Ha muerto Desmond Morris. Wikipedia dice que "fue un zoólogo, etólogo, divulgador científico y pintor inglés". Para muchos de nosotros fue un maestro de adolescencia. Su libro El mono desnudo (1967) fue un manual de instrucciones sobre los instintos y los hábitos que nos emparentan con los primates; compañía inseparable de El hombre unidimensional, de Herbert Marcuse, Los bienes terrenales del hombre, de Leo Huberman, las novelas de Verne, las obras del Siglo de Oro, y las revistas de historietas de Batman y El Santo -El enmascarado de plata, no el otro- que se alquilaban en las peluquerías de Envigado.
En la adultez me enteré de que existía una obra suya, The Soccer Tribe, publicada en 1981 y traducida inmediatamente a los cinco idiomas futbolísticos de entonces, con la notable excepción del neerlandés. Los traidores traductores españoles (o el editor) lo pusieron a circular como El deporte rey. Mi luchado ejemplar llegó casi cuatro décadas después, cuando se reeditó en inglés.
Morris introduce su estudio con el socorrido experimento mental acerca de lo que puedan pensar los extraterrestres viendo a un tercio de la humanidad pendiente de una final del campeonato mundial. Su conclusión -que deja muy mal parado a Jorge Luis Borges- es que en vista "de un juego tan simple debería tratarse de algo cargado de significación simbólica". (Por cierto, al lado de la aritmética futbolera, el béisbol vendría a ser algo así como mecánica cuántica.)
El primero de los siete capítulos del libro ilustra las facetas del fútbol: caza ritual, batalla estilizada, exhibición de estatus, ceremonia religiosa, droga social, gran negocio, representación teatral. Se le escapó, quizá por razones de enfoque y contexto, algo que la sociología brasileña ha venido estudiando en este siglo: instrumento político, transfiguración de las mafias.
A pesar de las polémicas científicas que desató El mono desnudo, en las que se cuestionaba su rigor por su atrevimiento, su heterodoxia tratando un tema "serio", Morris insiste en las últimas páginas de La tribu del fútbol (un tema "poco serio") en que se trata de un trabajo en el que "he tratado de conservar la objetividad hasta donde es posible", algo que se le puede conceder en tanto se esfuerza por ilustrar el sinnúmero de defectos que existen entre todos los protagonistas del juego, empezando por los principales que somos los aficionados. Nunca fue alguien externo al juego, de hecho fue directivo durante varios años del Oxford United, un equipo de segunda división que está a punto de perder la categoría, y que en 120 años apenas ha jugado dos veces en primera. En esas condiciones no es tan difícil mantener cierta imparcialidad.
Nacido en 1928, Morris debió haber seguido todos los campeonatos mundiales de la posguerra: el Maracanazo por la prensa escrita, 1966 en la tribuna. Se perdió el que se avecina y no se que pensaría de él. Algunos intelectuales europeos quieren boicotearlo, algo que luce innecesario puesto que la repartición del botín televisivo entre múltiples operadores ya es en sí misma una especie de sabotaje, al menos para los que no tenemos dinero o ganas de pagar más suscripciones.