales se debe a la debilidad de las asociaciones civiles, los sindicatos entre ellas. Inocente el señor González.

Cada logro menor es aprovechado por Raúl Giraldo, el dueño del Medellín, para hacer caja desmantelando el equipo. Un equipo que, por ingresos, está entre los primeros y en lo deportivo en el montón. Inocentes los hinchas y más inocentes los abonados.

El Colombiano, 5 de enero

domingo, 12 de enero de 2020

Novena: la paz vendrá

La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros
La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros
La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros
La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros
La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros
La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros
La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros
La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros
La paz vendrá, y la paz vendrá, y la paz llegará a tiempo
Llegará el tiempo, y llegará el momento, llegará un momento para nosotros

Nick Cave

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Ghosteen

Nick Cave

sábado, 11 de enero de 2020

Octava: eternidad

Lo sabes todo, busco en vano
Qué tierras cultivar o sembrar con semillas
La tierra es breve y mala hierba
Tampoco le importan las lágrimas o la lluvia.
Lo sabes todo, me siento y espero
Con brazos entrelazados y manos que fallan
Hasta el último levantamiento del velo
Y la primera apertura de la puerta
Lo sabes todo, no puedo ver
Confío en que no viviré en vano
Sé que nos veremos de nuevo
En alguna eternidad divina

Benjamin Clementine

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Eternity

Benjamin Clementine

viernes, 10 de enero de 2020

Séptima: padre y madre

Y si hay algo quebrado en esta tarde,
Y que baja y que cruje,
Son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.

César Vallejo

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Lovetune for Vacuum

Soap&Skin

jueves, 9 de enero de 2020

Sexta: amor supremo

Cayendo en cuenta el alma de lo que está obligada a hacer; viendo que la vida es breve, la senda de la vida eterna estrecha, que el justo apenas se salva, que las cosas del mundo son vanas y engañosas, que todo se acaba… comienza a invocar a su Amado y dice…

San Juan de la Cruz

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A Love Supreme

John Coltrane

miércoles, 8 de enero de 2020

Quinta: agonía

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
Y era una larga despedida,
Un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
Al hilo de un suspiro suspendida,
Ojos que no se cierran y hacen señas
Y vagan de la lámpara a mis ojos,
Fija mirada que se abraza a otra,
Ajena, que se asfixia en el abrazo
Y al fin se escapa y ve desde la orilla
Cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
Y no encuentra unos ojos a que asirse…

Octavio Paz

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Réquiem

Guiseppe Verdi

martes, 7 de enero de 2020

Cuarta de nueve: vida

El hombre libre no piensa en nada menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación no sobre la muerte sino sobre la vida.

Baruch Spinoza

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Liebestraum

Franz Liszt

lunes, 6 de enero de 2020

Tercera: hasta el fin

Ya tu luz otra región alumbra
Mas tu presencia seguirá impecable
Hasta que nos alcance la penumbra.

Jesús Gaviria

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In this House, on this Morning

Wynton Marsalis

domingo, 5 de enero de 2020

Segunda: ella y yo

Hay flores intensas de color
Olas queman las rocas con su sal
Vibraciones del sol en el polvo del camino
Muchas cosas, casi nada…
Hay muchos planetas habitados
Y el vacío de la inmensidad del cielo.
Bien y mal, y boca y miel
Y esta voz que Dios me dio
Pero ya nada es igual para ella y para mí.
Las lágrimas empapan mi cara
Vivo la fuerza rara de este dolor
Claro como el sol que anima todo
Como la perfección de la rima por amor…
Desde el momento en que nací
Mucho tiempo pasó
Pero nada es igual para ella y para mí.

Caetano Veloso

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Ofertório

Caetano Veloso

sábado, 4 de enero de 2020

Primera de nueve: horizonte

Los pájaros no tienen manos,
Pero en el cuarto de costura se sentaban, muy señorones,
Entre nosotros, y comenzaban a quererla.
El hilo blanco, las manos y los pájaros.
La pasamanería.
En cierto modo yo era un extraño en aquel cuarto
—el hijo pródigo que regresa quemado—
Y me sentaba allí con las patitas juntas como los pájaros…
No podía salir de ella…
Porque una madre es como un horizonte
Y por mucho que se derramen nuestros pasos,
Andamos siempre dentro de ella.

Luis Rosales

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Elegy

Jethro Tull

lunes, 30 de diciembre de 2019

Para Reyes

No fueron los autores en los que más me detuve este año, ni las obras que más frecuenté. Por distintas razones. En este momento, las recomendaciones tienen que ver con circunstancias particulares; dando por descontada la calidad que aprecio en estos trabajos. Dos álbumes y tres textos, de más de 140 caracteres, libros para ser preciso.

Ghosteen es la obra más reciente del músico y escritor australiano Nick Cave. Una obra conmovedora, incluso para quienes desconocen los hechos recientes en la vida del artista. Cave está a medio camino entre los autores clandestinos del rock y las superestrellas pop, pero nadie niega que es uno de los mayores talentos de la música popular de las últimas cuatro décadas. “Todos están perdiendo a alguien / Es un largo camino para encontrar paz mental, paz mental / Y ya solo espero la paz que vendrá”.

By the way, I forgive you es el álbum más reciente de Brandi Carlile como solista. Ella es una de las cantautoras más talentosas de los Estados Unidos en el siglo que corre, hasta el punto de que ha logrado colarse en unos Grammy dominados por el pop y los artistas negros. El álbum es una oda a la familia contemporánea homosexual; ella, por su parte, es una de las líderes de buena parte de las causas progresistas en su país. Mis lectores saben que no le hago concesiones a la corrección política; ella es una gran artista.

No había leído a Arturo Pérez Reverte. No tengo problemas con los autores vendedores, ni con los libros ídem; sí con los escritores nuevos: en una vida tan corta nos quitan mucho tiempo para los clásicos de toda época y lugar. Pero Sidi, su más reciente novela me fascinó: una novela de acción, que no se deja cerrar, con una urdimbre política que le habla a los tiempos de hoy. Quizás sea una desgracia afirmar que el drama de ciertos parajes ibéricos del siglo XI se parece al de algunas regiones colombianas del siglo XXI.

Mi colega Jorge Iván Bonilla publicó La barbarie que no vimos (Editorial Eafit), resultado de su tesis doctoral. ¿Por qué no vimos o supimos ver la barbarie en la que estábamos inmersos? ¿Por qué no comprendimos o no quisimos comprender qué estaba pasando a nuestro alrededor? El trabajo de Bonilla se preocupa por la memoria a partir de la fotografía. Una ayuda más para que no nos vuela a pasar.

Alasdair MacIntyre es uno de los mayores pensadores ocupados de la ética desde la segunda posguerra. En su 90° cumpleaños llegó a mis manos su obra más reciente, Ética en los conflictos de la modernidad. Si cualquier decisión política, corporativa o social empezara por “comprender las creencias… y capacidades relevantes de aquellos a quienes nos dirigimos”, las cosas podrían ir mejor.

El Colombiano, 29 de diciembre.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Gustos privados con plata pública

Armando Estrada Villa cuestionó hace poco la construcción del autódromo que llevaría el engañoso y arribista nombre de Central Park (El Colombiano, “El autódromo de Bello y el medio ambiente”, 19.12.19). Estrada Villa fue uno de los últimos políticos republicanos de Antioquia, con una larga trayectoria en cuerpos colegiados y rama ejecutiva, y ahora es un distinguido profesor e intelectual; bellanita, a propósito del tema.

Sus argumentos contra la construcción de la pista son contundentes. Giran alrededor de la emergencia global por el cambio climático, pero también por condiciones regionales como el lastre que supone este rubro para la competitividad departamental y las malas condiciones de aire y ruido en el valle de Aburrá. Por si fuera poco, señala la destrucción del humedal del Tulio Ospina —algo que nuestros ambientalistas no han hecho notar. Y, también, el despropósito de invertir recursos públicos en una obra de este tipo, en un departamento con las carencias sociales que tiene Antioquia. En este último punto me detendré.

Antioquia, como departamento, tiene unas condiciones de pobreza, exclusión y desigualdad iguales o peores que las del país. Vivir a orillas del Aburrá engaña. Esta administración departamental se ha desentendido de sus obligaciones mínimas en materia, por ejemplo, de vías secundarias o nutrición infantil (después de lograr cero muertes por desnutrición, volvimos a tener varios casos por año en este cuatrienio); y ha puesto todo su empeño en darle a los que más tienen —el oriente cercano— e ignorar a los más necesitados. La gobernación le ha endosado responsabilidades al estado central, cuando podía haber contribuido a atender casos críticos. Esta falta de cooperación no contribuye al bien común y agrava el desprestigio de los políticos y del gobierno.

Veamos el caso elemental de la seguridad. Hace tres meses este diario denunció que la gobernación quería aplicar recursos Fondo de Seguridad Territorial al autódromo (El Colombiano, “¿Plata de la seguridad iría para el Central Park?”, 23.09.19). Y esto, en momentos en los cuales regiones como el Nordeste, el Norte y, sobre todo, el Bajo Cauca viven situaciones calamitosas en materia de orden público.

Vergonzoso resulta que, ante la necesidad de iniciar los planes de desarrollo territorial en las zonas más afectadas por el conflicto, hayan tenido que ser empresarios y fundaciones los que realizaran las primeras inversiones. En Santa Lucía (Ituango), la fundación alemana Hoffnungs Träger y Coop-Emprender compraron tierra para impulsar proyectos productivos (El Tiempo, “Exguerrilleros en Ituango tienen nuevo predio para producción agrícola”, 14.12.19). En Llanogrande (Dabeiba), fueron las fundaciones Proantioquia y Fraternidad Medellín, con fondos de empresas antioqueñas, quienes emprendieron la iniciativa (El Espectador, “La tierra que empresarios antioqueños entregarán a excombatientes de Farc”, 17.12.19).

La sociedad haciendo lo que corresponde al estado, mientras el gobernador quiere satisfacer un gusto privado a costa del erario. Atento gobernador entrante.

El Colombiano, 22 de diciembre

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Pensar para hablar

Hay conversaciones sintomáticas. En Medellín, a lo largo de los años noventa hubo decenas de foros sobre ética, relativamente diversos por la convocatoria, los participantes y los enfoques. La crisis moral de Medellín era evidente y esa conversación ayudó a tonificar un poco nuestro cuerpo social. Parcialmente. Después llegó la parapolítica y continuó con peso grande la cultura mafiosa, muy fuerte entre constructores y jóvenes intrépidos de los sectores privado y público. Ya tendremos que volver a hablar de ética.

En el cambio de siglo empezaron conversaciones nacionales sobre el tipo de país que queríamos. Significaba eso, ni más ni menos, que el acto constituyente no bastaba: había que afinar políticas, ampliar acuerdos y trasladar la nueva carta a la cultura política. Es que uno no puede agitar un texto constitucional o sacarle en cara a los inconformes diez millones de votos creyéndose que con eso basta. Ahora recuerdo dos ejercicios. Destino Colombia (1997), que tuvo por escenario a Antioquia y por mentores a importantes franjas del empresariado y la intelectualidad pública, fue uno. El otro, Repensar a Colombia (2002), promovido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Mírense las fechas: el primero, en plena crisis del proceso samperista; el segundo; en la noche de los últimos días de El Caguán y el pináculo militar de las Farc.

Silenciosamente, en el último año, han ocurrido ejercicios similares. ¿Cómo mejorar a Colombia? (2018), fue una contribución de 25 intelectuales colombianos organizada por Mauricio García Villegas. Reimaginando a Colombia (2019), es un aporte de 47 prácticos de distintos campos promovida por la consultora McKinsey. Era evidente que el acuerdo con las Farc, importante como fue, era insuficiente para la reconstrucción nacional. Ambas reflexiones coincidieron con el inicio de la implementación práctica de los acuerdos y el bicentenario de Boyacá, tristemente desperdiciado por el Estado y las élites políticas y económicas. Síntomas ellas de que nos falta diálogo, estudio, proyección colectiva. Hay mucho trabajo sectorial, como el bienvenido en el sector educativo o el que hicieron las fuerzas militares hace tres años (Damasco), pero una nación es más que la suma de sus partes y una estrategia es más que el pegote de metas específicas. Estos dos ejercicios muestran una fisura preocupante; nosotros —la élite intelectual— por un lado; y la élite práctica —empresarios, periodistas, artistas— por el otro. (La farándula de los conferencistas internacionales no nos une.) Y, además, una falta de socialización y conexión con los políticos y los medios de comunicación que le quita cualquier influencia al esfuerzo.

Ahora que el presidente Duque promueve la “conversación nacional” sería bueno retomar esas y otras reflexiones. Pensar en caliente en medio de cacerolazos y bolillazos es difícil; pensar bien es casi imposible. Ignorar los aportes del pensamiento colombiano —incluso, los de hace dos décadas— sería un desperdicio.

El Colombiano, 15 de noviembre

lunes, 9 de diciembre de 2019

Aplauso

Infortunadamente carecemos de evaluaciones serias de los administradores públicos. Parte del problema radica en las propias instituciones que han cultivado los indicadores de gestión, que terminan siendo sesgados, que no miden la eficacia, y que carecen de indicadores de impacto. Las encuestadoras viven de las encuestas de favorabilidad y la prensa vive de las encuestas. Cuando manda el “me gusta” dejamos de tener ciudadanía y pasamos a tener admiradores, como dijo hace poco el politólogo búlgaro Ivan Krastev. Como si fuera poco, nos acostumbramos a aplaudir la mediocridad y el mero cumplimiento de las obligaciones. Yo quiero señalar tres funcionarios públicos sobresalientes en el último cuatrienio, que hicieron una labor destacable.

Empiezo por Eugenio Prieto, director del Área Metropolitana. Prieto efectuó dos iniciativas estratégicas que marcarán el rumbo de la ciudad región en los lustros venideros: el ingreso de Envigado y la medición y control de la calidad del aire. El Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá – SIATA fue creado durante la dirección de Mauricio Faciolince y la alcaldía de Alonso Salazar, pero fue esta administración la que convirtió los indicadores de polución en factor de información pública, movilización ciudadana y detonante de política pública. En este rubro, Prieto también le deja al Valle de Aburrá el Plan de movilidad empresarial sostenible (que vincula ya más de 200 empresas) y un Plan Integral de Gestión de la Calidad del Aire del Valle de Aburrá que debe ir hasta el 2030. Terminando su periodo deja un acuerdo relativo a la contaminación por ruido en los municipios del Área, tema crucial en el futuro cercano.

Sigo con la secretaria de salud de Medellín Claudia Helena Arenas, funcionaria discreta y, si tenemos en cuenta los datos de Medellín cómo Vamos, la mejor secretaria de la administración que termina. En efecto, los resultados de 2019 muestran que bajó la morbilidad y mejoró significativamente la satisfacción con el servicio de salud en el municipio. En este cuatrienio, la mejor obra social fue impedir la liquidación de Savia Salud. El mérito político es del alcalde Federico Gutiérrez y el administrativo de la Secretaría, el gerente de la entidad, Juan David Arteaga y, quizá (sin determinar el grado), Comfama.

Cierro con Pilar Velilla, Gerente del Centro, un oasis de experiencia y conocimiento en medio de una administración inmadura. Las intervenciones municipales en el centro de Medellín han sido recurrentes en todas las alcaldías populares, pero no sistemáticas; eso explica que después de la Beirut que éramos en los años ochenta, ahora apenas seamos una Calcuta. Pero, la señora Velilla les introdujo cultura ciudadana, participación y confianza a los andenes, los separadores y las materas. Es un cambio fundamental que deberá continuar el tan ansiado alcalde del centro, que aún no llega.

Seguro, hay gestiones plausibles en otros niveles y localidades.

El Colombiano, 8 de diciembre

lunes, 2 de diciembre de 2019

Seis propuestas para destrabarnos

Recursos escasos, descoordinación institucional, desfase entre protestas y necesidades, afán social y morosidad estatal, discurso gubernamental anacrónico y consignas callejeras maximalistas. Seis propuestas viables para que en el corto plazo, digamos seis meses, la sociedad vea resultados, recupere algo de esperanza y nos demos un respiro para tomar medidas mayores posteriormente.

Diálogo con metas precisas. Una fase inmediata con temas acotados (aunque algunos sigan inconformes y haya presión); con participantes reducidos y respetados (no hay representación posible hoy); con medidas concretas en poco tiempo (así no sean el resultado de acuerdos). El gobierno debe poner entre paréntesis su agenda, su camiseta partidista y actuar como si fuera el representante de toda la nación. La sociedad debe poner en cuarentena a los violentos y los incendiarios del twitter.

Concentrarse en la desigualdad territorial. Focalización de los recursos en la región Pacífico y las regiones definidas en los PDET, procurando la convergencia de las inversiones nacionales y departamentales. Ojalá, también, del esfuerzo privado y de la cooperación. Infraestructura, institucionalidad, educación y salud básicas, para la población de las regiones más pobres del país.

Concentrarse en los jóvenes vulnerables entre 14 y 24 años. Aquellos que pierden el sentido de la educación en noveno grado, los que —entre el crimen y la universidad— carecen de ofertas de trabajo accesibles distintas a la rappización. La juventud urbana está sometida a la frustración resultante de promesas altisonantes y realidades precarias (expectativa vs. realidad es tema infantil y juvenil abundante en redes sociales).

Concentrarse en los adultos mayores, sin pensión, a cargo de sus familias de clase media vulnerable, o francamente pobres. Quizás, privilegiar una renta monetaria fija para ellos. La sociedad colombiana envejeció rápido, sin política social seria y sin equipamientos urbanos amigables para los viejos. La clase media paga los impuestos y, además, presta la asistencia social que no hace el estado.

Cortar todo nexo entre la clase política y los organismos de control, especialmente la Contraloría General de la República y las contralorías regionales. El robo de los recursos públicos es un crimen enorme, y mayor el daño que hace a la democracia. La Contraloría es a la corrupción, lo que el DAS y otras agencias ya desmanteladas fueron al uso criminal de la fuerza pública. La acción lenta y el castigo leve no satisfacen a la ciudadanía. La gente quiere ver que el crimen ya no paga.

Meterle conocimiento a las soluciones. El país tiene las mejores capacidades de su historia en ciencias sociales. Hay que moderar la disputa política con la intervención de los estudiosos de la sociedad. Es necesario que los abogados y economistas le cedan más turnos y más tiempo a sus pares sociólogos, antropólogos y filósofos prácticos. La moderación en la esfera pública y en el debate político proviene más del conocimiento que de las buenas maneras.

El Colombiano
, 1 de diciembre

sábado, 30 de noviembre de 2019

Guerra civil y decadencia sectorial

Las guerras de religión tuvieron, para la aristocracra que se hundía, la misma función que las guerras civiles respecto de las capas que van arruinándose: les ocultan lo inevitable de su destino.

Norbert Elias, La sociedad cortesana

lunes, 25 de noviembre de 2019

Malentendidos

Todo quien piense con un sentido de comunidad política debe preguntarse, ante situaciones críticas o acontecimientos notables, cómo hacer que ellas redunden en resultados positivos para todos. Las marchas del 4 de febrero de 2008 se convirtieron en un punto de inflexión que marcó la derrota política de las Farc y abrió la posibilidad de la negociación. Las marchas del 21 de noviembre pueden marcar un punto de quiebre, así su único mensaje claro sea de inconformidad.

Para que ese esfuerzo tenga consecuencias positivas para todos hay que tratar de hacerlo legible. Para hacerlo legible, para entenderlo, hay que empezar por determinar sus dimensiones y por clarificar su sentido. A ello no ayudan las tácticas infantiles de minimizar su volumen, como las cifras increíbles de movilizados que dieron Duque y el alcalde de Medellín, o de meter a marchantes tan diversos en el mismo costal. Las marchas fueron más grandes que la izquierda, el petrismo o los sindicatos. El cacerolazo, espontáneo, masivo e inédito, no lo ordenó Maduro.

Para empezar a leer bien, es conveniente despejar algunos malentendidos.

El problema no es Duque, es el régimen. A Duque le ha tocado la coyuntura en que buena parte de los colombianos ya no soportan las promesas incumplidas de lucha contra la corrupción, reforma a la justicia, reforma tributaria equitativa, trabajo decente, equidad territorial, y demás, que se han aplazado desde la primavera constituyente de 1991. A Duque le toca —y esa es su responsabilidad— pero los problemas de hoy son las asignaturas perdidas desde Samper hasta Santos pasando por Uribe.

El problema no es de números. El afán racionalista de los administradores públicos es de una candidez casi estúpida. Los valores que mueven a la mitad de la población colombiana están guiados por valores inmateriales (Inglehart): a quien pide paz no se le convence mostrándole el crecimiento del producto interno, a quien pide equidad racial y sexual no le dicen nada las cifras de desempleo, a quien quiere protección del medio ambiente no le dice nada la estabilidad macroeconómica, a quien pide respeto no le dice nada que el gobierno haya presentado o no una mala propuesta de reforma.

El problema es político, como todos los grandes problemas, pero no fue un asunto electoral, como lo señaló Germán Vargas Lleras en su columna dominical. Es una interpretación que no ayuda a buscar soluciones y que solo pide un plazo de dos años para dirimir el pleito en las urnas.

Del otro lado, hay que saber leer a los sectores de la inercia. A quienes se opusieron a las marchas, a quienes expresaron miedos auténticos, hay que escucharlos y dialogar con ellos, ahora que vuelva la calma. Primero entre razonables y conversadores. Después veremos si es posible hacerlo con los fanáticos. Con los malintencionados no hay nada que hacer.

El Colombiano, 24 de noviembre.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Marcha, ¿adónde?

Tenía mi columna escrita sobre la incongruencia del gobierno nacional y de algunos opinadores a propósito de las justificaciones del bombardeo en el que murió cerca de una decena de menores de edad. Resumo: no se puede, al mismo tiempo, invocar el derecho humanitario y negar el conflicto armado (leer texto completo en: giraldoramirez.blogspot.com). Pero, se viene la marcha del 21 de noviembre, que no parece ser una marcha más.

Primero, haré el papel del humorista uruguayo Hebert Castro: se les dijo, se les advirtió. Hace poco recordaba un análisis nuestro, realizado en 2014, sobre la inminencia de un auge en la movilización social. Muchos estudiosos —entre ellos Daniel Pécaut— advirtieron que uno de los efectos del acuerdo con las Farc sería el destrabe de la expresión de una inconformidad social contenida por la violencia política.

Segundo, haré el papel de la lechera del cuento: lloraré sobre la leche derramada. Durante la campaña electoral del 2018, las élites políticas y económicas tuvieron la oportunidad de auspiciar una salida reformista a la encrucijada que dejaba el acuerdo con las Farc y al bloqueo político esperable después de los resultados del plebiscito del 2016. La mesa estuvo servida para un acuerdo que le permitiera ganar a una opción de centro, pero no cuajó. La dirigencia liberal —encabezada por César Gaviria— la saboteó, al no facilitar un acuerdo entre Fajardo y De la Calle. Cuando Fajardo tenía probabilidades de pasar a la segunda vuelta, las élites económicas y mediáticas se aculillaron, no lo apoyaron y terminaron apoyando a Iván Duque. Una visión conservadora de la política los hizo dar dos pasos atrás en lugar de dar uno adelante.

Entonces ganó Duque. Hasta ahora ha demostrado que es un mandatario del pasado, que ni siquiera cuenta con el respaldo mayoritario de la población ni del congreso. Nunca tuvo luna de miel, no tiene ninguna posibilidad se sacar una sola de las reformas que necesita el país, ignoró la consulta anticorrupción y su impericia está haciendo que los problemas se aglutinen.

Tercero, no haré el papel de Casandra: no sé qué va a pasar. Como las élites políticas y económicas no fueron capaces de dar el cambio tranquilo, intentando congelar un estado social y económico mediocre, la inconformidad se acumula. Es una ley social: el inmovilismo desata rebeliones. Ahí entra la marcha de esta semana: una sumativa de agravios y de sectores sociales, a la sombra de crisis callejeras como las de Ecuador, Bolivia y Chile. Puede que no pase nada, puede que pase mucho. Lo cierto es que es difícil que el país aguante dos años más de marasmo institucional e inestabilidad. La dirigencia actual —no solo el gobierno— está llegando a su máximo nivel de incompetencia. Se necesita un relevo, de mecanismos y políticas, que marque un rumbo.

El Colombiano, 17 de noviembre

viernes, 15 de noviembre de 2019

Semana Internacional de Western University

Imagen de la conferencia: "Colombia: An Unstable Peace". London, Ontario, 13 de noviembre.

(Fotografía: Tata Méndez)

jueves, 14 de noviembre de 2019

Bombardear sin guerra

A raíz de los eventos que condujeron a la renuncia del ministro de Defensa aparecieron reacciones de periodistas, expertos y autoridades que son intrínsecamente coherentes, literariamente técnicas y políticamente contradictorias.

La periodista María Isabel Rueda escribió una sesuda columna (“Cuando se disipa el humo”, El Tiempo, 09.11.19) explicando por qué el Derecho Internacional Humanitario (DIH) no solo no rechaza sino que permite dar de baja a menores de edad. Cita, de manera acuciosa, una guía del Comité Internacional de la Cruz Roja que admite que “existe la posibilidad de que… los niños que no tienen edad legal para ser reclutados, pierdan la protección contra los ataques directos”. Es decir, que puedan ser matados.

Rafael Nieto Loaiza, experto en el tema y precandidato presidencial, también explicó las razones que permiten sostener que no solo el bombardeo sino la muerte de menores sea admitida por el derecho de guerra. Advierte Nieto que la precaución con los bombardeos y los menores puede tener dos efectos perversos: “incrementará el reclutamiento de menores y afectará la seguridad de todos los colombianos” (“Ataque al campamento de las Farc y el DIH”, El Colombiano, 10.11.19).

En entrevista con El Tiempo, el general Luis Fernando Navarro, ministro encargado, dijo que “a la luz de los protocolos del Derecho Internacional Humanitario (DIH) que ejecutamos para planear esta operación no hubo error” (“El objetivo no eran los menores, era 'Gildardo Cucho': Mindefensa (e)”, El Tiempo, 09.11.19).

Casi perfecto. El problema es que la aplicación del DIH tiene como premisa la aceptación de que el país se encuentra en una situación de conflicto armado interno. Además, el DIH no es discrecional. No se puede aplicarlo para unas cosas y para otras no. Y el DIH no solo permite matar a cierto tipo de personas; también obliga a proteger a muchas más (como los líderes sociales y los reincorporados, por ejemplo). Así que en los tres casos nos encontramos con un argumento falaz, porque ni Rueda ni Nieto ni el gobierno admiten que en Colombia exista un conflicto armado. De hecho, el 30 de octubre el gobierno renovó el mandato de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y excluyó la caracterización de la situación colombiana como conflicto armado.

En Colombia nunca hubo mucha coherencia en el uso del DIH. Empezando porque se volvió un tabú admitir que había conflicto armado, y de guerra ni se podía hablar. Pero casi todos los gobiernos hicieron un uso pragmático de ese instrumento. Siguiendo una senda ideologizada, el presidente Duque se enreda la vida porque se obliga a asumir un parámetro más alto (como los derechos humanos) que no será capaz de cumplir. Y vuelve a meter a los militares en el lío de hacer la guerra como si no hubiera guerra.

martes, 12 de noviembre de 2019

Deas: problemazo

La tendencia colombiana, en mi experiencia, es aglomerar problemas hasta que todo es un problemazo y entonces uno dice no hay nada que hacer. Hay tanto problema sobre la mesa que mejor vamos a otra parte y almorzamos.
Malcolm Deas, entrevistado por Juanita León.
La Silla Vacía, 11.11.19

lunes, 11 de noviembre de 2019

Dos en una

Que ellos crezcan:
Todos los cristianos deben haber escuchado alguna vez el versículo 3:30 del evangelio de san Juan que dice: “Que él crezca y yo disminuya”. Ese enunciado de carácter sapiencial está emparentado con distintas tradiciones, la más notable de las cuales quizás sea el I Ching. Se corresponde con una concepción parabólica de la vida que contempla etapas de crecimiento, apogeo y declive, tan lejana de la idea que se instaló en el siglo de las luces de que el tiempo es lineal, ascendente, progresivo.

Sin embargo, el significado más directo tiene que ver con la relación entre dos generaciones que se mueven en el mismo plano vocacional. Juan El Bautista la pronunció para cederle el paso a Jesús. He creído que tiene aplicación más allá de esa especialización de los profetas. Tiene que ver con los dirigentes, los maestros, los padres.

En el ámbito educativo se ha extendido la idea de que la excelencia se prueba superando al maestro. Hay referencias clásicas en el taoísmo, Platón y Marcial. Se trata también de mostrar que el buen maestro logra que sus discípulos le aventajen, en un aspecto u otro. Que esa sea la consecuencia de un buen trabajo, depende de más factores que las solas virtudes del educador. El buen maestro organiza una disposición, pero los resultados suelen ser aleatorios. Por ello es tan desalentadora y censurable la conducta del maestro que recela de sus alumnos y se dedica a entorpecer su trabajo, su carrera, y a empañar sus logros.

Del mismo esperamos que los buenos dirigentes contribuyan a la formación de buenos sucesores. Cabe decir lo mismo de los padres. Es una propiedad de las sociedades jerárquicas que el caudillismo (social), el mandarinato (académico) y el paternalismo (familiar) obstaculicen la movilidad y la equidad.

Inseguridad:
El caudillismo de Álvaro Uribe impidió que el Centro Democrático se dotara de un equipo de expertos en seguridad. El presidente Iván Duque no lo es y ni siquiera tuvo buen ojo para elegir a su ministro de Defensa. El buen dirigente tiene que saber quién sabe y si nombra por amiguismo más que por mérito, pues que se atenga a las consecuencias. El problema es que el que sufre es el país. Hoy, en materia de seguridad, muchas ciudades y regiones del país están peor que hace dos años —y ahí entran Antioquia y Medellín. El Centro Democrático le ha fallado al país, precisamente, en el campo que convirtió en bandera.

Parte del problema es que el país no cuenta con una caracterización de cuáles son los riesgos que afronta. Temas como las regiones fronterizas, la migración ilegal, la amenaza cibernética, los carteles internacionales, el contrabando de oro, las redes internacionales de prostitución, las pandillas urbanas, la industria de los juegos de azar, requieren examen y actualización.

El Colombiano, 10 de noviembre

lunes, 4 de noviembre de 2019

Mi carretera

Para las gentes sin arraigo hay muchas carreteras en la vida. Como las que fotografió el recién desaparecido Robert Frank (1924-2019) en Nuevo México. Los telúricos tenemos pocas; yo una: la llamada Troncal del Café que transito constantemente, hace 55 años, entre Envigado y Jardín. Hasta comienzos de los ochenta fue una trocha serpentina que se tragaba cinco horas y más de nuestras vidas en cada trayecto. Poco menos que eso ha vuelto a ser ahora, atisbando la tercera década del siglo XXI.

En algunas cosas es peor. Se paga peaje en Amagá por una vía que no existe. El Ministerio de Transporte tuvo la amabilidad de triplicar el peaje con dos casetas temporales, creadas para un pago preferencial, en las cuales los buses de servicio público deben demostrar que son tales para que les descuenten la mitad de la tarifa. El gobierno tomó esta medida para aliviar a los habitantes del Suroeste, pero el descuento no aplica para vehículos particulares como si ellos sí tuvieran carretera y no sufrieran perjuicio. Poco después de la aplicación de las medidas de mitigación, las empresas transportadoras subieron los pasajes y, en los pueblos, los precios de las mercancías siguieron iguales. El resultado neto fue que los únicos beneficiados por el gobierno fueron los trasportadores y comerciantes pues la gente llana siguió pagando los sobrecostos de la emergencia.

Recuperamos algunas cosas viejas, como la vista imponente del bello Cerro Bravo y la reducción de la estrella de moda, el Cerro Tusa, a una cresta hundida y trajinada detrás de las torres de la iglesia de Venecia. Vemos cosas nuevas, como los pequeños grupos de muchachos venezolanos que deambulan malviviendo de la cosecha cafetera. Me contaron que en Casanare les pagan menos de 200 mil pesos mensuales y aquí, juzgando, por sus vituallas y ropas, por su imposibilidad de subirse a un bus, no debe ser mucho más.

Los políticos —que no han aparecido para ayudarle a la gente— llenaron la carretera de afiches pidiendo el voto. Los diputados de la Asamblea, al fin, quince días antes de elecciones, hicieron una tímida crítica al gobernador. “La declaratoria de la calamidad pública no ha sido abordada por la Gobernación de Antioquia con el debido rigor”, declararon (“Critican baja gestión en vía al Suroeste”, El Colombiano, 12.10.19.). Desidia e ineficacia de Luis Pérez.

Con calma y de buenas maneras se han hecho dos plantones pidiendo soluciones. Nadie responde. Nadie explica nada ni da noticias. Todo indica que la concesión se tomará el año que anunció, y que están felices sin tráfico. El gobierno nacional prometió 11 mil millones para arreglar la vía alterna que ahora transitamos. Si cumple y empieza trabajos que debieron hacerse hace dos años, los tiempos de viaje serán más largos que en la época de Guillermo León Valencia.

El Colombiano, 3 de noviembre

lunes, 28 de octubre de 2019

Octubre ardiente

Hong Kong, Barcelona, Beirut, Quito, Culiacán, Santiago; otras plazas de menor envergadura. Colombia, con baja intensidad, aunque a fines de septiembre los daños en la sede del Icetex en Bogotá fueron grandes y el riesgo personal de sus empleados alto. Movilizaciones masivas, violentas, ubicuas. Por separado pueden ser vistas como casos particulares, pero ocurren al mismo tiempo en un ambiente global de ira y desconfianza. En su mayoría son manifestaciones inorgánicas, es decir, no responden a una organización vertebrada, no hay posibilidad de interlocución pública, no se resuelven satisfaciendo demandas expresas. En Chile suspendieron el aumento en la tarifa del metro y en Hong Kong retiraron la ley de extradición; nada de esto aplacó los ánimos. Los analistas e intelectuales andamos preocupados, pero los políticos no se dan por enterados; parece que necesitan que el sillón se les incendie.

Hay respuestas reflejas. Los gobiernos acuden a la fuerza pública y a la ley marcial; respuesta tradicional que no resuelve nada y casi siempre empeora las cosas. Las voces democráticas condenan la violencia, las voces reaccionarias condenan la protesta; declaraciones inocuas que solo hacen quedar bien a quien las pronuncia pero que carecen de destinatario atento y de cualquier probabilidad de eficacia. La oleada democrática y la globalización económica destruyeron —muchas veces sin proponérselo y otras adrede— los organismos mediadores con la población: sindicatos, asociaciones campesinas y comunales, partidos políticos. La sociedad pluralista se debilitó; al frente solo quedó la masa amorfa, inestable, sorda y muda, impredecible.

El problema básico —como siempre— es de comprensión. No entendemos nada. Más grave aún: creemos que sabemos. Pero no. Las movilizaciones actuales no tienen nada que ver con las tecnologías de masas que crearon el anarquismo, el populismo y el comunismo. Pueden tener parecidos gramaticales, pero difieren completamente en su lógica. Se acercan más a la violencia expresiva que a la violencia instrumental. No responden al encuadramiento tradicional de la protesta social y se acercan a fenómenos violentos como la intifada palestina o la kale borroka vasca.

En procura de entender, deberíamos revisitar las especulaciones de Hans Magnus Enzensberger sobre los perdedores radicales y la guerra civil molecular; en discutir los ensayos de Peter Sloterdijk sobre la economía de la ira y la gestión de la venganza; estudiar los últimos libros de Francis Fukuyama sobre el orden político y la lucha por el reconocimiento.

En la búsqueda de marcos normativos para atender este tipo de fenómenos debemos superar los enfoques tradicionales que nos ponen en la disyuntiva de la guerra o el crimen. Ni el derecho de guerra ni el derecho penal ayudan en estos casos, como lo señaló el constitucionalista estadounidense Bruce Ackerman (Antes de que nos ataquen de nuevo, 2007). Hay que buscar nuevas fórmulas que protejan las libertades, eviten el perjuicio a los ciudadanos y garanticen el orden.

El Colombiano, 27 de octubre

lunes, 21 de octubre de 2019

Medellín conforme

Las alertas sobre el estancamiento en el rendimiento de las políticas públicas aplicadas en Medellín no son nuevas. Las señales amarillas han sido recurrentes desde hace un par de años la ausencia de una oposición política seria impidió que estas señales permearan significativamente la dirección de la ciudad. Los indicadores y estudios recientes sobre la ciudad y la región las confirman, entre ellas la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín 2019, efectuada por el proyecto Medellín cómo Vamos.

Mi comentario demanda cuatro premisas: las calificaciones de Medellín son, en su mayoría, muy buenas y suelen ser las mejores del país; la calidad de vida es el resultado de muchas variables sociales e intervenciones técnicas y políticas; la ciudad sigue siendo vulnerable al entorno crítico de algunas zonas de Antioquia, Chocó y Córdoba; el analista no es un animador psicosocial.

Los habitantes de Medellín mostraron en 2019 los niveles más bajos de optimismo, y es la primera vez en 14 años que hay tres mediciones consecutivas inferiores al 70%. Durante este cuatrienio el optimismo cayó 5 puntos por debajo del periodo 2008-2015. Los medellinenses son orgullosos, pero por primera vez el indicador baja de 80% y durante tres años continuos.

¿Cuáles son los factores que parecen haber afectado el optimismo y el orgullo de los habitantes de la ciudad? Pues los sospechosos de siempre. Para un 60% de la población, la economía doméstica está 60% igual o peor que antes. No es raro, entonces, que haya aumentado la percepción de desigualdad en los aspectos más relevantes para la calidad de vida: el empleo, la seguridad, la vivienda, la salud y la educación (5% o más). No es fácil encontrar empleo y el emprendimiento no tiene suficientes incentivos.

La percepción de seguridad en la ciudad no mejora respecto a la década pasada y oscila en guarismos inferiores al 51%. La seguridad en el barrio se mantuvo por debajo de los promedios históricos, aunque repuntó en el 2019. La victimización entre 2015 y 2019 fue la más alta de los últimos 12 años. La favorabilidad de la Policía Nacional sigue cayendo.

La ciudadanía muestra la menor satisfacción con el estado de las vías de la década. Aumentó la insatisfacción con la calidad del aire y con el ruido. Descendió la satisfacción con la atención a primera infancia (4%), aunque es alta. Se consolidó la tendencia a la baja de la satisfacción con la oferta cultural, recreativa y deportiva de la ciudad. La satisfacción con la educación está en los niveles del 2008. Los mejores resultados en percepción y autorreporte están en salud: mejoró la satisfacción con el servicio y bajó la necesidad de atención.

Recapitulo. Los indicadores subjetivos de calidad de vida de Medellín son muy buenos, pero la tendencia a lo largo de diez y más años es decreciente.

El Colombiano, 20 de octubre.

jueves, 17 de octubre de 2019

Así es la vida (That's life)

Por Dean Kay y Kelly Gordon (1932-1981)

(versión libre)

Así es la vida (así es la vida)
Eso es lo que dice la gente
Te va bien en abril
Te va mal en mayo
Pero voy a cambiar ese ritmo
Cuando me vuelva a ir bien en junio

Dije así es la vida (así es la vida)
Y por muy curioso que parezca
Algunas personas disfrutan
Pisoteando un sueño
Pero no dejaré que eso me desanime
Porque este gran viejo mundo
Sigue dando vueltas

He sido marioneta, pobre, pirata,
Poeta, peón y rey
He estado arriba y abajo
Adentro y afuera
Y una cosa sé
Que cada vez que caigo de bruces
Me levanto y vuelvo a la competencia

Así es la vida (así es la vida), ya lo dije,
No puedo negarlo
Pensé en rendirme
Pero mi corazón no lo aceptaría
Y si no creyera que vale la pena un solo intento
Me dejaría de tonterías y volaría

Así es la vida (así es la vida)
Así es la vida y no puedo negarlo.
Muchas veces pensé en terminar
Pero mi corazón no lo acepta
Aunque si nada vibrante me trae julio
Voy a enrollarme
Hasta formar una gran bola...
Y morir

lunes, 14 de octubre de 2019

Tres aniversarios intelectuales

El 19 primero y el 9 luego dieron ocasión para discretas conmemoraciones de tres textos académicos fundamentales, surgidos de la voz y la pluma de pensadores de alto vuelo que tienen en común la condición de pensar dentro del mundo, no desde alguna torre de marfil. Benjamin Constant (1767-1830), Max Weber (1964-1920) y Francis Fukuyama (1952) son sus autores, escribieron en las lenguas que han marcado cada época del pensamiento occidental: francés, alemán, inglés.

“La libertad de los antiguos comparada con los modernos” es una conferencia pronunciada en 1819 dirigida a mostrar la diferencia entre la libertad de ejercer colectiva y directamente la soberanía y la libertad individual y civil de no ser oprimido y dedicarse a ejercer todo tipo de actividad sin ninguna restricción distinta a la ley. Ambas libertades son necesarias y ambas encierran sus peligros. La libertad antigua deriva fácilmente en el despotismo; la moderna puede conducir a que personas absortas en su vida privada renuncien con “facilidad al derecho de tomar parte en el gobierno político”. La manera en que la sociedad contemporánea ha politizado los asuntos privados y ha privatizado la función pública demanda una nueva reflexión sobre las fronteras de la intimidad, la libertad personal, el poder corporativo y el poder estatal.

“¿El fin de la historia?” es un artículo publicado en 1989, que se adelantó en meses a la caída del Muro de Berlín y en años a la disolución de la Unión Soviética y al triunfo global de la democracia liberal. Además, ha sido el diagnóstico más preciso del curso del mundo contemporáneo y, de lejos, el texto más polémico y discutido (aunque no leído) de los últimos 30 años. Suscita escándalo por decir con todas las letras lo que toda la filosofía occidental estaba sosteniendo desde la década de 1970; que la discusión sobre los propósitos políticos no superaba los confines de los ensambles posibles entre libertad y democracia. Más profunda y sugestiva para nuestros días es la discusión propuesta sobre el “último hombre” —el satisfecho y conformista— y la forma como la democracia liberal ignora la importancia del reconocimiento. El contraste entre las sociedades históricas y las poshistóricas ofrece, a mi manera de ver, un ángulo novedoso para discutir los problemas colombianos.

“La política como vocación” es una conferencia dictada en 1919, vertida a lenguaje escrito poco después, en vísperas de la muerte del autor, cuyo centenario conmemoraremos el año venidero. Me limito a citar a Weber: “no hay más que dos pecados mortales en el terreno de la política: la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad, que frecuentemente, aunque no siempre, coincide con aquella”.

Un curso, un seminario, un debate público merecían durante este año en Colombia cada uno de estos textos que plantean preguntas acuciantes y temas profundos para nuestra vida social.

El Colombiano, 13 de octubre

lunes, 7 de octubre de 2019

Devaluación electoral

Antes de 1990 los procesos electorales establecían una diferencia sustantiva entre una democracia liberal y cualesquiera otros tipos de régimen político. Después —y con más veras en este siglo— no pasa lo mismo. Regímenes autoritarios a los que nadie, institucional y académicamente, reconoce como democráticos han incorporado diversos tipos de sistemas electorales. Elecciones hay en Irán, Rusia y Venezuela. Fidel Castro se ufanó de que Cuba tenía más eventos electorales y mayor participación que cualquier democracia liberal. Las elecciones han dejado de ser la prueba ácida de la democracia y son, ahora, uno de sus componentes. Es decir, han sufrido una devaluación en la teoría democrática.

Pero también sufren de una devaluación práctica. La filósofa española Amelia Valcárcel advierte que nos estamos acostumbrando a votar con tanta frecuencia que corremos el riesgo de “votar en unas elecciones como en un concurso”. “Convocar [a elecciones] a menudo produce desafección y, si ésta avanza, la cosecha no la recoge la democracia, sino su pariente aciago, el populismo” (El País, “Votar”, 28.09.19). Habla de España que se apresta a sus cuartas elecciones generales en cuatro años sin poder formar gobierno. En Colombia vamos a realizar el decimosegundo torneo electoral en 18 años, a un promedio de una elección cada año y medio. Los dos referendos fueron fracasos, sobre las dos reelecciones hay reservas, la democracia local (cuatro comicios) se está desprestigiando aceleradamente, según Lapop.

“Votar como en un concurso” me parece una frase clave de su reflexión. Votar como en un reality, con un hashtag en una trasmisión deportiva, con un like para cualquier cosa. Votaciones que dan como resultado un parlamento de chimpancés, como en el óleo de Banksy conocido esta semana; o un congreso en el que no todos son como Aída Merlano. Comicios que pierden trascendencia y que van dejando en la mente del ciudadano medio la idea de que da lo mismo quién gane. Elecciones en las que nos movemos a las urnas como reflejo ritual más que como práctica auténtica.

Valcárcel advierte que esta trivialización conduce al populismo. Pero ese camino no siempre es directo y va acompañado por la ausencia de motivos que justifiquen la democracia electoral. En Europa fue la convergencia de socialcristianos y socialdemócratas que anuló las diferencias políticas. En lugares como Colombia, especialmente en el nivel local y regional, el caso es otro: la desaparición de la propuesta política. Las carpas partidistas no marcan distinciones: ¿qué diferencia hay entre la U, Cambio Radical, el Partido Conservador o el Liberal? Más allá del amor u odio hacia la persona de Álvaro Uribe, ¿qué diferencia marca el Centro Democrático? Alianza Verde y los movimientos indígenas han asimilado las prácticas tradicionales sin acentuar sus peculiaridades fundacionales. La oferta disponible es una cara limada con photoshop, con un logo y un número al lado.

El Colombiano, 6 de octubre

viernes, 4 de octubre de 2019

Coloquio Fukuyama


El Coloquio A 30 años de ¿El fin de la historia?, realizado en la Universidad EAFIT el 19 de septiembre, contó con la participación de profesores de ocho universidades colombianas de Medellín, Bogotá, Manizales y Rionegro, y de una universidad chilena. Además, de doctorandos y maestrandos de universidades de Colombia y Argentina.

El profesor Francis Fukuyama se hizo presente a través de una videoconferencia exclusiva para el evento, que celebraba los 30 años de su relevante artículo, discutiéndolo -como debe ser.

A propósito de la obra de Fukuyama, su valor y los prejuicios que la han rodeado, cito a Peter Sloterdijk (Ira y tiempo, 2010, p. 50):
[El fin de la historia y el último hombre representa] Junto a los trabajos tempranos de Boris Groys... el sistema mejor ponderado hasta hoy de declaraciones sobre la situación mundial del poscomunismo... y de la antropología política del presente. En mi opinión, el curso del mundo desde 1990 ha confirmado el ensayo general de Fukuyama.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Golpe maestro

Robaron las antenas
La miel de las colmenas
No nos dejaron ni banderas que agitar

Cambiaron paz por deudas
Ataron nudos, cuerdas
Y la patrulla nos detuvo por mirar

Llevaron los finales
A tierra de neutrales
No nos dejaron líneas ni para empezar

Fue un atraco perfecto
Fue un golpe maestro
Dejarnos sin ganas de vencer
Fue un atraco perfecto
Fue un golpe maestro
Quitarnos la sed

Robaron las linternas
La lumbre en las cavernas
No nos dejaron mapas de la oscuridad
Vendieron humo y calma
Lingotes de hojalata
Palacios de ceniza y cartas sin marcar

Fue un atraco perfecto
Fue un golpe maestro
Dejarnos sin ganas de vencer
Fue un atraco perfecto
Fue un golpe maestro
Quitarnos la sed

Fundieron plomo y cobre
Pusieron sal en sobres
Alerta, hay un testigo
Nos han dejado vivos

Fue un atraco perfecto
Excepto por esto
Nos queda garganta, puño y pies
No fue un golpe maestro
Dejaron un rastro
Ya pueden correr
Ya vuelve la sed

Vetusta Morla