Durante el Segundo Congreso Colombiano de Filosofía, la profesora Ángela Uribe recordó una idea ampliamente admitida en Colombia durante la primera mitad de siglo. La idea tiene dos partes: en general, Colombia es un país incapaz de civilización dada su condición geográfica, sus malas tierras y el mestizaje de su gente; en particular, sólo hay una región en la cual es posible el proceso civilizatorio y es la Sabana de Bogotá. Uno de los principales mentores de esta tesis fue Laureano Gómez.
Las ciencias sociales colombianas y, precisamente, una mayor ilustración de las élites y las clases medias han logrado la refutación de esa idea. Sin embargo, las conclusiones que se derivan de ella siguen vivas y colean. En general, los medios de comunicación se cuidan muy bien de ilustrar los males del país a través de lo que en Bogotá llaman “provincia”. Y es una desgracia que a veces algunos académicos se dejen llevar por esta tentación.
Hace algunos años escuché en la capital una frase como consigna “O Bogotá salva al país o el país hunde a Bogotá”. Algunos columnistas son campeones de esta fórmula que tiene variantes a la enemiga: costeño, corrupto; valluno, narco; paisa, paraco… Bogotá es la isla ilustrada, brillante y venturosa que sobrevive –no se sabe como– en el mar de inmundicia que es la provincia colombiana.
jueves, 18 de junio de 2009
lunes, 15 de junio de 2009
La filosofía y la cultura popular
Las relaciones de los filósofos en ejercicio con la cultura popular han sido tradicionalmente problemáticas. Tanto o más que las de la intelectualidad aburguesada que sólo acepta lo popular tras la pátina de al menos un siglo de antigüedad y depuración. Tal ha pasado con el jazz, el tango y la fotografía. El fútbol y el cine siguen en la sala de espera.
La editorial Open Court de Chicago inició en el 2000 la publicación de una serie de libros en colaboración dirigidos a “presentar ensayos de filósofos académicos, explorando los significados, conceptos y problemas en los programas de televisión, películas, música y otros íconos de la cultura popular”. Desde Los Simpson hasta El señor de los anillos o desde el ipod hasta Radiohead, la colección se acerca ya a medio centenar de títulos.
Quienes filosofamos en español mantenemos esta actitud que oscila entre la repugnancia y la indiferencia. Hay excepciones. Alberto Buela en Argentina no tiene empacho en publicar un libro sobre el juego gaucho de la taba, por ejemplo. Y Fernando Savater publicó hace poco un grueso y atractivo volumen bajo el título “Misterio, emoción y riesgo”. Aquí se dedica con gusto, humor y profundidad a la literatura y el cine de aventuras, como otras veces se explaya sobre carreras de caballos.
A ver si el paso cansino de la filosofía da para atisbar, a lo lejos y adelante, a la cultura popular.
La editorial Open Court de Chicago inició en el 2000 la publicación de una serie de libros en colaboración dirigidos a “presentar ensayos de filósofos académicos, explorando los significados, conceptos y problemas en los programas de televisión, películas, música y otros íconos de la cultura popular”. Desde Los Simpson hasta El señor de los anillos o desde el ipod hasta Radiohead, la colección se acerca ya a medio centenar de títulos.
Quienes filosofamos en español mantenemos esta actitud que oscila entre la repugnancia y la indiferencia. Hay excepciones. Alberto Buela en Argentina no tiene empacho en publicar un libro sobre el juego gaucho de la taba, por ejemplo. Y Fernando Savater publicó hace poco un grueso y atractivo volumen bajo el título “Misterio, emoción y riesgo”. Aquí se dedica con gusto, humor y profundidad a la literatura y el cine de aventuras, como otras veces se explaya sobre carreras de caballos.
A ver si el paso cansino de la filosofía da para atisbar, a lo lejos y adelante, a la cultura popular.
miércoles, 10 de junio de 2009
Malos tiempos para la privacidad
Se sabe de la caída de las fronteras entre lo público y lo privado, se sabe que la llamada esfera íntima –cuyo invento le atribuye Hannah Arendt a Rousseau– también está siendo amenazada. Conocemos los argumentos que pretenden concluir en que las personas públicas no tienen derecho a tener vida privada ni tampoco vida íntima.
Todo eso se sabe, pero cuando un medio de comunicación que se precia de liberal. Que ataca semanalmente al Papa y al episcopado español, que defiende con las uñas la opción personal (llámese droga, aborto o sexo), toma como bandera política las fotos de un paparazzi en la casa de campo del Primer Ministro de Italia, la cosa se pone más preocupante. Significa que los adalides de la libertad se traicionan en la primera oportunidad, queriendo hacer campaña electoral contra al derecha con una filosofía ultraderechista.
Leo El País todos los días y detesto a Berlusconi cada que aparece en la prensa. Pero Berlusconi es un ser humano y la incongruencia de los apóstoles liberales es inadmisible. El País ha caído bajamente convirtiéndose en ejemplo de las críticas que hace a menudo a la cultura fundamentalista y a las tácticas que traicionan las convicciones propias.
Todo eso se sabe, pero cuando un medio de comunicación que se precia de liberal. Que ataca semanalmente al Papa y al episcopado español, que defiende con las uñas la opción personal (llámese droga, aborto o sexo), toma como bandera política las fotos de un paparazzi en la casa de campo del Primer Ministro de Italia, la cosa se pone más preocupante. Significa que los adalides de la libertad se traicionan en la primera oportunidad, queriendo hacer campaña electoral contra al derecha con una filosofía ultraderechista.
Leo El País todos los días y detesto a Berlusconi cada que aparece en la prensa. Pero Berlusconi es un ser humano y la incongruencia de los apóstoles liberales es inadmisible. El País ha caído bajamente convirtiéndose en ejemplo de las críticas que hace a menudo a la cultura fundamentalista y a las tácticas que traicionan las convicciones propias.
domingo, 7 de junio de 2009
Poesía con política
Pensaba que los males derivados de la mezcla de los poetas en la política y, especialmente, el fanatismo de los poetas en la política y el extremismo de las luchas entre poetas eran males nuestros. Los males de exponer en público y por escrito sus malquerencias y contratiempos, y convertirlas en el soporte de sus querellas estéticas y políticas. Eso pensaba hasta que leí “Lo inoportuno y lo inaceptable” de Manuel Rico (El País, 06.06.09).
Rico nos cuenta el debate entre los poetas españoles a propósito de la muerte de Mario Benedetti. Cómo el poeta Antonio Gamoneda disiente cortésmente en su obituario acerca del valor de la obra del uruguayo y de cómo se le vienen encima, desproporcionadamente, otros, entre ellos el editor Jesús García Sánchez (dinero de por medio, claro está). En lo que a mí respecta, no sé que es de peor gusto: criticar a un difunto con el cadáver todavía caliente o quebrar las lanzas por defender estéticamente la obra de Benedetti.
Lo más sorprendente es que todos estiman al poeta uruguayo por “su compromiso político”. Desde que Platón postulara el rey-filósofo la gran discusión ha sido acerca de la relación de los filósofos con el poder. Pocos se han ocupado de las tentaciones y caídas frecuentes de los poetas. Las tentaciones políticas de los poetas son innumerables. Me consuela pensar en la miseria de los aedos que se convierten en bufones de tiranos y piratas. Al fin y al cabo, no hay seña más segura que oponerse al entusiasmo político de un poeta.
Rico nos cuenta el debate entre los poetas españoles a propósito de la muerte de Mario Benedetti. Cómo el poeta Antonio Gamoneda disiente cortésmente en su obituario acerca del valor de la obra del uruguayo y de cómo se le vienen encima, desproporcionadamente, otros, entre ellos el editor Jesús García Sánchez (dinero de por medio, claro está). En lo que a mí respecta, no sé que es de peor gusto: criticar a un difunto con el cadáver todavía caliente o quebrar las lanzas por defender estéticamente la obra de Benedetti.
Lo más sorprendente es que todos estiman al poeta uruguayo por “su compromiso político”. Desde que Platón postulara el rey-filósofo la gran discusión ha sido acerca de la relación de los filósofos con el poder. Pocos se han ocupado de las tentaciones y caídas frecuentes de los poetas. Las tentaciones políticas de los poetas son innumerables. Me consuela pensar en la miseria de los aedos que se convierten en bufones de tiranos y piratas. Al fin y al cabo, no hay seña más segura que oponerse al entusiasmo político de un poeta.
jueves, 4 de junio de 2009
Obama y el 3 de junio
El 3 de junio del 2009 fue un día especial. El gobierno de los Estados Unidos promovió y apoyó la derogatoria de la Resolución VI (31 de enero de 1962) de la OEA, mediante la cual se excluyó al Gobierno de Cuba de su participación en el sistema interamericano. Al mismo tiempo, el presidente Barack Obama lanzó un mensaje de amistad a los pueblos musulmanes. Lo primero en San Pedro Sula (Honduras), lo segundo en el recito de la Universidad de El Cairo.
De esta manera el gobierno estadounidense empieza a desactivar las dos guerras religiosas más importantes en las que se embarcó en los últimos cincuenta años: la guerra contra el comunismo y la guerra contra el islamismo radical. Guerras en las que estuvo a la altura de sus enemigos, pero no en desfase con lo correspondía a su poder y a sus responsabilidades. Y desactivando estas líneas de enemistad no parece pretender subestimar el conflicto político sino relativizarlo, modificando el enfoque de los enemigos absolutos y la consiguiente guerra de aniquilación que eso implica.
No sabemos si el 3 de junio pasará a la historia. Finalmente quienes la escriben no están exentos de la enfermedad sensacionalista, pero sí marca un hito desde la perspectiva de la filosofía política y para los criterios que empiezan a construirse para orientar a los conductores de la diplomacia de Estados Unidos. Podemos tener más certeza de que sus rivales morderán la mano tendida y pondrán a prueba la prudencia de Obama.
De esta manera el gobierno estadounidense empieza a desactivar las dos guerras religiosas más importantes en las que se embarcó en los últimos cincuenta años: la guerra contra el comunismo y la guerra contra el islamismo radical. Guerras en las que estuvo a la altura de sus enemigos, pero no en desfase con lo correspondía a su poder y a sus responsabilidades. Y desactivando estas líneas de enemistad no parece pretender subestimar el conflicto político sino relativizarlo, modificando el enfoque de los enemigos absolutos y la consiguiente guerra de aniquilación que eso implica.
No sabemos si el 3 de junio pasará a la historia. Finalmente quienes la escriben no están exentos de la enfermedad sensacionalista, pero sí marca un hito desde la perspectiva de la filosofía política y para los criterios que empiezan a construirse para orientar a los conductores de la diplomacia de Estados Unidos. Podemos tener más certeza de que sus rivales morderán la mano tendida y pondrán a prueba la prudencia de Obama.
miércoles, 27 de mayo de 2009
Sánduche cubano
Medio siglo de polémica sobre Cuba representa suficiente ilustración respecto a antecedentes y contextualizaciones. Tan largo como pobre ha sido el debate y las posiciones tan opuestas, fanáticas todas y parecidas como las dos mitades de un pan. Me limito aquí a entregar un jamón o una lechuga, usted escoja:
1. El bloqueo es una violación del derecho internacional, pero sobre todo un precedente que vulnera lo que Michael Walzer denomina “la posición moral de los Estados”. Un ejemplo seguido con disimulo por diversos gobiernos americanos, en diversas coyunturas, para castigar a los vecinos.
2. La exclusión de un Estado de una comunidad regional como la Oea con el argumento de que no se ajusta a un tipo de régimen político demoliberal es una herencia de la ideología wilsoniana y una muestra de universalismo que amenaza el pluralismo esencial de la sociedad internacional.
3. El largo silencio de la izquierda occidental sobre las atrocidades del régimen castrista, incluyendo muchos partidos liberales, ha sido una expresión de fariseísmo que socavó toda legitimidad a los pregoneros de los valores ilustrados.
4. Las expresiones de apoyo y “celebración” de la entronización de la dictadura de los hermanos Castro van en contravía de la reforma intelectual y moral que requiere todo proceso que pretenda afianzar las ideas de libertad, dignidad personal y autogobierno de la sociedad.
La aparición de las firmas de la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín en actos de respaldo al régimen cubano debieran disgustar a los líderes políticos que apoyan dichas administraciones. Al menos ofenden a ciudadanos que vemos como nuestros impuestos se destinan a propaganda de este tipo.
1. El bloqueo es una violación del derecho internacional, pero sobre todo un precedente que vulnera lo que Michael Walzer denomina “la posición moral de los Estados”. Un ejemplo seguido con disimulo por diversos gobiernos americanos, en diversas coyunturas, para castigar a los vecinos.
2. La exclusión de un Estado de una comunidad regional como la Oea con el argumento de que no se ajusta a un tipo de régimen político demoliberal es una herencia de la ideología wilsoniana y una muestra de universalismo que amenaza el pluralismo esencial de la sociedad internacional.
3. El largo silencio de la izquierda occidental sobre las atrocidades del régimen castrista, incluyendo muchos partidos liberales, ha sido una expresión de fariseísmo que socavó toda legitimidad a los pregoneros de los valores ilustrados.
4. Las expresiones de apoyo y “celebración” de la entronización de la dictadura de los hermanos Castro van en contravía de la reforma intelectual y moral que requiere todo proceso que pretenda afianzar las ideas de libertad, dignidad personal y autogobierno de la sociedad.
La aparición de las firmas de la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín en actos de respaldo al régimen cubano debieran disgustar a los líderes políticos que apoyan dichas administraciones. Al menos ofenden a ciudadanos que vemos como nuestros impuestos se destinan a propaganda de este tipo.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Sanchos y quijotes II
Es Richard Rorty (1931-2007) quien usa las figuras de Sancho y El Quijote para explicar su noción de la política y la relación que ella tiene con la filosofía. Rorty comparte la idea de Oakeshott de que la política debe tener características de ductilidad, desapasionamiento, modestia, deliberación y capacidad para los acuerdos. Así, el modelo de político debiera ser Sancho Panza y no El Quijote.
El dominio que la figura de El Quijote ha tenido en la vida política moderna arrojó saldos desastrosos en el utopismo, la intemperancia y la beligerancia cotidiana y en todos los frentes. El Quijote soñador, visceral, ávido de novedades y aventuras debiera ser recluido a la vida privada. La vida privada debiera cargarse de emoción y ciertos toques de locura. La vida política ideal debiera ser aburrida.
La apreciación de Rorty subvierte los esquemas de los políticos y los intelectuales modernos. Ellos usualmente han querido ser héroes públicos y grises personas privadas. Haciéndolo han traumatizado la esfera política moderna y se han empobrecido individualmente. La alienación marxiana asoma la cabeza: predican un tipo ideal de vida buena mientras sus actos individuales contribuyen poco a hacerla posible para ellos y su prójimo.
El dominio que la figura de El Quijote ha tenido en la vida política moderna arrojó saldos desastrosos en el utopismo, la intemperancia y la beligerancia cotidiana y en todos los frentes. El Quijote soñador, visceral, ávido de novedades y aventuras debiera ser recluido a la vida privada. La vida privada debiera cargarse de emoción y ciertos toques de locura. La vida política ideal debiera ser aburrida.
La apreciación de Rorty subvierte los esquemas de los políticos y los intelectuales modernos. Ellos usualmente han querido ser héroes públicos y grises personas privadas. Haciéndolo han traumatizado la esfera política moderna y se han empobrecido individualmente. La alienación marxiana asoma la cabeza: predican un tipo ideal de vida buena mientras sus actos individuales contribuyen poco a hacerla posible para ellos y su prójimo.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Sanchos y quijotes I
Sin hermenéutica literaria –sólo con el sentido común– podemos hablar de los arquetipos de Sancho y El Quijote como prosaico y soñador, simple y alambicado, señor de su casa y pretendiente del mundo, respectivamente. Entre el vasto material metafórico y analógico a que han dado lugar los personajes de Cervantes, la política y la filosofía ocupan un lugar importante.
El pensador inglés Michael Oakeshott (1901-1991) propone una lectura bastante acorde con la anterior comparación. Para él la filosofía no debe tener “presuposición, reserva, freno ni modificación”*. La filosofía debe ser atrevida, alborotadora, disolvente, tal vez, incluso, descabellada. Dígase quijotesca. La política en cambio debe ser todo lo contrario: sobria, ordenada, contenida, adaptable. Dígase sanchesca.
El retrato que el profesor mexicano Jesús Silva-Herzog ofrece de Oakeshott se titula “gobernar en bicicleta”. Para manejar bicicleta hay que pedalear y es seguro que para ser un ciclista notable no se requiere conocer la “teoría general del ciclismo”**. La filosofía puede cabalgar en un táparo creyendo que es un Bucéfalo y embistiendo molinos de viento como si de tratase del mismísimo Señor Gris. La política debe apartarse de ello.
*Oakeshott, Experience and its Modes, 1933.
**Silva-Herzog, La idiotez de lo perfecto, México, FCE, 2006.
El pensador inglés Michael Oakeshott (1901-1991) propone una lectura bastante acorde con la anterior comparación. Para él la filosofía no debe tener “presuposición, reserva, freno ni modificación”*. La filosofía debe ser atrevida, alborotadora, disolvente, tal vez, incluso, descabellada. Dígase quijotesca. La política en cambio debe ser todo lo contrario: sobria, ordenada, contenida, adaptable. Dígase sanchesca.
El retrato que el profesor mexicano Jesús Silva-Herzog ofrece de Oakeshott se titula “gobernar en bicicleta”. Para manejar bicicleta hay que pedalear y es seguro que para ser un ciclista notable no se requiere conocer la “teoría general del ciclismo”**. La filosofía puede cabalgar en un táparo creyendo que es un Bucéfalo y embistiendo molinos de viento como si de tratase del mismísimo Señor Gris. La política debe apartarse de ello.
*Oakeshott, Experience and its Modes, 1933.
**Silva-Herzog, La idiotez de lo perfecto, México, FCE, 2006.
viernes, 8 de mayo de 2009
El ladrón, la contingencia y la ley
Todo el mundo sensato sabe lo que sucedió el 6 de mayo en Londres: Barcelona-Chelsea, 1-1, clasificación catalana, comentarios y polémicas. Todos saben. Me llamaron la atención las posturas de diversos periodistas (unos) y microfonistas (otros).
El colombiano (Carlos Vélez, RCN): el árbitro se robó el partido, la Uefa arregló todo para que el Barcelona estuviera en la final. Lo complementa otro paisano (Andrés Marocco, Espn): y hay que poner cuidado porque se van a robar también la final.
El argentino (Miguel Simón, Espn): son contingencias del juego, los árbitros son un factor más como el estado del campo, el clima o la conducta de la tribuna. No se debe pensar el fútbol “con picardía”, le dice con decencia a su colega colombiano.
El inglés (Rob Hughes, New York Times): el acto vergonzoso del partido son las protestas desmedidas e irrespetuosas de los jugadores, demanda que la Uefa sancione a Drogba, Ballack y Hiddink.
Así estamos. Los comentaristas colombianos no creen que la gente se equivoque, cree que roba; no piensan que la autoridad actúa de buena fe, hace complots; no cree que exista azar en el fútbol (o en la vida), todo son conspiraciones. Espero que la grandiosa ignorancia de Carlos Vélez no desacredite internacionalmente nuestro buen sentido.
El colombiano (Carlos Vélez, RCN): el árbitro se robó el partido, la Uefa arregló todo para que el Barcelona estuviera en la final. Lo complementa otro paisano (Andrés Marocco, Espn): y hay que poner cuidado porque se van a robar también la final.
El argentino (Miguel Simón, Espn): son contingencias del juego, los árbitros son un factor más como el estado del campo, el clima o la conducta de la tribuna. No se debe pensar el fútbol “con picardía”, le dice con decencia a su colega colombiano.
El inglés (Rob Hughes, New York Times): el acto vergonzoso del partido son las protestas desmedidas e irrespetuosas de los jugadores, demanda que la Uefa sancione a Drogba, Ballack y Hiddink.
Así estamos. Los comentaristas colombianos no creen que la gente se equivoque, cree que roba; no piensan que la autoridad actúa de buena fe, hace complots; no cree que exista azar en el fútbol (o en la vida), todo son conspiraciones. Espero que la grandiosa ignorancia de Carlos Vélez no desacredite internacionalmente nuestro buen sentido.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Raza quimerista
Rafael Uribe Uribe (1859-1914) era un niño cuando buena parte de los liberales colombianos se dedicaron al delirio hasta el punto de que la historia terminó agrupándolos bajo la rúbrica de “Olimpo radical”. Las prédicas sobre el federalismo y la libertad encubrieron siempre la defensa de poderes regionales semifeudales en contra de cualquier intento de creación de un Estado central que mereciera tal nombre.
Uribe Uribe asimiló la lección y terminó describiendo la personalidad colombiana bajo los rasgos de los radicales. “Raza quimerista”, dijo. Quizás esto vaya en contravía de la conclusión que sacara Jaime Jaramillo Uribe de que nuestra característica haya sido siempre la medianía, pero no le falta razón. En especial no le falta porque tal “quimerismo” fue la enfermedad que dejó al liberalismo como alternativa poco creíble (ayudado por su aventuras militares).
Tampoco le falta razón por la manera como en el siglo XX asumimos las utopías europeas e intentamos embellecer las instituciones precolombinas. De hecho, mientras el pensamiento político contemporáneo es claramente antiutópico (Berlin) o distópico (Foucault) o, al menos moderado por el realismo (Rawls), aquí la palabra utopía todavía se pronuncia con veneración y entusiasmo.
Uribe Uribe asimiló la lección y terminó describiendo la personalidad colombiana bajo los rasgos de los radicales. “Raza quimerista”, dijo. Quizás esto vaya en contravía de la conclusión que sacara Jaime Jaramillo Uribe de que nuestra característica haya sido siempre la medianía, pero no le falta razón. En especial no le falta porque tal “quimerismo” fue la enfermedad que dejó al liberalismo como alternativa poco creíble (ayudado por su aventuras militares).
Tampoco le falta razón por la manera como en el siglo XX asumimos las utopías europeas e intentamos embellecer las instituciones precolombinas. De hecho, mientras el pensamiento político contemporáneo es claramente antiutópico (Berlin) o distópico (Foucault) o, al menos moderado por el realismo (Rawls), aquí la palabra utopía todavía se pronuncia con veneración y entusiasmo.
miércoles, 29 de abril de 2009
“El populismo es popular”
El amigo y colega Juan Carlos Celis se lamenta en un comentario de mi operación para “reducir populismo a popular”. Tal reducción no puede deducirse del contexto de mi cartica de 400 palabras, de la misma manera que no puede confundirse el concepto en un texto persuasivo que en uno argumentativo. Ya Lenin se había defendido de algunos contradictores pidiéndoles que no confundieran sus textos de propaganda con tesis filosóficas.
Decir “el populismo es popular” es, a lo sumo, señalar una característica del fenómeno sin ninguna pretensión de exhaustividad. Digamos que es una banalidad, pero es la expresión más corriente cuando se habla de populismo. Ludovico Incisa da una definición general de populismo diciendo que es una fórmula política en la que el pueblo es la “fuente principal de inspiración y objeto constante de referencia”. Para Gino Germani una de sus características clave es la “movilización e integración” del pueblo*. Para Ernesto Laclau denota la presencia de un proceso de construcción del pueblo vinculado directamente con una lógica política por fuerza antagónica**.
Sin embargo tal banalidad, en mi autoindulgente comentario, o tal reducción, en la adusta crítica de Celis, bastaría para cuestionar la caracterización de Uribe como populista (Uribe que no construye “pueblo” sino “patria”) y para invitar a discernir fenómenos viejos como la demagogia o nuevos como la telepolítica como formas que pueden aparecer en diversas corrientes políticas sin que por ello debamos confundirlas. El “esfuerzo del concepto” que razonablemente demanda Celis es asimétrico. En este caso quienes quieren renovar la definición de populismo y defender una interpretación alterna a la que ha dominado en América Latina tienen la obligación de ofrecer mejores definiciones y convencer a las comunidades académicas correspondientes de que las usen.
*Bobbio, N., N. Mateucci y G. Pasquino (1997). Diccionario de Política. México: Siglo XXI. **Laclau, E. (2005). La razón populista. México: FCE.
Decir “el populismo es popular” es, a lo sumo, señalar una característica del fenómeno sin ninguna pretensión de exhaustividad. Digamos que es una banalidad, pero es la expresión más corriente cuando se habla de populismo. Ludovico Incisa da una definición general de populismo diciendo que es una fórmula política en la que el pueblo es la “fuente principal de inspiración y objeto constante de referencia”. Para Gino Germani una de sus características clave es la “movilización e integración” del pueblo*. Para Ernesto Laclau denota la presencia de un proceso de construcción del pueblo vinculado directamente con una lógica política por fuerza antagónica**.
Sin embargo tal banalidad, en mi autoindulgente comentario, o tal reducción, en la adusta crítica de Celis, bastaría para cuestionar la caracterización de Uribe como populista (Uribe que no construye “pueblo” sino “patria”) y para invitar a discernir fenómenos viejos como la demagogia o nuevos como la telepolítica como formas que pueden aparecer en diversas corrientes políticas sin que por ello debamos confundirlas. El “esfuerzo del concepto” que razonablemente demanda Celis es asimétrico. En este caso quienes quieren renovar la definición de populismo y defender una interpretación alterna a la que ha dominado en América Latina tienen la obligación de ofrecer mejores definiciones y convencer a las comunidades académicas correspondientes de que las usen.
*Bobbio, N., N. Mateucci y G. Pasquino (1997). Diccionario de Política. México: Siglo XXI. **Laclau, E. (2005). La razón populista. México: FCE.
viernes, 24 de abril de 2009
Carta abierta a Rodolfo Arango
Estimado Rodolfo:
Quiero continuar el intermitente diálogo filosófico que traemos ya desde hace algunos años. No será ahora a propósito de los derechos humanos sociales o las teorías de la justicia sino sobre la disyuntiva política para las próximas elecciones y, esto, por tu columna en El Espectador (16.04.09).
Siento una alegría juguetona cuando te oigo hablar de disyuntiva, “antagonismo ideológico” y aquello de que “la política agonista requiere alternativas discernibles”. Se trata de un caso adicional acerca de cómo los proclamados anti-schmittianos no pueden eludir la política adversarial (Mouffe) ni escapar al criterio de lo político. Es una alegría puramente teórica y banal en épocas en que las definiciones de la política basadas exclusivamente en los consensos, la comunidad ideal de comunicación y el pensamiento único liberal han caído en desuso.
Me refiero en primer lugar a las disyuntivas referidas a la agenda que son guerra-paz, populismo-reformas estructurales, desigualdad-inclusión. Hay una falsa disyuntiva entre guerra y paz que ya ha sido aclarada por la literatura y, lo que es más importante, por la población. Halcones y palomas ya no funciona. Además, el panorama colombiano ha cambiado significativamente: esquematizando, en lo político estamos en posconflicto, mientras en lo militar el enemigo son las bandas del narcotráfico. Populismo, ¿qué es populismo? El populismo es popular y buena parte de los políticos contemporáneos pueden ser llamados populistas, eso no dice nada. El asunto parece ser más bien de eficacia, quién es capaz de hacer “grandes cosas” (Maquiavelo). Varios de los aspirantes que vos criticás como Fajardo y Mockus han hecho grandes cosas en lugar de hacer discursos pomposos sobre reformas estructurales (hay algo ya problemático en esto de “estructuras”). Por último, ¿quién en Colombia está en contra de la inclusión? Nadie, es un falso problema, el asunto es cuáles son los medios más adecuados para lograrlos.
Hablemos ahora de las disyuntivas en cuanto a las opciones políticas. Izquierda y derecha no es hoy el dilema. Esa frontera no separa opciones respecto a los principales problemas del país. ¿Violencia? Es difícil discernir ya quién ha sido más feroz. ¿Corrupción? Los partidos tradicionales son la mamá grande de la corrupción, pero la izquierda no puede lanzar una sola piedra. ¿Ideología? En Colombia todos los partidos constituidos son filosóficamente liberales. Izquierda y derecha tampoco separan a la población, la mayoría de la gente no se adscribe a partidos y vota por consignas y personas. El mundo le cambió las preguntas a los discursos tradicionales de la derecha y la izquierda y ahora tienen poco que decir. Preguntá en Medellín, Barranquilla, Cali y Cartagena quiénes votaron por sus alcaldes: todos, gente de muy diversa laya; incluso en Bogotá la derecha liberal votó por Moreno. En términos estrictamente tácticos, si Colombia se ha derechizado poner el debate izquierda-derecha simplemente es suicidarse, cosa que puede hacer el científico pero no el político (Weber).
Una conclusión: lo que vos llamás “centro” es el único competidor serio y viable del uribismo. Un consejo: no te lucen esas descalificaciones criminalizantes contra Fajardo.
Quiero continuar el intermitente diálogo filosófico que traemos ya desde hace algunos años. No será ahora a propósito de los derechos humanos sociales o las teorías de la justicia sino sobre la disyuntiva política para las próximas elecciones y, esto, por tu columna en El Espectador (16.04.09).
Siento una alegría juguetona cuando te oigo hablar de disyuntiva, “antagonismo ideológico” y aquello de que “la política agonista requiere alternativas discernibles”. Se trata de un caso adicional acerca de cómo los proclamados anti-schmittianos no pueden eludir la política adversarial (Mouffe) ni escapar al criterio de lo político. Es una alegría puramente teórica y banal en épocas en que las definiciones de la política basadas exclusivamente en los consensos, la comunidad ideal de comunicación y el pensamiento único liberal han caído en desuso.
Me refiero en primer lugar a las disyuntivas referidas a la agenda que son guerra-paz, populismo-reformas estructurales, desigualdad-inclusión. Hay una falsa disyuntiva entre guerra y paz que ya ha sido aclarada por la literatura y, lo que es más importante, por la población. Halcones y palomas ya no funciona. Además, el panorama colombiano ha cambiado significativamente: esquematizando, en lo político estamos en posconflicto, mientras en lo militar el enemigo son las bandas del narcotráfico. Populismo, ¿qué es populismo? El populismo es popular y buena parte de los políticos contemporáneos pueden ser llamados populistas, eso no dice nada. El asunto parece ser más bien de eficacia, quién es capaz de hacer “grandes cosas” (Maquiavelo). Varios de los aspirantes que vos criticás como Fajardo y Mockus han hecho grandes cosas en lugar de hacer discursos pomposos sobre reformas estructurales (hay algo ya problemático en esto de “estructuras”). Por último, ¿quién en Colombia está en contra de la inclusión? Nadie, es un falso problema, el asunto es cuáles son los medios más adecuados para lograrlos.
Hablemos ahora de las disyuntivas en cuanto a las opciones políticas. Izquierda y derecha no es hoy el dilema. Esa frontera no separa opciones respecto a los principales problemas del país. ¿Violencia? Es difícil discernir ya quién ha sido más feroz. ¿Corrupción? Los partidos tradicionales son la mamá grande de la corrupción, pero la izquierda no puede lanzar una sola piedra. ¿Ideología? En Colombia todos los partidos constituidos son filosóficamente liberales. Izquierda y derecha tampoco separan a la población, la mayoría de la gente no se adscribe a partidos y vota por consignas y personas. El mundo le cambió las preguntas a los discursos tradicionales de la derecha y la izquierda y ahora tienen poco que decir. Preguntá en Medellín, Barranquilla, Cali y Cartagena quiénes votaron por sus alcaldes: todos, gente de muy diversa laya; incluso en Bogotá la derecha liberal votó por Moreno. En términos estrictamente tácticos, si Colombia se ha derechizado poner el debate izquierda-derecha simplemente es suicidarse, cosa que puede hacer el científico pero no el político (Weber).
Una conclusión: lo que vos llamás “centro” es el único competidor serio y viable del uribismo. Un consejo: no te lucen esas descalificaciones criminalizantes contra Fajardo.
miércoles, 15 de abril de 2009
Colcha de retazos II
El colega Oscar González ha leído la colcha de retazos en clave de eclecticismo. Se trata de combinar y mezclar ideas con más intenciones de eficacia que de construir sistemas muy elaborados y bien compuestos. No gozó de buena fama el eclecticismo en filosofía ni tampoco aquellos que son considerados sus representantes: Antiseri y Reale expulsaron a Cicerón de su Historia del pensamiento filosófico y científico, nadie lee a Orígenes (salvo Enrique Serrano) ni a Antíoco de Ascalón.
En los aprendizajes del catecismo marxista, como debía suceder en todos los catecismos, la palabra eclecticismo era condenatoria. Señal de impureza, mestizaje de ideas, hibridación de ideas incompatibles. Todas las ortodoxias condenaron a la colcha de retazos y la convirtieron en imagen de lo mal hecho, por manos toscas y con materiales innobles.
González se acordó de Goethe: “Pero ecléctico lo es todo aquel que de aquello que lo rodea, de aquello que en torno suyo sucede, asimilase lo que a su naturaleza conviene; y en este sentido puede apellidarse ecléctico cuanto llamamos educación y progreso, ya en teoría, ya en la práctica”*. Pero Goethe no pudo cambiar la historia, menos aún como personaje excéntrico en medio de tantas luces.
*“Miscelánea –Máximas y reflexiones- Del Archivo de Macaria”.
Johann. W. Goethe. Obras completas. Tomo I. Madrid. Aguilar de Ediciones. 1950. Pág. 357.
Recopilación, traducción, Estudio preliminar, Prólogos y Notas de Rafael Cansinos Assens.
En los aprendizajes del catecismo marxista, como debía suceder en todos los catecismos, la palabra eclecticismo era condenatoria. Señal de impureza, mestizaje de ideas, hibridación de ideas incompatibles. Todas las ortodoxias condenaron a la colcha de retazos y la convirtieron en imagen de lo mal hecho, por manos toscas y con materiales innobles.
González se acordó de Goethe: “Pero ecléctico lo es todo aquel que de aquello que lo rodea, de aquello que en torno suyo sucede, asimilase lo que a su naturaleza conviene; y en este sentido puede apellidarse ecléctico cuanto llamamos educación y progreso, ya en teoría, ya en la práctica”*. Pero Goethe no pudo cambiar la historia, menos aún como personaje excéntrico en medio de tantas luces.
*“Miscelánea –Máximas y reflexiones- Del Archivo de Macaria”.
Johann. W. Goethe. Obras completas. Tomo I. Madrid. Aguilar de Ediciones. 1950. Pág. 357.
Recopilación, traducción, Estudio preliminar, Prólogos y Notas de Rafael Cansinos Assens.
viernes, 3 de abril de 2009
Colcha de retazos I
La colcha de retazos es un producto híbrido de la pobreza, la dignidad y la creatividad. Las amas de casa pobres del campo o de los pueblos que no podían acceder a los costos de los cubrelechos no se conformaron con dejar sus camas desnudas y decidieron cubrirlas con una colcha elaborada con el retal de los sastres y modistas, los sobrados de rico y pedazos salvados de prendas destruidas por el trabajo y el tiempo. Vimos desde niños, al menos de la generación del Frente Nacional (1957) hacia atrás, estos útiles domésticos que hoy se llaman genérica y elegantemente “linos”. Piezas falsamente regulares hechas de mosaicos de tela de formas inverosímiles y el inventario más desordenado y amplio de colores.
Contado así este relato, se pueden entender todas las implicaciones filosóficas, sociales y políticas que tiene la metáfora colombiana de la “colcha de retazos”. En Colombia se dice “colcha de retazos” con una connotación negativa para hablar de algo incoherente, elaborado con pobres materiales y sin plan ni mano maestra. La metáfora fue usada por los críticos para denostar la Constitución de 1991 y se usa con frecuencia para atacar medidas administrativas, cuerpos legales o teorías.
La colcha de retazos ha cobrado su revancha. Hoy no existe ningún producto accesible en el mercado colombiano que compita con la calidad artesanal y el atractivo estético de la colcha de retazos y es muy difícil encontrar uno más costoso por el lujo y la faena que incorporan. La metáfora peyorativa de la colcha de retazos es producto del pensamiento moderno para el cual la coherencia, la riqueza y la ilustración de personas singulares eran la garantía de simetría, verdad y eficacia. Hoy la colcha de retazos puede ser la bandera del pensamiento posmoderno que descree de la armonía, la homogeneidad y defiende el conocimiento y las obras elaboradas cooperativamente.
Contado así este relato, se pueden entender todas las implicaciones filosóficas, sociales y políticas que tiene la metáfora colombiana de la “colcha de retazos”. En Colombia se dice “colcha de retazos” con una connotación negativa para hablar de algo incoherente, elaborado con pobres materiales y sin plan ni mano maestra. La metáfora fue usada por los críticos para denostar la Constitución de 1991 y se usa con frecuencia para atacar medidas administrativas, cuerpos legales o teorías.
La colcha de retazos ha cobrado su revancha. Hoy no existe ningún producto accesible en el mercado colombiano que compita con la calidad artesanal y el atractivo estético de la colcha de retazos y es muy difícil encontrar uno más costoso por el lujo y la faena que incorporan. La metáfora peyorativa de la colcha de retazos es producto del pensamiento moderno para el cual la coherencia, la riqueza y la ilustración de personas singulares eran la garantía de simetría, verdad y eficacia. Hoy la colcha de retazos puede ser la bandera del pensamiento posmoderno que descree de la armonía, la homogeneidad y defiende el conocimiento y las obras elaboradas cooperativamente.
sábado, 28 de marzo de 2009
Tinieblas IV
El perfeccionismo abarca todas aquellas ideologías que prometen un mundo perfecto y feliz aquí en la tierra. Son perfeccionistas los nazis, los comunistas, los integristas religiosos, los demócratas radicales y los globalistas. Un mundo perfecto requiere un Estado absoluto, una ley universal o la bondadosa y correcta autorregulación de las personas y las sociedades. Es imposible que exista la sociedad perfecta, pero los perfeccionistas no aceptan esta afirmación y a través de su acción política se convierten en promotores de catástrofes.
Lo contrario al perfeccionismo es el falibilismo. Las personas y las sociedades vivimos en la oscuridad y somos muy propensos a equivocarnos; no existe una ley eterna y universal que sea cierta e infalible; si existe la verdad, es muy difícil conocerla y a lo poco que podemos conocer accedemos de múltiples y a veces contradictorias maneras. Para los falibilistas no hay tronos desde los que se pueda sentar cátedra, no existen teorías capaces de explicarlo todo, ni métodos abstractos de investigación.
Algunas de las consecuencias políticas del falibilismo pueden ser descritas de la siguiente manera: hay que dejar un amplio margen en la sociedad para el ensayo y el error lo que significa una amplia esfera de libertad; por tanto, no puede pretenderse que el derecho cubra todas las actividades humanas con prohibiciones y regulaciones; es muy importante que otros órdenes normativos como la ética, la política, la religión y el mercado tengan margen para la intervención en la actividad humana; el pilar de la organización política debe ser el pluralismo, no la democracia que es apenas un procedimiento; no debe pedírsele al gobierno que se ocupe de todos los asuntos y en cambio debe delegarse a la sociedad y a los individuos muchas cargas y responsabilidades.
Lo contrario al perfeccionismo es el falibilismo. Las personas y las sociedades vivimos en la oscuridad y somos muy propensos a equivocarnos; no existe una ley eterna y universal que sea cierta e infalible; si existe la verdad, es muy difícil conocerla y a lo poco que podemos conocer accedemos de múltiples y a veces contradictorias maneras. Para los falibilistas no hay tronos desde los que se pueda sentar cátedra, no existen teorías capaces de explicarlo todo, ni métodos abstractos de investigación.
Algunas de las consecuencias políticas del falibilismo pueden ser descritas de la siguiente manera: hay que dejar un amplio margen en la sociedad para el ensayo y el error lo que significa una amplia esfera de libertad; por tanto, no puede pretenderse que el derecho cubra todas las actividades humanas con prohibiciones y regulaciones; es muy importante que otros órdenes normativos como la ética, la política, la religión y el mercado tengan margen para la intervención en la actividad humana; el pilar de la organización política debe ser el pluralismo, no la democracia que es apenas un procedimiento; no debe pedírsele al gobierno que se ocupe de todos los asuntos y en cambio debe delegarse a la sociedad y a los individuos muchas cargas y responsabilidades.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Obituario: Saúl Álvarez
Murió esta semana en Bogotá Saúl Álvarez, fundador y dueño de Musiteca, dispensador de consuelo para buena parte de los melómanos bogotanos y algunos otros que vivimos más lejos de las estrellas pero más cerca del corazón de la tierra. Conocí a Saúl hace 28 años en su pequeña caseta de latas azules cuando la Calle 19 se había convertido en un desafío a la tiranía de las tiendas de discos que no nos vendían lo que buscábamos sino lo que les daba la gana.
La última vez que hablé con él fue el martes 10 de marzo separando un pedido que incluía Fleet Foxes, Antony and the Johnsons y TV on the Radio. Se apresuró a adelantarme que estaba por llegarle una remesa y a contarme que el Liverpool ya le iba ganando al Real Madrid por la Champions. Musiteca dejó los andenes para que Bogotá se viera más bonita y más muerta y se trasladó a un centro comercial unos metros más abajo. Fútbol o tenis se veían en un televisor sin volumen mientras sonaban las novedades musicales por los altavoces y uno se tomaba un café con Saúl y sus hermanos hablando de conciertos y alardeando de los espectáculos recién vistos o por ver.
En Medellín el equivalente era Carlos Aguilar, muerto hace 12 años, quien nunca fue propietario, que yo sepa, pero sí el carismático vendedor de algunas de las tiendas más emblemáticas en la ciudad para los amantes del rock. La responsabilidad de buena parte de mi discoteca está repartida entre ambos; las fuentes de la otra parte restante pertenecen a otra historia.
Recuerdo a Aguilar en este momento porque estamos en los tiempos del fin de los disqueros. El disquero es a la música como el librero a la literatura. El disquero conoce los discos, los artistas, las canciones, las anécdotas, pero lo más importante es que conoce el alma de cada melómano. El disquero es una mezcla de confesor y consejero espiritual. Cuando Aguilar o Álvarez lo veían a uno llegando a sus templos empezaban a desplegar sobre las vitrinas lo que uno necesitaba, incluyendo los dislates habituales, y también lo que no iba a buscar.
El disquero es, además, un evangelista que nos muestra donde están los nuevos santos. Usted no conoce esto, me dijo Saúl una vez en 1985 para venderme la antología que Asylum había publicado de Tom Waits. Lo mismo que hizo diez años después Carlos con Jeff Buckley. Todo aquel que entienda que un disco es un objeto cultural tan venerable como un libro, que no es lo mismo una canción en el éter que en un vinilo, ni una obra reproducida en un cedé que en un ipod, entenderá lo que significa el duelo por la muerte del disquero.
La última vez que hablé con él fue el martes 10 de marzo separando un pedido que incluía Fleet Foxes, Antony and the Johnsons y TV on the Radio. Se apresuró a adelantarme que estaba por llegarle una remesa y a contarme que el Liverpool ya le iba ganando al Real Madrid por la Champions. Musiteca dejó los andenes para que Bogotá se viera más bonita y más muerta y se trasladó a un centro comercial unos metros más abajo. Fútbol o tenis se veían en un televisor sin volumen mientras sonaban las novedades musicales por los altavoces y uno se tomaba un café con Saúl y sus hermanos hablando de conciertos y alardeando de los espectáculos recién vistos o por ver.
En Medellín el equivalente era Carlos Aguilar, muerto hace 12 años, quien nunca fue propietario, que yo sepa, pero sí el carismático vendedor de algunas de las tiendas más emblemáticas en la ciudad para los amantes del rock. La responsabilidad de buena parte de mi discoteca está repartida entre ambos; las fuentes de la otra parte restante pertenecen a otra historia.
Recuerdo a Aguilar en este momento porque estamos en los tiempos del fin de los disqueros. El disquero es a la música como el librero a la literatura. El disquero conoce los discos, los artistas, las canciones, las anécdotas, pero lo más importante es que conoce el alma de cada melómano. El disquero es una mezcla de confesor y consejero espiritual. Cuando Aguilar o Álvarez lo veían a uno llegando a sus templos empezaban a desplegar sobre las vitrinas lo que uno necesitaba, incluyendo los dislates habituales, y también lo que no iba a buscar.
El disquero es, además, un evangelista que nos muestra donde están los nuevos santos. Usted no conoce esto, me dijo Saúl una vez en 1985 para venderme la antología que Asylum había publicado de Tom Waits. Lo mismo que hizo diez años después Carlos con Jeff Buckley. Todo aquel que entienda que un disco es un objeto cultural tan venerable como un libro, que no es lo mismo una canción en el éter que en un vinilo, ni una obra reproducida en un cedé que en un ipod, entenderá lo que significa el duelo por la muerte del disquero.
viernes, 20 de marzo de 2009
Tinieblas III
Se comprende con facilidad la relación que existe entre la presencia insoslayable de factores de miedo en el mundo contemporáneo y la necesidad acuciante de seguridad. Aquellos factores de miedo como las guerras, el poderío no occidental, la crisis económica, el deterioro del ambiente, los asteroides errantes que nos golpearán, el espectáculo cotidiano de la maldad, se han acentuado por la incertidumbre que signa los últimos años.
En consecuencia los discursos sobre la seguridad se han incrementado, incluso abusivamente. Naciones Unidas ha pretendido reunir todos los beneficios deseables bajo la rúbrica de la seguridad. En 1994 empezó a hablar de “seguridad humana” para referirse a empleo e ingresos (seguridad económica), nutrición (seguridad alimentaria), salud (seguridad en la salud), ambiente (seguridad ambiental), derechos individuales (seguridad personal), derechos colectivos (seguridad de la comunidad), seguridad propiamente dicha (seguridad política). Es decir, todo lo que otros tiempos y enfoques se reunía bajo grandes palabras como paz, progreso, justicia, socialismo o democracia.
Esta tendencia a convertir todo en una faceta de la seguridad, amén de absurda, puede tornarse peligrosa. El mismo organismo de Naciones Unidas que pergeñó tan rimbombante teoría postuló como programa de la comunidad internacional la liberación del miedo. Se reproducen así buena parte de los sueños modernos de vivir una vida personal y política en la que ni el temor, ni la incertidumbre, ni el riego existan. La casa, el país y el mundo como un inmenso invernadero libre de amenazas en un extremo de la pequeña galaxia en que vivimos.
Mientras no entendamos que los mundos perfectos y totalmente seguros no existen sino en los cuentos de hadas, los perfeccionistas seguirán estimulando las ansias de control de los autoritarios.
En consecuencia los discursos sobre la seguridad se han incrementado, incluso abusivamente. Naciones Unidas ha pretendido reunir todos los beneficios deseables bajo la rúbrica de la seguridad. En 1994 empezó a hablar de “seguridad humana” para referirse a empleo e ingresos (seguridad económica), nutrición (seguridad alimentaria), salud (seguridad en la salud), ambiente (seguridad ambiental), derechos individuales (seguridad personal), derechos colectivos (seguridad de la comunidad), seguridad propiamente dicha (seguridad política). Es decir, todo lo que otros tiempos y enfoques se reunía bajo grandes palabras como paz, progreso, justicia, socialismo o democracia.
Esta tendencia a convertir todo en una faceta de la seguridad, amén de absurda, puede tornarse peligrosa. El mismo organismo de Naciones Unidas que pergeñó tan rimbombante teoría postuló como programa de la comunidad internacional la liberación del miedo. Se reproducen así buena parte de los sueños modernos de vivir una vida personal y política en la que ni el temor, ni la incertidumbre, ni el riego existan. La casa, el país y el mundo como un inmenso invernadero libre de amenazas en un extremo de la pequeña galaxia en que vivimos.
Mientras no entendamos que los mundos perfectos y totalmente seguros no existen sino en los cuentos de hadas, los perfeccionistas seguirán estimulando las ansias de control de los autoritarios.
lunes, 16 de marzo de 2009
Tinieblas II
La marcha en las tinieblas supone admitir la incertidumbre como el nuevo ambiente social y sicológico. Incertidumbre respecto al pasado, al presente y al futuro.
La incertidumbre respecto al futuro en tanto la crisis moderna es básicamente la bancarrota de la idea de progreso tal y como la esbozó Condorcet y fue aceptada por los ilustrados, llámense socialistas o liberales. No hay ningún determinismo cultural o económico que garantice que el mundo va siempre a lo mejor, siguiendo una inexorable línea ascendente. También se ha agotado la confianza en el voluntarismo que pretendiendo la imposición de la felicidad sumió a Occidente en el terror.
La incertidumbre respecto al pasado que se ha vuelto tornadizo, en la medida en que viejas anécdotas van adquiriendo el carácter de nuevos acontecimientos para tratar de comprender el presente, y en que se presentan nuevas interpretaciones para viejos acontecimientos. Los síntomas de este carácter cambiante del pasado se revelan en el éxito del revisionismo histórico y la multiplicación de las obras sobre el pasado.
La incertidumbre respecto al presente que se ilustra bien por el tono alarmista de la ciencia natural que alerta sobre el agotamiento de los recursos y la arista autodestructiva del desarrollo técnico y que duda de la capacidad de la naturaleza y de las especies para recrearse. El desconcierto de las ciencias sociales, que aún no reaccionan más allá del escándalo ante la caducidad de sus marcos interpretativos, contribuye a esta desolación.
La incertidumbre hace que en el mundo contemporáneo los más incómodos sean los modernos y también los más reaccionarios: aterrados por un cambio veloz e impredecible, los pensadores ortodoxos modernos forman la parte más gruesa y conservadora del coro de los que refunfuñan.
La incertidumbre respecto al futuro en tanto la crisis moderna es básicamente la bancarrota de la idea de progreso tal y como la esbozó Condorcet y fue aceptada por los ilustrados, llámense socialistas o liberales. No hay ningún determinismo cultural o económico que garantice que el mundo va siempre a lo mejor, siguiendo una inexorable línea ascendente. También se ha agotado la confianza en el voluntarismo que pretendiendo la imposición de la felicidad sumió a Occidente en el terror.
La incertidumbre respecto al pasado que se ha vuelto tornadizo, en la medida en que viejas anécdotas van adquiriendo el carácter de nuevos acontecimientos para tratar de comprender el presente, y en que se presentan nuevas interpretaciones para viejos acontecimientos. Los síntomas de este carácter cambiante del pasado se revelan en el éxito del revisionismo histórico y la multiplicación de las obras sobre el pasado.
La incertidumbre respecto al presente que se ilustra bien por el tono alarmista de la ciencia natural que alerta sobre el agotamiento de los recursos y la arista autodestructiva del desarrollo técnico y que duda de la capacidad de la naturaleza y de las especies para recrearse. El desconcierto de las ciencias sociales, que aún no reaccionan más allá del escándalo ante la caducidad de sus marcos interpretativos, contribuye a esta desolación.
La incertidumbre hace que en el mundo contemporáneo los más incómodos sean los modernos y también los más reaccionarios: aterrados por un cambio veloz e impredecible, los pensadores ortodoxos modernos forman la parte más gruesa y conservadora del coro de los que refunfuñan.
miércoles, 11 de marzo de 2009
Tinieblas
Hablaba yo hace poco acerca del fin de la época de ilusiones que se abrió hace 20 años con la caída del Muro de Berlín (El Colombiano, 20.10.08). Lo hacía usando, como otros, la imagen de Alexis de Tocqueville del hombre que marcha en las tinieblas. El pensador francés hablaba de la incertidumbre a la que se enfrentaba Europa después de la oleada revolucionaria.
En términos estrictos la época de las ilusiones (1989-2008) fue revolucionaria, esto es de cambios drásticos, y guiada por los valores estadounidenses: libre mercado; libertades y derechos, a las buenas o a las malas; y cosmopolitismo, cooperativo o imperial. Esas tres ideas están cuestionadas en medio de una gran crisis económica, oleada de cambios políticos y poderes emergentes.
Hablar de incertidumbre, riesgo y tinieblas supone disipar una idea moderna e ilustrada. La ilustración se presentó como el fin del oscurantismo, la derrota del miedo y la instauración de horizonte de certeza y seguridad. Como en tantos otros propósitos, en este también fracasó.
El miedo existe, es consustancial a la condición humana y no es vencible mediante la educación, la ciencia o los dispositivos políticos. El miedo no es una creación de los poderes religiosos o políticos, más bien estos poderes pueden y tienen que existir porque el miedo existe. Que el miedo sea manipulable está claro, pero en tiempos inseguros suele ser más mal consejo ocultar el riesgo que ponerlo de presente.
En términos estrictos la época de las ilusiones (1989-2008) fue revolucionaria, esto es de cambios drásticos, y guiada por los valores estadounidenses: libre mercado; libertades y derechos, a las buenas o a las malas; y cosmopolitismo, cooperativo o imperial. Esas tres ideas están cuestionadas en medio de una gran crisis económica, oleada de cambios políticos y poderes emergentes.
Hablar de incertidumbre, riesgo y tinieblas supone disipar una idea moderna e ilustrada. La ilustración se presentó como el fin del oscurantismo, la derrota del miedo y la instauración de horizonte de certeza y seguridad. Como en tantos otros propósitos, en este también fracasó.
El miedo existe, es consustancial a la condición humana y no es vencible mediante la educación, la ciencia o los dispositivos políticos. El miedo no es una creación de los poderes religiosos o políticos, más bien estos poderes pueden y tienen que existir porque el miedo existe. Que el miedo sea manipulable está claro, pero en tiempos inseguros suele ser más mal consejo ocultar el riesgo que ponerlo de presente.
martes, 3 de marzo de 2009
La malicia de la Academia
The Recording Academy, entidad famosa por la creación del Premio Grammy, siempre ha tenido sus trucos. Muchas veces nos hemos sentido engañados por sus decisiones y, en otras, podría pensarse que los estafados han sido ellos. Para evitar lo segundo la Academia suele recurrir a los mandatos de la tradición y al conservadurismo propio de las instituciones sólidas. A veces los recursos son poco ortodoxos y en otras ocasiones muy sutiles.
Ejemplos de ello lo tuvimos en la última ceremonia de premiación. Dada la precariedad de la producción musical en el 2008 y a la presión industrial y mediática que ponía a la banda inglesa Coldplay como estrella del año, la Academia decidió postular un disco del 2007 para aclamarlo como gran ganador del 2008: "Raising Sand", interpretado por Alison Krauss y Robert Plant, y producido por T. Bone Burnett. La trayectoria artística de cada uno de ellos sobrepasa la edad de cada miembro de Coldplay (exceptuemos por cortesía a la señora Krauss); y mejor no hablemos de la calidad de su discografía.
El segundo recurso fue casi imperceptible. Coldplay debía protagonizar uno de los actos centrales de la premiación y a la Academia se le ocurrió convencer a Radiohead para otra intervención. Tras nueve años sin apariciones en televisión e invitados a tocar ante una de las bandas que más ha explotado una imitación light de la gran agrupación de Oxford, el contraste resultó devastador. El disfraz de sargento pimienta de Chris Martin, con su pianito claydermaniano y su falso falsete, al lado del descuido natural de Thom Yorke y su voz sublime respaldada por tres decenas de tambores y bronces.
No había manera más contundente de colocar a una banda pequeña y anodina en su justo lugar.
Ejemplos de ello lo tuvimos en la última ceremonia de premiación. Dada la precariedad de la producción musical en el 2008 y a la presión industrial y mediática que ponía a la banda inglesa Coldplay como estrella del año, la Academia decidió postular un disco del 2007 para aclamarlo como gran ganador del 2008: "Raising Sand", interpretado por Alison Krauss y Robert Plant, y producido por T. Bone Burnett. La trayectoria artística de cada uno de ellos sobrepasa la edad de cada miembro de Coldplay (exceptuemos por cortesía a la señora Krauss); y mejor no hablemos de la calidad de su discografía.
El segundo recurso fue casi imperceptible. Coldplay debía protagonizar uno de los actos centrales de la premiación y a la Academia se le ocurrió convencer a Radiohead para otra intervención. Tras nueve años sin apariciones en televisión e invitados a tocar ante una de las bandas que más ha explotado una imitación light de la gran agrupación de Oxford, el contraste resultó devastador. El disfraz de sargento pimienta de Chris Martin, con su pianito claydermaniano y su falso falsete, al lado del descuido natural de Thom Yorke y su voz sublime respaldada por tres decenas de tambores y bronces.
No había manera más contundente de colocar a una banda pequeña y anodina en su justo lugar.
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