martes, 28 de abril de 2026

Cinco años

Hace cinco años las ONG Temblores e Indepaz y el PAIIS de la Universidad de los Andes acudieron ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos para denunciar el “uso de la fuerza pública contra la sociedad civil en Colombia, en el marco de las protestas acontecidas entre el 28 de abril y el 26 de junio de 2021”.

La conclusión del informe dice: 

La represión con la que el Estado ha decidido enfrentar los reclamos de la ciudadanía ha dejado un lamentable saldo de al menos 4,687 víctimas de violencia por parte de miembros de la Fuerza Pública distribuidas así: 1617 víctimas de violencia física, 44 homicidios presuntamente cometidos por miembros de la Fuerza Pública, 2005 detenciones arbitrarias en contra de manifestantes, 784 intervenciones violentas en el marco de protestas pacíficas, 82 víctimas de agresiones oculares, 228 casos de disparos de arma de fuego, 28 víctimas de violencia sexual y 9 víctimas de violencia basada en género.

La estigmatización de los manifestantes, el incumplimiento de acuerdos puntuales hechos con ellos y la ausencia de acciones de reconocimiento y reparación por parte del Estado hacen parte de una tradición histórica de las élites colombianas. A primera vista podría parecer que se trata simplemente de la aplicación de la lógica maniquea de buenos y malos que empezó a convertirse en consigna a principios de este siglo.

Pero no es tan simple. Si se observa lo que ocurre con los miembros de la Policía Nacional es posible detectar también la desconsideración hacia ellos. La creciente violencia que el gobierno nacional usó contra las protestas de 2019, 2020 y 2021 tuvo como instrumento principal a la policía. No es de extrañar que el número de suicidios entre los policías aumentara (de ocho en 2018 a 45 en 2022). Según la Procuraduría, entre 2020 y 2022, la Fuerza Pública empezó a representar cerca del 20% de los intentos de suicidio a nivel nacional atendidos por el sistema de salud estatal.

Cinco años después del estallido social en Colombia, surge la pregunta sobre la sensibilidad moral de nuestra sociedad, sobre nuestra memoria, sobre el cuidado de los ciudadanos y de los miembros de la Policía Nacional. Máxime cuando altos cargos del Estado en ese entonces aparecen directamente vinculados a la campaña de uno de los actuales candidatos a la presidencia de la república que promete hacer que la violencia estatal durante el gobierno de Iván Duque parezca poca cosa.


martes, 21 de abril de 2026

La tribu del fútbol

Ha muerto Desmond Morris. Wikipedia dice que "fue un zoólogo, etólogo, divulgador científico y pintor inglés". Para muchos de nosotros fue un maestro de adolescencia. Su libro El mono desnudo (1967) fue un manual de instrucciones sobre los instintos y los hábitos que nos emparentan con los primates; compañía inseparable de El hombre unidimensional, de Herbert Marcuse, Los bienes terrenales del hombre, de Leo Huberman, las novelas de Verne, las obras del Siglo de Oro, y las revistas de historietas de Batman y El Santo -El enmascarado de plata, no el otro- que se alquilaban en las peluquerías de Envigado.

En la adultez me enteré de que existía una obra suya, The Soccer Tribe, publicada en 1981 y traducida inmediatamente a los cinco idiomas futbolísticos de entonces, con la notable excepción del neerlandés. Los traidores traductores españoles (o el editor) lo pusieron a circular como El deporte rey. Mi luchado ejemplar llegó casi cuatro décadas después, cuando se reeditó en inglés.

Morris introduce su estudio con el socorrido experimento mental acerca de lo que puedan pensar los extraterrestres viendo a un tercio de la humanidad pendiente de una final del campeonato mundial. Su conclusión -que deja muy mal parado a Jorge Luis Borges- es que en vista "de un juego tan simple debería tratarse de algo cargado de significación simbólica". (Por cierto, al lado de la aritmética futbolera, el béisbol vendría a ser algo así como mecánica cuántica.)

El primero de los siete capítulos del libro ilustra las facetas del fútbol: caza ritual, batalla estilizada, exhibición de estatus, ceremonia religiosa, droga social, gran negocio, representación teatral. Se le escapó, quizá por razones de enfoque y contexto, algo que la sociología brasileña ha venido estudiando en este siglo: instrumento político, transfiguración de las mafias.

A pesar de las polémicas científicas que desató El mono desnudo, en las que se cuestionaba su rigor por su atrevimiento, su heterodoxia tratando un tema "serio", Morris insiste en las últimas páginas de La tribu del fútbol (un tema "poco serio") en que se trata de un trabajo en el que "he tratado de conservar la objetividad hasta donde es posible", algo que se le puede conceder en tanto se esfuerza por ilustrar el sinnúmero de defectos que existen entre todos los protagonistas del juego, empezando por los principales que somos los aficionados. Nunca fue alguien externo al juego, de hecho fue directivo durante varios años del Oxford United, un equipo de segunda división que está a punto de perder la categoría, y que en 120 años apenas ha jugado dos veces en primera. En esas condiciones no es tan difícil mantener cierta imparcialidad.

Nacido en 1928, Morris debió haber seguido todos los campeonatos mundiales de la posguerra: el Maracanazo por la prensa escrita, 1966 en la tribuna. Se perdió el que se avecina y no se que pensaría de él. Algunos intelectuales europeos quieren boicotearlo, algo que luce innecesario puesto que la repartición del botín televisivo entre múltiples operadores ya es en sí misma una especie de sabotaje, al menos para los que no tenemos dinero o ganas de pagar más suscripciones.







miércoles, 1 de abril de 2026

Imaginación y esperanza

En El despertar del individuo: imaginación y esperanza (2007), el filósofo brasileño Roberto Mangabeira Unger presenta su propuesta filosófica orientada orientada al cambio personal, social y político. Un tipo peculiar de democracia radical.

El libro, antes de dos digresiones finales, termina con una párrafo en el que enuncia -casi poéticamente- sus postulados:

La imaginación por sobre el dogma,

la vulnerabilidad por sobre la serenidad, 

las aspiraciones por sobre las obligaciones,

la comedia por sobre la tragedia,

la esperanza por sobre la experiencia,

la profecía por sobre la memoria,

la innovación por sobre la repetición,

lo personal por sobre lo impersonal,

el tiempo por sobre la eternidad.

Y, por sobre todo la vida.

 Trad. María Julia de Ruschi, 2009, pp. 297-298.




jueves, 5 de marzo de 2026

Entrevista en El Espectador

“Solo el centro podría propiciar un cambio sin patear el tablero”

Jorge Giraldo Ramírez, exdecano de Humanidades de la universidad EAFIT, analiza el centro político en la actualidad electoral colombiana. Se queja de que hoy “el centro no quiere pisar callos”. Entrevista de Ana Cristina Restrepo Jiménez.

En cualquier diálogo con Jorge Giraldo Ramírez (Jardín, Antioquia,1957) la rigurosidad del catedrático compite con la gracia del buen conversador; sin embargo, la que vence a ambos es la mirada del pintor que observa el paisaje con detenimiento antes de atreverse al boceto, al primer brochazo sobre el lienzo.

Hablar de las perspectivas del centro político en Colombia con Giraldo Ramírez, doctor en Filosofía de la Universidad de Antioquia, exdecano de la Escuela de Humanidades y profesor emérito de la Universidad Eafit, es revisitar sus columnas de El Colombiano, Contexto y el blog Amaranto y algunos de sus libros como Las ideas en la guerra (Debate, 2015), La tercera realidad (Sílaba, 2015), Populistas a la colombiana (Debate, 2018) o Democracia y libertad (Comfama, 2020).

Entrevista completa aquí

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