martes, 21 de abril de 2026

La tribu del fútbol

Ha muerto Desmond Morris. Wikipedia dice que "fue un zoólogo, etólogo, divulgador científico y pintor inglés". Para muchos de nosotros fue un maestro de adolescencia. Su libro El mono desnudo (1967) fue un manual de instrucciones sobre los instintos y los hábitos que nos emparentan con los primates; compañía inseparable de El hombre unidimensional, de Herbert Marcuse, Los bienes terrenales del hombre, de Leo Huberman, las novelas de Verne, las obras del Siglo de Oro, y las revistas de historietas de Batman y El Santo -El enmascarado de plata, no el otro- que se alquilaban en las peluquerías de Envigado.

En la adultez me enteré de que existía una obra suya, The Soccer Tribe, publicada en 1981 y traducida inmediatamente a los cinco idiomas futbolísticos de entonces, con la notable excepción del neerlandés. Los traidores traductores españoles (o el editor) lo pusieron a circular como El deporte rey. Mi luchado ejemplar llegó casi cuatro décadas después, cuando se reeditó en inglés.

Morris introduce su estudio con el socorrido experimento mental acerca de lo que puedan pensar los extraterrestres viendo a un tercio de la humanidad pendiente de una final del campeonato mundial. Su conclusión -que deja muy mal parado a Jorge Luis Borges- es que en vista "de un juego tan simple debería tratarse de algo cargado de significación simbólica". (Por cierto, al lado de la aritmética futbolera, el béisbol vendría a ser algo así como mecánica cuántica.)

El primero de los siete capítulos del libro ilustra las facetas del fútbol: caza ritual, batalla estilizada, exhibición de estatus, ceremonia religiosa, droga social, gran negocio, representación teatral. Se le escapó, quizá por razones de enfoque y contexto, algo que la sociología brasileña ha venido estudiando en este siglo: instrumento político, transfiguración de las mafias.

A pesar de las polémicas científicas que desató El mono desnudo, en las que se cuestionaba su rigor por su atrevimiento, su heterodoxia tratando un tema "serio", Morris insiste en las últimas páginas de La tribu del fútbol (un tema "poco serio") en que se trata de un trabajo en el que "he tratado de conservar la objetividad hasta donde es posible", algo que se le puede conceder en tanto se esfuerza por ilustrar el sinnúmero de defectos que existen entre todos los protagonistas del juego, empezando por los principales que somos los aficionados. Nunca fue alguien externo al juego, de hecho fue directivo durante varios años del Oxford United, un equipo de segunda división que está a punto de perder la categoría, y que en 120 años apenas ha jugado dos veces en primera. En esas condiciones no es tan difícil mantener cierta imparcialidad.

Nacido en 1928, Morris debió haber seguido todos los campeonatos mundiales de la posguerra: el Maracanazo por la prensa escrita, 1966 en la tribuna. Se perdió el que se avecina y no se que pensaría de él. Algunos intelectuales europeos quieren boicotearlo, algo que luce innecesario puesto que la repartición del botín televisivo entre múltiples operadores ya es en sí misma una especie de sabotaje, al menos para los que no tenemos dinero o ganas de pagar más suscripciones.







miércoles, 1 de abril de 2026

Imaginación y esperanza

En El despertar del individuo: imaginación y esperanza (2007), el filósofo brasileño Roberto Mangabeira Unger presenta su propuesta filosófica orientada orientada al cambio personal, social y político. Un tipo peculiar de democracia radical.

El libro, antes de dos digresiones finales, termina con una párrafo en el que enuncia -casi poéticamente- sus postulados:

La imaginación por sobre el dogma,

la vulnerabilidad por sobre la serenidad, 

las aspiraciones por sobre las obligaciones,

la comedia por sobre la tragedia,

la esperanza por sobre la experiencia,

la profecía por sobre la memoria,

la innovación por sobre la repetición,

lo personal por sobre lo impersonal,

el tiempo por sobre la eternidad.

Y, por sobre todo la vida.

 Trad. María Julia de Ruschi, 2009, pp. 297-298.




jueves, 5 de marzo de 2026

Entrevista en El Espectador

“Solo el centro podría propiciar un cambio sin patear el tablero”

Jorge Giraldo Ramírez, exdecano de Humanidades de la universidad EAFIT, analiza el centro político en la actualidad electoral colombiana. Se queja de que hoy “el centro no quiere pisar callos”. Entrevista de Ana Cristina Restrepo Jiménez.

En cualquier diálogo con Jorge Giraldo Ramírez (Jardín, Antioquia,1957) la rigurosidad del catedrático compite con la gracia del buen conversador; sin embargo, la que vence a ambos es la mirada del pintor que observa el paisaje con detenimiento antes de atreverse al boceto, al primer brochazo sobre el lienzo.

Hablar de las perspectivas del centro político en Colombia con Giraldo Ramírez, doctor en Filosofía de la Universidad de Antioquia, exdecano de la Escuela de Humanidades y profesor emérito de la Universidad Eafit, es revisitar sus columnas de El Colombiano, Contexto y el blog Amaranto y algunos de sus libros como Las ideas en la guerra (Debate, 2015), La tercera realidad (Sílaba, 2015), Populistas a la colombiana (Debate, 2018) o Democracia y libertad (Comfama, 2020).

Entrevista completa aquí

Elespectador.com: Últimas noticias de Colombia y el mundo

lunes, 2 de marzo de 2026

Carta abierta de profesores de Eafit

Carta abierta de las profesoras y los profesores de la Universidad a la comunidad universitaria y a la opinión pública:

Quienes suscribimos esta carta, profesoras y profesores de la Universidad, queremos referirnos a la controversia pública que se ha generado recientemente en torno al rol de nuestra institución y a señalamientos que la presentan como un espacio de adoctrinamiento o como una entidad alineada políticamente en el contexto electoral.

La Universidad ha definido su propio sistema de gobierno universitario, en el que están representados profesores, estudiantes y los sectores relevantes con los que la institución interactúa. Hacer llamados a renuncias o a desconocer ese gobierno universitario erosiona nuestra institucionalidad y desconoce el marco legítimo de deliberación y toma de decisiones que nos rige.

Quienes enseñamos en esta institución sabemos que la vida universitaria se sustenta en la diversidad de miradas, métodos y enfoques. En todos nuestros espacios -aulas, laboratorios, talleres, y seminarios- conviven perspectivas múltiples que dialogan, se contrastan y se someten al rigor académico. Esa pluralidad es un rasgo esencial de la Universidad: no constituye un problema ni evidencia una supuesta uniformidad ideológica.

Las afirmaciones que reducen la riqueza de esta diversidad a una postura política única desconocen profundamente el trabajo que realizamos: el cultivo crítico del conocimiento, la formación rigurosa, el respeto a la libertad de cátedra y el compromiso ético que guía nuestra labor docente e investigativa.

Como profesoras y profesores, reafirmamos con claridad que la Universidad no actúa ni debe actuar como un actor político-partidario. Su contribución al país se fundamenta en la independencia intelectual, en el rigor del pensamiento y en el debate informado, no en la participación en disputas electorales ni en la promoción de candidaturas.

Invitamos a la comunidad universitaria y a la ciudadanía a no participar de interpretaciones simplificadas o intentos de instrumentalizar nuestro trabajo. Nuestro compromiso es con el conocimiento, con la formación de las nuevas generaciones y con la construcción de un espacio abierto, plural y respetuoso, donde las ideas puedan discutirse con profundidad y libertad.

Asimismo, rechazamos de manera categórica las vías de hecho, las faltas de respeto, los llamados o incitaciones a la violencia y cualquier forma de señalamiento que ponga en riesgo a personas o colectivos dentro o fuera de la Universidad. La convivencia universitaria exige un compromiso irrenunciable con el respeto mutuo, la integridad personal y el diálogo responsable. Ninguna discrepancia, por legítima que sea, justifica prácticas que vulneren la dignidad, la seguridad o los derechos de integrantes de nuestra comunidad o de la ciudadanía.

Como académicas y académicos, continuaremos dedicados a resguardar la integridad de la Universidad y a defender su misión fundamental, la de contribuir al país mediante la producción de nuevo conocimiento y la preservación del conocimiento heredado, la investigación y la discusión crítica, libre y diversa.