lunes, 28 de octubre de 2019

Octubre ardiente

Hong Kong, Barcelona, Beirut, Quito, Culiacán, Santiago; otras plazas de menor envergadura. Colombia, con baja intensidad, aunque a fines de septiembre los daños en la sede del Icetex en Bogotá fueron grandes y el riesgo personal de sus empleados alto. Movilizaciones masivas, violentas, ubicuas. Por separado pueden ser vistas como casos particulares, pero ocurren al mismo tiempo en un ambiente global de ira y desconfianza. En su mayoría son manifestaciones inorgánicas, es decir, no responden a una organización vertebrada, no hay posibilidad de interlocución pública, no se resuelven satisfaciendo demandas expresas. En Chile suspendieron el aumento en la tarifa del metro y en Hong Kong retiraron la ley de extradición; nada de esto aplacó los ánimos. Los analistas e intelectuales andamos preocupados, pero los políticos no se dan por enterados; parece que necesitan que el sillón se les incendie.

Hay respuestas reflejas. Los gobiernos acuden a la fuerza pública y a la ley marcial; respuesta tradicional que no resuelve nada y casi siempre empeora las cosas. Las voces democráticas condenan la violencia, las voces reaccionarias condenan la protesta; declaraciones inocuas que solo hacen quedar bien a quien las pronuncia pero que carecen de destinatario atento y de cualquier probabilidad de eficacia. La oleada democrática y la globalización económica destruyeron —muchas veces sin proponérselo y otras adrede— los organismos mediadores con la población: sindicatos, asociaciones campesinas y comunales, partidos políticos. La sociedad pluralista se debilitó; al frente solo quedó la masa amorfa, inestable, sorda y muda, impredecible.

El problema básico —como siempre— es de comprensión. No entendemos nada. Más grave aún: creemos que sabemos. Pero no. Las movilizaciones actuales no tienen nada que ver con las tecnologías de masas que crearon el anarquismo, el populismo y el comunismo. Pueden tener parecidos gramaticales, pero difieren completamente en su lógica. Se acercan más a la violencia expresiva que a la violencia instrumental. No responden al encuadramiento tradicional de la protesta social y se acercan a fenómenos violentos como la intifada palestina o la kale borroka vasca.

En procura de entender, deberíamos revisitar las especulaciones de Hans Magnus Enzensberger sobre los perdedores radicales y la guerra civil molecular; en discutir los ensayos de Peter Sloterdijk sobre la economía de la ira y la gestión de la venganza; estudiar los últimos libros de Francis Fukuyama sobre el orden político y la lucha por el reconocimiento.

En la búsqueda de marcos normativos para atender este tipo de fenómenos debemos superar los enfoques tradicionales que nos ponen en la disyuntiva de la guerra o el crimen. Ni el derecho de guerra ni el derecho penal ayudan en estos casos, como lo señaló el constitucionalista estadounidense Bruce Ackerman (Antes de que nos ataquen de nuevo, 2007). Hay que buscar nuevas fórmulas que protejan las libertades, eviten el perjuicio a los ciudadanos y garanticen el orden.

El Colombiano, 27 de octubre

lunes, 21 de octubre de 2019

Medellín conforme

Las alertas sobre el estancamiento en el rendimiento de las políticas públicas aplicadas en Medellín no son nuevas. Las señales amarillas han sido recurrentes desde hace un par de años la ausencia de una oposición política seria impidió que estas señales permearan significativamente la dirección de la ciudad. Los indicadores y estudios recientes sobre la ciudad y la región las confirman, entre ellas la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín 2019, efectuada por el proyecto Medellín cómo Vamos.

Mi comentario demanda cuatro premisas: las calificaciones de Medellín son, en su mayoría, muy buenas y suelen ser las mejores del país; la calidad de vida es el resultado de muchas variables sociales e intervenciones técnicas y políticas; la ciudad sigue siendo vulnerable al entorno crítico de algunas zonas de Antioquia, Chocó y Córdoba; el analista no es un animador psicosocial.

Los habitantes de Medellín mostraron en 2019 los niveles más bajos de optimismo, y es la primera vez en 14 años que hay tres mediciones consecutivas inferiores al 70%. Durante este cuatrienio el optimismo cayó 5 puntos por debajo del periodo 2008-2015. Los medellinenses son orgullosos, pero por primera vez el indicador baja de 80% y durante tres años continuos.

¿Cuáles son los factores que parecen haber afectado el optimismo y el orgullo de los habitantes de la ciudad? Pues los sospechosos de siempre. Para un 60% de la población, la economía doméstica está 60% igual o peor que antes. No es raro, entonces, que haya aumentado la percepción de desigualdad en los aspectos más relevantes para la calidad de vida: el empleo, la seguridad, la vivienda, la salud y la educación (5% o más). No es fácil encontrar empleo y el emprendimiento no tiene suficientes incentivos.

La percepción de seguridad en la ciudad no mejora respecto a la década pasada y oscila en guarismos inferiores al 51%. La seguridad en el barrio se mantuvo por debajo de los promedios históricos, aunque repuntó en el 2019. La victimización entre 2015 y 2019 fue la más alta de los últimos 12 años. La favorabilidad de la Policía Nacional sigue cayendo.

La ciudadanía muestra la menor satisfacción con el estado de las vías de la década. Aumentó la insatisfacción con la calidad del aire y con el ruido. Descendió la satisfacción con la atención a primera infancia (4%), aunque es alta. Se consolidó la tendencia a la baja de la satisfacción con la oferta cultural, recreativa y deportiva de la ciudad. La satisfacción con la educación está en los niveles del 2008. Los mejores resultados en percepción y autorreporte están en salud: mejoró la satisfacción con el servicio y bajó la necesidad de atención.

Recapitulo. Los indicadores subjetivos de calidad de vida de Medellín son muy buenos, pero la tendencia a lo largo de diez y más años es decreciente.

El Colombiano, 20 de octubre.

jueves, 17 de octubre de 2019

Así es la vida (That's life)

Por Dean Kay y Kelly Gordon (1932-1981)

(versión libre)

Así es la vida (así es la vida)
Eso es lo que dice la gente
Te va bien en abril
Te va mal en mayo
Pero voy a cambiar ese ritmo
Cuando me vuelva a ir bien en junio

Dije así es la vida (así es la vida)
Y por muy curioso que parezca
Algunas personas disfrutan
Pisoteando un sueño
Pero no dejaré que eso me desanime
Porque este gran viejo mundo
Sigue dando vueltas

He sido marioneta, pobre, pirata,
Poeta, peón y rey
He estado arriba y abajo
Adentro y afuera
Y una cosa sé
Que cada vez que caigo de bruces
Me levanto y vuelvo a la competencia

Así es la vida (así es la vida), ya lo dije,
No puedo negarlo
Pensé en rendirme
Pero mi corazón no lo aceptaría
Y si no creyera que vale la pena un solo intento
Me dejaría de tonterías y volaría

Así es la vida (así es la vida)
Así es la vida y no puedo negarlo.
Muchas veces pensé en terminar
Pero mi corazón no lo acepta
Aunque si nada vibrante me trae julio
Voy a enrollarme
Hasta formar una gran bola...
Y morir

lunes, 14 de octubre de 2019

Tres aniversarios intelectuales

El 19 primero y el 9 luego dieron ocasión para discretas conmemoraciones de tres textos académicos fundamentales, surgidos de la voz y la pluma de pensadores de alto vuelo que tienen en común la condición de pensar dentro del mundo, no desde alguna torre de marfil. Benjamin Constant (1767-1830), Max Weber (1964-1920) y Francis Fukuyama (1952) son sus autores, escribieron en las lenguas que han marcado cada época del pensamiento occidental: francés, alemán, inglés.

“La libertad de los antiguos comparada con los modernos” es una conferencia pronunciada en 1819 dirigida a mostrar la diferencia entre la libertad de ejercer colectiva y directamente la soberanía y la libertad individual y civil de no ser oprimido y dedicarse a ejercer todo tipo de actividad sin ninguna restricción distinta a la ley. Ambas libertades son necesarias y ambas encierran sus peligros. La libertad antigua deriva fácilmente en el despotismo; la moderna puede conducir a que personas absortas en su vida privada renuncien con “facilidad al derecho de tomar parte en el gobierno político”. La manera en que la sociedad contemporánea ha politizado los asuntos privados y ha privatizado la función pública demanda una nueva reflexión sobre las fronteras de la intimidad, la libertad personal, el poder corporativo y el poder estatal.

“¿El fin de la historia?” es un artículo publicado en 1989, que se adelantó en meses a la caída del Muro de Berlín y en años a la disolución de la Unión Soviética y al triunfo global de la democracia liberal. Además, ha sido el diagnóstico más preciso del curso del mundo contemporáneo y, de lejos, el texto más polémico y discutido (aunque no leído) de los últimos 30 años. Suscita escándalo por decir con todas las letras lo que toda la filosofía occidental estaba sosteniendo desde la década de 1970; que la discusión sobre los propósitos políticos no superaba los confines de los ensambles posibles entre libertad y democracia. Más profunda y sugestiva para nuestros días es la discusión propuesta sobre el “último hombre” —el satisfecho y conformista— y la forma como la democracia liberal ignora la importancia del reconocimiento. El contraste entre las sociedades históricas y las poshistóricas ofrece, a mi manera de ver, un ángulo novedoso para discutir los problemas colombianos.

“La política como vocación” es una conferencia dictada en 1919, vertida a lenguaje escrito poco después, en vísperas de la muerte del autor, cuyo centenario conmemoraremos el año venidero. Me limito a citar a Weber: “no hay más que dos pecados mortales en el terreno de la política: la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad, que frecuentemente, aunque no siempre, coincide con aquella”.

Un curso, un seminario, un debate público merecían durante este año en Colombia cada uno de estos textos que plantean preguntas acuciantes y temas profundos para nuestra vida social.

El Colombiano, 13 de octubre

lunes, 7 de octubre de 2019

Devaluación electoral

Antes de 1990 los procesos electorales establecían una diferencia sustantiva entre una democracia liberal y cualesquiera otros tipos de régimen político. Después —y con más veras en este siglo— no pasa lo mismo. Regímenes autoritarios a los que nadie, institucional y académicamente, reconoce como democráticos han incorporado diversos tipos de sistemas electorales. Elecciones hay en Irán, Rusia y Venezuela. Fidel Castro se ufanó de que Cuba tenía más eventos electorales y mayor participación que cualquier democracia liberal. Las elecciones han dejado de ser la prueba ácida de la democracia y son, ahora, uno de sus componentes. Es decir, han sufrido una devaluación en la teoría democrática.

Pero también sufren de una devaluación práctica. La filósofa española Amelia Valcárcel advierte que nos estamos acostumbrando a votar con tanta frecuencia que corremos el riesgo de “votar en unas elecciones como en un concurso”. “Convocar [a elecciones] a menudo produce desafección y, si ésta avanza, la cosecha no la recoge la democracia, sino su pariente aciago, el populismo” (El País, “Votar”, 28.09.19). Habla de España que se apresta a sus cuartas elecciones generales en cuatro años sin poder formar gobierno. En Colombia vamos a realizar el decimosegundo torneo electoral en 18 años, a un promedio de una elección cada año y medio. Los dos referendos fueron fracasos, sobre las dos reelecciones hay reservas, la democracia local (cuatro comicios) se está desprestigiando aceleradamente, según Lapop.

“Votar como en un concurso” me parece una frase clave de su reflexión. Votar como en un reality, con un hashtag en una trasmisión deportiva, con un like para cualquier cosa. Votaciones que dan como resultado un parlamento de chimpancés, como en el óleo de Banksy conocido esta semana; o un congreso en el que no todos son como Aída Merlano. Comicios que pierden trascendencia y que van dejando en la mente del ciudadano medio la idea de que da lo mismo quién gane. Elecciones en las que nos movemos a las urnas como reflejo ritual más que como práctica auténtica.

Valcárcel advierte que esta trivialización conduce al populismo. Pero ese camino no siempre es directo y va acompañado por la ausencia de motivos que justifiquen la democracia electoral. En Europa fue la convergencia de socialcristianos y socialdemócratas que anuló las diferencias políticas. En lugares como Colombia, especialmente en el nivel local y regional, el caso es otro: la desaparición de la propuesta política. Las carpas partidistas no marcan distinciones: ¿qué diferencia hay entre la U, Cambio Radical, el Partido Conservador o el Liberal? Más allá del amor u odio hacia la persona de Álvaro Uribe, ¿qué diferencia marca el Centro Democrático? Alianza Verde y los movimientos indígenas han asimilado las prácticas tradicionales sin acentuar sus peculiaridades fundacionales. La oferta disponible es una cara limada con photoshop, con un logo y un número al lado.

El Colombiano, 6 de octubre

viernes, 4 de octubre de 2019

Coloquio Fukuyama


El Coloquio A 30 años de ¿El fin de la historia?, realizado en la Universidad EAFIT el 19 de septiembre, contó con la participación de profesores de ocho universidades colombianas de Medellín, Bogotá, Manizales y Rionegro, y de una universidad chilena. Además, de doctorandos y maestrandos de universidades de Colombia y Argentina.

El profesor Francis Fukuyama se hizo presente a través de una videoconferencia exclusiva para el evento, que celebraba los 30 años de su relevante artículo, discutiéndolo -como debe ser.

A propósito de la obra de Fukuyama, su valor y los prejuicios que la han rodeado, cito a Peter Sloterdijk (Ira y tiempo, 2010, p. 50):
[El fin de la historia y el último hombre representa] Junto a los trabajos tempranos de Boris Groys... el sistema mejor ponderado hasta hoy de declaraciones sobre la situación mundial del poscomunismo... y de la antropología política del presente. En mi opinión, el curso del mundo desde 1990 ha confirmado el ensayo general de Fukuyama.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Golpe maestro

Robaron las antenas
La miel de las colmenas
No nos dejaron ni banderas que agitar

Cambiaron paz por deudas
Ataron nudos, cuerdas
Y la patrulla nos detuvo por mirar

Llevaron los finales
A tierra de neutrales
No nos dejaron líneas ni para empezar

Fue un atraco perfecto
Fue un golpe maestro
Dejarnos sin ganas de vencer
Fue un atraco perfecto
Fue un golpe maestro
Quitarnos la sed

Robaron las linternas
La lumbre en las cavernas
No nos dejaron mapas de la oscuridad
Vendieron humo y calma
Lingotes de hojalata
Palacios de ceniza y cartas sin marcar

Fue un atraco perfecto
Fue un golpe maestro
Dejarnos sin ganas de vencer
Fue un atraco perfecto
Fue un golpe maestro
Quitarnos la sed

Fundieron plomo y cobre
Pusieron sal en sobres
Alerta, hay un testigo
Nos han dejado vivos

Fue un atraco perfecto
Excepto por esto
Nos queda garganta, puño y pies
No fue un golpe maestro
Dejaron un rastro
Ya pueden correr
Ya vuelve la sed

Vetusta Morla