lunes, 28 de mayo de 2018

Empresas Públicas de Medellín

Las Empresas Públicas de Medellín se han vuelto parte del paisaje, como los servicios que provee: agua, energía, gas, telefonía. Esta condición natural con la que es recibida por muchas personas es una prueba de su éxito. Durante sesenta años no ha habido intentos de privatizarla, ni barricadas contra la carencia del servicio o cuestionamientos sobre su función pública.

Pero no hay nada natural en ello. Las empresas de servicios públicos en Colombia fueron privatizadas en gran medida durante las gestiones de César Gaviria y Ernesto Samper; EPM no. No es solo la propiedad. Se trata de la prestación de un servicio básico, universal y de calidad, y también del impacto que los excedentes de la actividad productiva tienen sobre la calidad de vida de los habitantes de Medellín y Antioquia. Muchos ignoran que EPM ofrece un mínimo vital de agua a los hogares más pobres -gracias a una iniciativa de la administración de Alonso Salazar- y que gran parte de la inversión social en Medellín se financia con recursos de EPM. Es decir que se trata de una empresa auténticamente pública, y que los detractores gratuitos y radicales de EPM lo que hacen es darse tiros en los pies.

EPM no es administrada por la élite económica de la ciudad. Es dirigida de modo autónomo por un organismo que está conformado por personas de prestancia académica, social y profesional, como puede constatarlo cualquiera que se digne buscar la información en la red. Y es orientada, en términos generales, por el alcalde de la ciudad quien, a su vez, es elegido democráticamente cada cuatro años. Que la ignorancia o la malevolencia quieran ver en el sustantivo “empresas” al lobo feroz es otra cosa.

EPM no carece de problemas, como cualquier organización de este mundo. Yo mismo la he criticado cada que creo que lo amerita. Sus problemas derivan, a mi modo de ver, de su condición monopólica en el mercado y de una visión demasiado ingenieril en un sector que tiene profundo alcance social. Pero es una empresa que aprende. Mucha diferencia hay entre los terribles errores políticos que se cometieron durante la construcción de la represa de El Peñol hasta sus proyectos más recientes. Hace cuatro años tuve la oportunidad de ver sobre el terreno la intervención social y física admirable de EPM en Toledo e Ituango. Estuve en el lecho del río, en los túneles, la casa de máquinas y otro lugar con el fabuloso nombre de “caverna de trasformadores”. A la magnitud de esa obra no le hacen justicia ni los números ni las imágenes.

Ante la actual emergencia, la gerencia de EPM decidió sacrificar parte de esa infraestructura para salvar vidas humanas y está atendiendo a los damnificados de una manera inédita. ¿Cómo hubiera sido el desbordamiento del Cauca sin EPM?

El Colombiano, 27 de mayo

martes, 22 de mayo de 2018

Bolombolo

Bolombolo

José Fernando Isaza
El Espectador
16 de mayo del 2018

Hasta 1970 existió el ferrocarril del Pacífico, Buenaventura-Medellín. Los pasajeros preferían bajarse en Bolombolo, corregimiento a orillas del río Cauca, para evitar el demorado trayecto en tren entre Bolombolo y Medellín, que debía subir la cordillera. Preferían utilizar incómodos buses. A medida que mejoraban las carreteras, más carga y pasajeros se movilizaban por ellas. En el invierno de 1970, parte de la banca sobre el cañón del río Cauca fue destruida. Fue la muerte de este transporte ferroviario. Subsiste la estación de Bolombolo, grande con relación a la población; su discutible arquitectura evoca una locomotora y unos vagones. En una de las salas está hoy el Centro Cultural León de Greiff. Es de suponer que el poeta debía completar los pocos ingresos que le proporcionaba su profesión con algún salario, de preferencia oficial. Los Ferrocarriles Nacionales hicieron el acertado papel de mecenas y De Greiff estuvo en su nómina. En los años 1926 y 1927 vivió en Bolombolo. La casa se conserva.

Bolombolo está lejos de ser un destino gastronómico. El café que ofrecen las fuentes de soda es posiblemente de lo peor del hemisferio occidental. Es famosa su torta de pescado. Hace unos diez años sólo había un restaurante que la ofrecía y hoy se encuentra en al menos seis. El olor y el sabor parecen recordar un plato común en Islandia: el tiburón podrido. La torta ofende al menos tres sentidos: la vista, el olfato y el gusto. Mis compañeros de viaje la devoraron con entusiasmo.

Buscando, infructuosamente, las huellas de León de Greiff, encontramos en la farmacia toda la información que necesitábamos. El administrador es el promotor y gestor del centro cultural; para sorpresa de quienes íbamos en búsqueda de la huella del poeta, el farmaceuta es el sobrino de Enrique Sánchez. Tal vez este nombre no les diga micho a los millennials. Sánchez era el dueño del café El Automático, que lo compró a su primer propietario, Fernando Jaramillo Botero.

El Automático fue una institución en las letras colombianas. En sus mesas se discutía de poesía, de política. León de Greiff, Jorge Gaitán Durán, Hernando Téllez, Juan Lozano y Luis Vidales eran sus contertulios habituales.

En los tiempos en que a las mujeres estaba vedado entrar a los cafés, a menos que fueran meseras, intelectuales de la talla de Emilia Pardo Umaña y Lucy Tejada desafiaron estas arcaicas prohibiciones e hicieron parte de las tertulias literarias y conspirativas.

Si bien el interlocutor más respetado era De Greiff, no siempre compartía la mesa con sus pares y prefería paliquear con otros clientes del Automático. Contrario a la imagen que tiene de ser un personaje distante.

Años antes de trasladarse a Bogotá, De Greiff instauró en Medellín una tertulia de escritores llamada Los Pánidas, la mayoría de ellos rebeldes, desafiantes de la sociedad clerical y cerrada en que vivían. Casi todos fueron expulsados de las universidades confesionales en las que estudiaban.

Hoy las sociedades prohíben el consumo de drogas; antes prohibieron el tabaco y el alcohol. En algunos regímenes fueron clausurados los cafés y desestimulado el consumo de esta bebida. Las reuniones en torno a ella se consideraban desestabilizadoras del régimen.

La construcción de la central de Cañafisto, aguas arriba de Ituango, ha sido aplazada. Su embalse inundaría a Bolombolo, llevándose vestigios de una época de literatura y trenes.

lunes, 21 de mayo de 2018

Tercer llamado

Por tercera vez en lo que va del presente siglo la intelectualidad colombiana llama a las puertas de la ciudadanía para que escuche sus propuestas políticas y conozca la manera como concibe el futuro del país. En 2006, el jurista Carlos Gaviria Díaz –exprofesor de la Universidad de Antioquia– se presentó como alternativa a la reelección inmediata en nombre de la dignidad humana y los derechos de las minorías. En 2010, el filósofo Antanas Mockus –exrector de la Universidad Nacional– llegó a la segunda vuelta para enfrentar el continuismo en nombre de la cultura de la legalidad y de una sociedad basada en la confianza. En 2018, el matemático Sergio Fajardo –exprofesor de la Universidad de Los Andes– llega a la primera vuelta enarbolando las banderas de la educación, la reconciliación y la lucha contra la corrupción. No es gratuito que Fajardo haya recibido el respaldo de los partidos de Gaviria y Mockus, es decir, el Polo Democrático y el Partido Verde.

Gaviria, Mockus y Fajardo, dejaron la comodidad de las aulas para entrar en la arena política a ofrecer alternativas que la clase política profesional y tradicional no ofrecían ni ofrecen. Aceptaron reglas que desconocían y participaron en escenarios en los cuales predomina un estilo y un lenguaje que no manejaban. Nadie podrá decir en el futuro que entre sus generaciones y estamento social no hubo compromiso con los problemas del país y sus soluciones. Nadie podrá decir que cuando el ambiente político se tornó radical y pendenciero no hubo quien representara la moderación, la razonabilidad y el entendimiento de que somos una nación y no dos, una sociedad y no dos. Y es que la oferta de Uribe y de Petro es eso: una continuación de la guerra civil a través de los medios políticos e institucionales, un enfrentamiento entre enemigos para los cuales todo vale, que no terminará con la victoria de uno de los dos. La promesa de ambos es barrer con el proyecto de la Constitución de 1991: tanto Duque (el de Uribe) como Petro prometen una Asamblea Constituyente y un revolcón en el régimen político.

Fajardo no hace demagogia, no entra en trifulcas, no tiene una visión maniquea de la sociedad. Es un magnífico administrador y tendría un excelente equipo de gobierno para afrontar los principales retos del país. No dudo de que es el mejor candidato y que todavía puede llegar a la segunda vuelta

Hidroituango: solidaridad con las Empresas Públicas de Medellín, su gerencia, y las comunidades del Bajo Cauca. La emergencia en la represa mostró las peores reacciones de Gustavo Petro, quien actuó de manera oportunista y mentirosa. Intentó sacar votos y alimentar el odio en medio de un problema de tal dimensión humana y económica. Lo mismo hizo Luis Felipe Henao de la campaña de Vargas Lleras.

El Colombiano, 20 de mayo

sábado, 19 de mayo de 2018

¿Cómo mejorar a Colombia? 25 ideas para reparar el futuro


Mauricio García Villegas (editor)

Autores
Jorge Orlando Melo
Moisés Wasserman
Santiago Gamboa
Rodrigo Uprimny
Francisco Gutiérrez
Ricardo Peñaranda
Juan Gabriel Vásquez
Julieta Lemaitre
Sergio Jaramillo
Andrés López
Fabio López de la Roche
Clara Rocío Gutiérrez
Antanas Mockus
Piedad Bonnett
Juan Camilo Cárdenas
Margarita Garrido
Juan Gabriel Gómez Albarello
Jorge Giraldo
Alejandro Gaviria
Lina Buchely
Gabriel Misas
Héctor Abad
Diana Rodríguez
Helena Durán
Andrea Ramírez

viernes, 18 de mayo de 2018

Las ideas en la guerra: Mauricio Gallo Callejas

Voy con el siguiente y último autor, Jorge Giraldo. Autor en quien he encontrado una clara manera de formular los problemas conceptuales implicados en las concepciones políticas dentro de tales contextos; en otras palabras, una clara vía para dar cuenta de los grandes retos con los que deben lidiar las preguntas qué y cuáles dentro de tales sociedades con condiciones de opresión. Ello, gracias a su inédita discusión frente al grado de responsabilidad que nos corresponde a quienes reflexionamos sobre el poder en este país y luego de tantos años de una violencia política desmedida. Discusión con la que, en general, me siento bastante cómodo; no puede ser de otra manera cuando su reclamo, “encaminado a mostrar que en Colombia no hubo una crítica de la violencia que se convirtiera en impronta de nuestra cultura política” (Giraldo, 2015, p.170), coincide con mi esfuerzo por introducir dentro de tal cultura al legado de Shklar, a la invitación para que pongamos a la crueldad en el primer lugar, a esa filosofía que apela a quienes hemos visto suficiente guerra y violencia, a quienes conocemos bien lo que es el miedo como herramienta de dominio político. Salvo por lo que leo como dos lamentables confusiones que explico de inmediato.

En aras de construir su reclamo, Giraldo (2015) establece una plausible separación entre “la hostilidad revolucionaria contra el orden vigente” (p.142) y la apuesta por la tradición democrática y liberal. Separación cuyo simple esbozo, también comparto este punto, resulta excepcional dentro de una cultura política en la que “[son sus palabras] no parece necesario demostrar […la] actitud comprensiva o benevolente o de franca simpatía con los insurgentes y su lucha armada” (pp.141-142) y que, agrego, en otros sigue despertando el accionar paramilitar. Pero que, creo, exige dos precisiones. Una, tal tradición demoliberal no puede ser confundida con aquellos regímenes en los que resulta posible establecer una presunción absoluta de la validez de todo orden normativo positivo. La otra, tampoco puede ser confundida con el abandono de la lucha en contra de la pobreza extrema. En el primer caso se pierde de vista que sin protección y estímulo para la formación del sentido individual de la injusticia no hay democracia liberal (Shklar, 2010). En el segundo caso, se olvida que cuando tal democracia aspira a funcionar de la mano de un sistema económico que establece la propiedad privada, dicho sentido de la injusticia debe incluir la falta de protección frente a los riesgos de la pobreza extrema.

Así pues, incurre Giraldo en la primera confusión una vez liga “poco aprecio por la democracia” y “relativización de la legalidad positiva” (p.152). O para decirlo desde una perspectiva inversa, una vez vincula “defensa de una normatividad alterna y superior a la ley positiva” con “hostilidad revolucionaria” (p.152). Por su parte, incurre en la segunda debido a la manera en que entiende las ideas de “legitimación indirecta” (p.167), “justificación implícita” (pp.168-169) o “aceptación infeliz” (p.170) del fanatismo revolucionario: todo aquel que incurra en alguno de los tópicos en los que esté implicada la idea de los derechos sociales, queda afiliado a tales categorías, se convierte en el objeto de su reclamo.

Bajo esta argumentación, todo queda servido para señalar que cualquier apuesta por la tesis de la pobreza extrema como opresión, está por fuera de la tradición demoliberal, queda vinculada con la hostilidad revolucionaria. No puede ser de otra manera si a los derechos sociales se les entiende como exigencias maximalistas y alejadas de todo principio de realidad; si la exigencia de garantía para sus titulares significa empeño por alcanzar un orden social plenamente satisfactorio; si, en tanto que programa político, devela el aire utópico y perfeccionista de todos aquellos dispuestos a hacer justicia “cueste lo que cueste” (la expresión es de Sen, 2010), a incurrir en esa “self-immolating fantasy” (Shklar, 1984, p.21) constitutiva del fanatismo revolucionario. En suma, todo queda servido para que cualquier predicador del evangelio libertario saque a la luz su consigna: o limitamos nuestros derechos al binomio libertad propiedad, o seguimos justificando años y años de una violencia sin sentido; seguimos enviando esas “[otra vez Giraldo] citadinas señales de humo que les dieron, a las guerrillas, la falsa impresión de que su causa contaba con un amplio respaldo” (p.170).

Puedo decir, entonces, que ninguna de las versiones disponibles de los DSH permite lidiar con el desafío impuesto por esta reflexión de Giraldo; de nuevo, desvirtuar ambas confusiones. En otras palabras, sostengo que es precisamente en los presupuestos teóricos del liberalismo de las eternas minorías donde están las herramientas para lograr un concepto de los derechos humanos que permita al mismo tiempo tomarse en serio la invitación de Giraldo y responder a las preguntas formuladas desde el antiliberalismo de autores como Santos. Y ello, mediante una serie de juicios de moralidad política que apenas alcanzo a enunciar: (i) el argumento de la igualación entre el sufrimiento generado por la crueldad física y por el sometimiento a pobreza extrema; (ii) una definición de la esfera de lo público que comprende las ideas de gobierno formal e informal y que deja abiertas las posibilidades de incluir tanto al ejercicio de la fuerza física como al poder económico [la ruptura con Pogge, con los enfoques institucionales de los derechos humanos no puede quedar más clara]; (iii) la tesis liberal sobre la injusticia acorde con la cual ella cancela la obligación política; y (iv) una concepción de la libertad entendida como ausencia de miedo (freedom from fear).

[Fragmento de su sustentación de tesis para el Doctorado en Filosofía de la Universidad de Antioquia]

jueves, 17 de mayo de 2018

En librerías: POPULISTAS A LA COLOMBIANA


El populismo reverdece en el mundo. Crece allí donde las instituciones democráticas y liberales fallan.

Se nutre del inconformismo y se extiende como una incitación a salidas contestatarias y desesperadas. Pero, a pesar de ser un término de uso frecuente en los días que corren, lo cierto es que la noción misma de populismo se ha oscurecido en manos de la especulación, la falta de contexto histórico y la ausencia de estudios locales.

Populistas a la colombiana busca llenar ese vacío en momentos en que el país, en medio de la contienda electoral que sigue a los acuerdos de La Habana, asiste a la recomposición de su mapa político y el surgimiento de nuevos líderes. En conjunto, el libro reconstruye el origen y sentidos del populismo, sus versiones regionales, los contradictores que han colaborado en su definición y describe las formas que adoptó en Colombia, en tres casos significativos: Jorge Eliécer Gaitán, Gustavo Rojas Pinilla y Álvaro Uribe, y otros menos representativos, como Gustavo Petro.

De cierre, Jorge Giraldo Ramírez reflexiona, muy a propósito de la actual coyuntura, sobre la probabilidad de otro populismo en Colombia.

Didáctica Panini

Se sabe del valor didáctico del álbum de láminas –de caramelos, le decimos los mayores–, aunque no suficientemente aprovechado. En el país tenemos a la mano álbumes legendarios de historia natural, geografía e historia (este era bellísimo) de Colombia, todos lanzados en los años sesenta. Durante su gestión como gobernador, Sergio Fajardo promovió uno sobre los municipios de Antioquia. Pero, ¿qué valor puede tener un álbum de fútbol?

Puede suponerse que estoy haciendo una transferencia freudiana entre el amor al fútbol y algunas de mis pequeñas habilidades memorísticas respecto a nombres, fisiognomía, idiomas, banderas, países, y datos adjuntos provistos por el –en otros tiempos– indispensable Almanaque Mundial. Pero se trata de simples dispositivos pedagógicos que la educación contemporánea olvidó y que están siendo reivindicados por notables investigadores de la mente y el aprendizaje: repetición, memoria, placer, entretenimiento. Y curiosidad.

¿Qué era Corea del Norte en la década del sesenta? ¿Por qué el jugador más deslumbrante en Inglaterra jugaba para Portugal siendo mozambiqueño? El de 1966 fue mi primer álbum y todavía recuerdo los apodos de los jugadores españoles y la infame nómina argentina que después se lavó la cara en el campeonato colombiano. Un aficionado puede distinguir nombres de coreanos y japoneses, alemanes y nórdicos, rusos y eslavos del sur; cosa difícil para una persona que no haya cogido más de un álbum o que tenga mucha cultura general.

Algunos álbumes de los años ochenta traían el lugar de nacimiento de los jugadores. Allí puede rastrearse el fenómeno de la migración africana a Europa y el lento proceso de abandono de la ciudadanía de sangre en algunos países. Desde 1982 la página de Francia empezó a mostrar caras negras, Alemania se demoró pero llegó; el equipo japonés y los árabes exhibieron brasileños nacionalizados.

Si uno toma la colección completa de álbumes surgen preguntas más difíciles: ¿Por qué en las Antillas españolas son tan malos para jugar al fútbol mientras países como Haití y Trinidad ya han ido a mundiales? ¿Por qué la antigua Yugoslavia pone cada cuatro años dos selecciones de sus despojos (Croacia y Serbia este año)? ¿Qué pasa con los chinos y los indios que de mil quinientos millones de hombres no son capaces de sacar 22 muchachos competitivos? ¿Por qué los africanos del este nunca han clasificado al mundial? ¿Por qué el socialismo del siglo XXI solo pegó en países de troncos (Bolivia, Nicaragua y Venezuela)?

Sin curiosidad, por supuesto, no hay aprendizaje. ¿Qué tanto aprendimos sobre Camerún después de que el anciano Roger Milla nos sacara de octavos en 1990? ¿Nos interesamos por conocer a Rumania después de que Gheorghe Hagi colgara a Oscar Córdoba en 1994? ¿Sabemos ubicar en el mapa a Costa de Marfil, al que vencimos en 2014? ¿Cuántos colombianos se están informando sobre Polonia, Senegal y Japón?

El Colombiano, 13 de mayo

miércoles, 16 de mayo de 2018

Novena: Dedicación del mérito

Shantideva

Que todos los seres, en todo lugar,
que estén atormentados por sufrimientos físicos y mentales,
obtengan un océano de felicidad y alegría
debido a estos méritos.

Que ningún ser sufra,
que no cometa actos dañinos ni caiga enfermo.
Que nadie tenga miedo ni sea despreciado,
ni tenga una mente abrumada por la depresión.

...

Que los atemorizados, dejen de tener miedo
que los cautivos sean liberados.
que los débiles consigan poder
y que todos piensen en beneficiarse unos a otros.

Mientras exista el espacio,
mientras existan los seres,
mientras tanto, pueda yo permanecer
para ayudar a aliviar los sufrimientos en el mundo.

Dedicación del Bodhicharyavatara
Fragmento

Escuchar
Philip Glass
Sinfonía No. 5, IX-XII

martes, 15 de mayo de 2018

Octava: compañía

Samuel Beckett

palabras
supervivientes de la vida
un poco más aún
hacedle compañía

Escuchar
John Dowland (por Sting y Karamazov)
Songs from Labyrinth


lunes, 14 de mayo de 2018

Séptima: La casa de mi padre

Bruce Springsteen

Anoche soñé que era un niño
Allá donde los pinos crecen libres y altos
Trataba de llegar a casa a través del bosque
Antes de que oscureciera.

...

La casa de mi padre brilla con fuerza
Permanece como un faro llamándome en la noche.

Escuchar
My Father's House
Bruce Springsteen
Ben Harper


domingo, 13 de mayo de 2018

Sexta: Mi tristeza

Dulce María Loynaz

Mi tristeza es suave como un claro de luna:
Ni queja ni temor has de encontrar en ella nunca.

...

(Mi tristeza es tan suave
que casi se parece a una sonrisa...)

Escuchar
Johann Sebastian Bach
Misa en Si Menor

sábado, 12 de mayo de 2018

Quinta: Lamento lento

Pablo Neruda

En la noche del corazón
la gota de tu nombre lento
en silencio circula y cae
y rompe y desarrolla su agua.

Lamento lento
Fragmento

Escuchar
Gabriel Fauré
Réquiem

viernes, 11 de mayo de 2018

Cuarta: Poema en honor

Wisława Szymborska

Qué clase de hombre.
Por la grieta entre el hecho y lo inventado
se escapó nuestra atención. Resistente
a cada sino. Se sacude
cada aspecto que le doy.
Se le adhirió el silencio sin que la voz dejara cicatriz.
La ausencia tomó forma de horizonte.

Poema en honor
Fragmento

Escuchar
Philip Glass
Sinfonía No. 5, V-VIII

jueves, 10 de mayo de 2018

Tercera: magia y pérdida

Lou Reed

Magia y pérdida
Fragmentos

¿De qué sirve?
¿De que sirve conocer tal devoción?
¿Qué de bueno tuvo el cáncer en abril?

Quiero una magia que me lleve de aquí
Que remplace las estrellas la luna la luz -el sol ya se fue
Volar a través de la tormenta
Y despertar en calma.

Si cierro los ojos no puedo creer que esté aquí sin vos
En tu habitación clara, tu silla vacía y mi cabeza
Soñando... siempre estoy soñando

Escuchar
Lou Reed
Magic and Loss

[Álbum]

miércoles, 9 de mayo de 2018

Segunda: el silencio del padre

Se trata del crucial silencio del padre que es, a la vez, la fuente del desamparo y de la libertad humanos. En este sentido, así se lo hace expresar a Isaac cuando traiciona a su primogénito Esaú en favor de Jacob: “Debes aprender a vivir sin mi amor, le dije a mi hijo en mi pensamiento… traicionar es dejar ir, dar opción a los que amamos de que se aparten de nuestro lado / librarles de la terrible herencia de nuestros sueños”.

[Del comentario de Francisco Calvo Serraller a una novela de Gustavo Martín Garzo.]

Escuchar
John Cage
4' 33"

martes, 8 de mayo de 2018

Primera de nueve: amor al padre

Santo Tomás de Aquino

Summa Theologica
Secunda Secundae.Questio XXVI, Art. IX

Se plantea: "Parece que el hombre debe amar más por caridad al hijo que al padre: porque más debemos amar a a aquel, a quien más debemos hacer bien".

Se responde: "Los padres aman por más tiempo, pues el padre comienza inmediatamente a amar al hijo, mientras que el hijo comienza a amar al padre después de algún tiempo".

Se concluye: "El padre ama naturalmente más al hijo en razón de la unión a sí mismo; pero en razón del bien más eminente el hijo ama naturalmente más al padre".

Escuchar
Philip Glass
Sinfonía No. 5, I-IV


lunes, 7 de mayo de 2018

Caras, grupos y programas

Las candidaturas presidenciales han suscitado los respectivos análisis sobre las trayectorias de los candidatos, sus programas y coaliciones. Aunque parte importante de la opinión pública trivializa la campaña diciendo que no hay propuestas, los análisis muestran lo contrario.

Los análisis de los programas muestran que solo De la Calle, Fajardo y Petro están a favor de una implementación seria del acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las Farc. Duque y Vargas Lleras proponen –como si fuera natural– revisarlos (lo cual es improbable) o incumplirlos, lo que es más fácil y vergonzoso. La única propuesta que prioriza la lucha contra la corrupción es la de la Coalición Colombia de Sergio Fajardo. El consultor Jaime Acosta ve las propuestas económicas así: fortaleza de Duque en economía naranja, de Petro en sostenibilidad, de Fajardo en educación y desarrollo productivo; debilidades de Duque en desarrollo productivo y equidad, de Petro en cuanto a falta de estrategias (“Las propuestas económicas de Duque, Fajardo y Petro”, Razón pública, 01.04.18). El exrector de la Universidad Nacional Moisés Wasserman concluyó que la mejor propuesta en educación y ciencia es la de Fajardo.

A veces han surgido discusiones sobre las trayectorias de los candidatos. Los de más experiencia legislativa son Vargas Lleras y Petro. El de mayor experiencia en la administración y gestión desde el ejecutivo es Sergio Fajardo. El más veterano y conocedor de la cosa pública, Humberto de la Calle. Poca duda cabe que el más inexperto de los candidatos, en todos los campos, es Iván Duque: una hoja en blanco. Aunque la figura del vicepresidente sigue siendo un enigma, es evidente que la candidata con más trayectoria es Marta Lucía Ramírez y que la más sólida técnica y académicamente es Claudia López. Las candidaturas de Ángela Robledo y Juan Carlos Pinzón, son inocuas.

La debilidad de los partidos políticos y su fraccionamiento no impiden analizar con detalle las coaliciones que acompañan a los candidatos. A los que más mal les va son a Duque y a Vargas Lleras: casi todos los condenados por parapolítica y corrupción están repartidos entre estas dos campañas. Es desconcertante que a muchos analistas y ciudadanos esto los tenga sin cuidado. Si se revisan los aliados ideológicos, los únicos claros son el chavismo con Petro, el Polo con Fajardo y el fundamentalismo religioso (Ordóñez y Viviane) con Duque. La posibilidad de elegir entre estos es nítida. La carencia de ideologías (y también de ideas) en la campaña de Vargas Lleras es clamorosa.

Dando por sentado que no todos los electores tienen tiempo para hacer estas ponderaciones, es posible plantear las diferencias en marcos más amplios. Candidatos del continuismo: Vargas Lleras y De la Calle; candidato del salto atrás (sería el Uribe 2 que no fue Santos): Duque; candidato de la ruptura: Petro; candidato del cambio tranquilo: Fajardo.

El Colombiano, 6 de mayo

viernes, 4 de mayo de 2018

Sobre liderazgo político en La Silla Vacía

“El liderazgo político que hubo en la guerra bajo el gobierno de Uribe nos quedó faltando en la paz bajo la administración de Santos”: Jorge Giraldo

Fundación Liderazgo y Democracia

4 de Mayo de 2018

La Red Líder: ¿Cómo definiría el liderazgo político?

Jorge Giraldo: La manera tal vez más canónica de definirlo es por la capacidad de influir, de persuadir, de establecer una agenda política o unas prioridades para la sociedad. Una cosa que uno esperaría del líder, en general, y del líder político, en particular, es que sea capaz de mover a la población, o de mover a la ciudadanía de sus convicciones más tradicionales, o de su manera más habitual de mirar las cosas, y conducirlos a un camino o a una idea alternativa o a un cambio. Se reconoce al líder político como aquel que es capaz de introducir un cambio, así sea pequeño, en su país, convenciendo a las élites o a la ciudadanía, dependiendo del régimen.

R.L: Crear una fractura…

J.G: Sí. Por eso siempre miramos como líderes a Mandela, a Gorbachov, a Churchill, a Roosevelt, y en Colombia a López Pumarejo, a Lleras Camargo, es decir, la gente que es capaz de mover a la sociedad, de introducir algún cambio que se considera que es necesario, o que después demuestra que era necesario o fue positivo para la sociedad.

R.L: ¿Un líder nace o se hace?

J.G: La cultura tiene una vertiente que está instalada en la sociedad, pero creo sobre todo en la capacidad de hacerse de estos líderes, que aprenden de otros, que aprenden del pasado, y que tienen unas cualidades y una capacidad muy grande de aprovechar las circunstancias para emerger, así la tengan difícil. De hecho, todos estos líderes emergentes van un poco a contracorriente.

En el liderazgo político tiene que emerger esa capacidad de interpretar a la gente, pero para sacarla del lugar en donde está, no para quedarse en el mismo punto y reforzar las tendencias más atávicas y más reaccionarias en el sentido cultural. A veces le perdemos la noción a la palabra reaccionario. Reaccionario es básicamente el que se opone al cambio y el líder tiene que ser un líder de cambio, eso no significa que tenga que ser progresista, pero tiene que introducir un cambio, que no necesariamente debe ser hacia adelante o en términos ilustrados o liberales. Hay cambios que son muy duros. Ahora con las películas sobre Churchill uno se pone a pensar. Es un líder que está prometiendo sangre, sudor y lágrimas y meterse a una guerra hasta la victoria, y eso no es muy idílico y se contrapone a muchos de los valores modernos. Pero todo el mundo coincide en que esa era una necesidad del momento y afortunadamente la cosa le salió muy bien.

R.L: ¿A quiénes reconoce como líderes políticos en nuestro país actualmente?

J.G: Aquí ha habido dos tipos de liderazgos en los últimos 25 años y que son muy distintos. Ha habido un liderazgo que es el hegemónico, independientemente de cómo se cuenten después los votos y demás, que es el de Álvaro Uribe. Es hegemónico porque cambió la agenda, y más allá de las peleas entre Uribe y Santos y de las diferencias que ahora se noten con Vargas Lleras, todos ellos están enmarcados en el paradigma que creó Álvaro Uribe, y en una manera de gobernar que dejó un impacto en la gente. Le guste a uno o no, ese es el liderazgo hegemónico, sus ideas son las ideas que se han impuesto. Nadie hablaba de seguridad antes de 2001 o 2002, ahora todo el mundo tiene que hablar de eso, incluyendo a la izquierda.

Yo creo que hay otro liderazgo alternativo, que es más difícil de personalizar, pero que uno podría llamar la Ola Verde, que también tiene más o menos los mismos años. Cuando Uribe ganó la gobernación de Antioquia, Antanas había ganado la Alcaldía de Bogotá. Esta es la alternativa subalterna que no está afincada en la política tradicional, entonces tiene unos hándicaps más grandes para obtener triunfos, aunque ha obtenido muchos en los niveles regionales y locales. A nivel nacional todavía no ha pasado de ser un animador, pero está muy alrededor de la figura de Antanas, y después de Sergio Fajardo y de Claudia López, y de un proyecto que es político-cultural que hay alrededor de eso. Yo creo que el país se mueve entre esas dos tendencias.

R.L: ¿Qué virtudes deben caracterizar el ejercicio del liderazgo político democrático?

J.G: Hay una cosa que es muy clara y que está muy perdida hoy y es la capacidad argumentativa, la capacidad persuasiva. Desde la Antigüedad, por lo menos desde Demóstenes y Cicerón, siempre se pensó que el líder tenía que tener una gran capacidad de persuasión y eso implica muchas virtudes: capacidad de diálogo, de escuchar, de generar conversaciones, de recibir información, de dar información. Y una cosa que se ha perdido mucho últimamente: el diálogo con la intelectualidad y con los técnicos. Una característica común a los dos mandatos de Santos y de Uribe, y que es común también a Petro, es que ellos hacen lo que les da la gana, sin escuchar la opinión de los técnicos, así el técnico sea su Ministro de Hacienda o su Director de Planeación.

La otra característica crucial, que es algo que se ha venido discutiendo desde hace pocos años en Europa y en Estados Unidos, es el tema del ejemplo. Lo que un intelectual español llama, en un libro muy bonito que salió hace algunos años, la “ejemplaridad pública”. Ahí es donde se nota el gran contraste entre esas dos corrientes de las que hablo yo. La gran ruptura que generó la corriente tradicional respecto a sus predecesores es la del ejemplo. Entre estos jefes de ahora Santos no tiene nada que ver con su tío abuelo; Uribe no tiene nada que ver con un tipo como Lleras Camargo; Vargas Lleras, a pesar de lo combativo que era su abuelo, tampoco tiene nada que ver con la ejemplaridad pública de su abuelo. Ese tema de la ejemplaridad pública creo que es crucial hoy, porque el líder que no es ejemplar genera mucha confusión en la sociedad. Es lo que estamos viendo en Estados Unidos con Trump, desvertebra a la sociedad, confunde a todas las organizaciones sociales, confunde a los partidos políticos, a los líderes empresariales.

R.L: ¿Qué hace que un líder político pierda su liderazgo?

J.G: Yo creo que la paradoja de la pérdida de liderazgo en los lideres es su incapacidad de cambiar de medio. Por ejemplo, si uno mira estos líderes históricos que reconocemos en el siglo XX, una de sus características es que supieron salir de la política, salir del Estado, de la administración o de los partidos, y pasar al plano más público, más ideológico, más moral.

Uno de los problemas que tenemos en Colombia es que muy pocos líderes políticos han sabido entender que su capacidad de influencia, e incluso su propia figura, se conservan mejor pasando a otro medio distinto al de la lucha política y al de la administración pública. Esto también se ejemplifica claramente en Uribe, el no salir nunca de la contienda política, el estar siempre intentando gobernar y perpetuar, y una de las mayores posibilidades es que tengamos Uribismo por ahí para otra década.

Yo creo que el líder sabe cuándo tiene que cambiar de espacio y de modalidad de intervención. Eso se vio muy claro en casos históricos como el de De Gaulle, el caso de Gorbachov, el caso de Mandela. Mandela hubiera podido gobernar hasta su muerte, o hubiera podido seguir siendo el Jefe del Congreso Nacional Africano, pero no. Sabe cuándo se acaba su momento en la lucha política y en la administración del Estado y pasa a ejercer ese liderazgo desde otro lugar. El liderazgo, sino se transforma, se agota.

R.L: Usted que ha trabajado de cerca con el tema del conflicto armado, desde la Comisión Histórica del Conflicto y sus víctimas, ¿qué les faltó a quienes lideraron los acuerdos con las Farc?

J.G: Yo creo que es difícil que esa Comisión que nombró Santos hubiera podido ser mejor. El problema es que Santos no es un líder. Santos tenía una tarea que al final del día no era tan complicada, que era convencer al país y a la ciudadanía de la importancia del proceso de paz. Yo digo que no era tan difícil porque este es un país en el que estamos negociando desde hace 200 años. Es un país que ha hecho muchas guerras, pero cada guerra ha terminado con un acuerdo de paz, incluyendo la violencia de mitad de siglo, la Guerra de los Mil Días, para hablar nada más de los eventos más cercanos, y pues los N acuerdos que firmamos en los noventa con multitud de organizaciones. Había un ADN nacional propenso a la negociación. Creo que con una persona que hubiera tenido más en cuenta a la ciudadanía, que hubiera entendido su responsabilidad de orientar y de llevar a esa ciudadanía, y de mostrar esas bondades de la negociación y del acuerdo en sí mismo, se habría logrado un resultado mejor. La tarea no era tan complicada. Pero yo me quedo con la idea de que Santos ni siquiera lo intentó.

El otro tema que desgraciadamente estamos viendo ahora es la negligencia con el proceso de implementación, porque esto también lo dijimos y se lo escuchamos mucho a los negociadores y a algunos funcionarios del gobierno. Era clave para ganar la confianza pública el primer año y medio, después de la firma en la obtención, de lo que se llamaban las victorias tempranas para rodear de confianza el proceso y convencer finalmente a los escépticos, traerlos al apoyo. Pero nada de eso se dio. Creo que lo que pasó ahí fue un déficit de liderazgo político. El liderazgo político que hubo en la guerra bajo el gobierno de Uribe nos quedó faltando en la paz bajo la administración de Santos.

R.L: Y frente a las Farc, ¿qué faltó? La gente piensa que hubo mucha laxitud y muchas concesiones con ellos.

J.G: Hablar y juzgar es más fácil después de que las cosas han pasado. Todos sabíamos que era una negociación compleja. Creo que las concesiones que se les hicieron a las Farc en específico no eran gravosas para el país y que los puntos más difíciles del acuerdo, más ambiciosos, no eran para ellos, eran para el fortalecimiento del Estado y para el beneficio de las periferias colombianas y de sus habitantes. Lo más gravoso del acuerdo era el tema rural, y el tema rural son simplemente las tareas que ha dejado de hacer el Estado colombiano en 200 años. Cosas tan sencillas como tener un catrasto de todos los predios del país, titular las tierras, que permitieran abrir el mercado de tierras en el país, y crear unas infraestructuras en esos territorios que son parte de las obligaciones constitucionales del Estado. Eso era lo costoso, lo exigente desde el punto de vista estructural, pero eso no era para las Farc, eso era para la periferia colombiana.