viernes, 20 de noviembre de 2009

Seminario Berlin

Finalizó en Medellín el Seminario Isaiah Berlin después de 100 años", organizado y hospedado por la Universidad Eafit.

El programa desarrollado fue el siguiente:
Primera Jornada (noviembre 11):
“Isaiah Berlin: An Overview”. George Crowder, Flinders University.
“En pos del ideal. Isaiah Berlin, sobre violencia y política”. Gloria María Gallego, Universidad Eafit.
“Enseñanzas de Isaiah Berlin a un ciudadano de un país andino”. Santiago Montenegro.

Segunda jornada (noviembre 12):
“Agonistic and Culturalist Interpretations of Pluralism”. George Crowder, Flinders University.
“Ni Berlin, ni Rawls”. Francisco Cortés Rodas, Universidad de Antioquia.
“Liberalismo agonista”. Liliana María López, Universidad Eafit.
"Berlin y Mill: Libertad como autorrealización”. Delfín Grueso, Universidad del Valle.

Tercera jornada (noviembre 13):
“An Liberal and Conceptual Interpretation”. George Crowder, Flinders University.
“La política como tragedia”. Jorge Giraldo Ramírez, Universidad Eafit.
“Dos conceptos de pluralismo”. Iván Darío Arango, Universidad de Antioquia.

La grabación en video de cada una de las conferencias, puede consultarse en: http://envivo.eafit.edu.co/conferencias/pregrados/humanidades/IsaiahBerlin.shtml

martes, 10 de noviembre de 2009

Instalación Seminario Berlin

Hace pocas horas el profesor George Crowder me preguntó cómo había llegado yo a la obra de Isaiah Berlin; le respondí que por Marx. Esto no es nada sorprendente. El primero y prácticamente único libro premeditado de Berlin fue su biografía intelectual de Marx con quien compartía muchas condiciones: judío laico, exiliado, ilustrado crítico de la Ilustración. Si Alexander Herzen fue el héroe de Berlin[1] su antihéroe fue Marx, cosa que se deduce al instante por la presencia que hace de ese nombre el más abundante en los índices analíticos de las obras de nuestro autor.

Esa misma pregunta está respondida en uno de los prólogos de los libros del profesor Crowder. Él confiesa que llegó a Berlin a través de sus estudios sobre el anarquismo del siglo XIX. Y cada uno de los ponentes y asistentes a este seminario tendrá sus razones, y seguramente muchas pueden resultar tan inesperadas como estas. Lo único seguro es nuestro pretexto que no es otro que el centenario de su natalicio. Podríamos hablar de algunas situaciones que saturan nuestro entorno y que proyectan nuestras intuiciones hacia las ideas que expone el autor de “Dos conceptos de libertad”, pero tan finas cavilaciones debemos dejarlas al fuero de cada uno, apenas hayan terminado nuestras sesiones.

Alguna persona muy curiosa encontrará que el pluralismo hace parte de la definición misional de esta universidad, pero eso no explica nada por sí mismo. El pluralismo debe poder sostenerse desde plurales teorías y concepciones, aunque habrá muchos aquí que van a sacar a relucir sus mejores argumentos para decir lo contrario, y está bien que así sea. Todo indica, también, que veremos quienes devalúen al buen Isaiah y otros que lo llevemos por senderos poco decorosos. Finalmente, de eso se trata la filosofía y no de la construcción de iglesias teóricas. En la Universidad EAFIT tratamos de hacer algo distinto a los altares paganos de la teoría crítica germana, el posestructuralismo francés, los analíticos ingleses o la filosofía de la liberación, para mencionar algo más criollo.

A mi particularmente me encanta la definición que Isaiah Berlin proporciona de la filosofía política. Ella es, dice, “filosofía moral aplicada a situaciones sociales”[2]. Uno no resucita pensadores medianos y oscuros –como Hamann o Belinsky, por ejemplo– por vanidad intelectual. Algo de eso habrá. Pero ese andar de Berlin por los extramuros de la tradición filosófica y ese afán de rescatar a los vagabundos y mendigos expulsados por los sacerdotes del canon intelectual tiene intenciones muy claras, que no han sido vistas por los ufanos buscadores de sistemas, pero que después de cada lectura y cada discusión quedan más claras.

Es obvio que este seminario pretende promover el estudio de la obra berliniana para ir un poco más allá de la lectura deliciosa y ligera, a la que es tan fácil llegar por esa prosa cálida y encantadora que la distingue. Que así sea.

Antes de iniciar nuestras sesiones, algunos agradecimientos deben expresarse en público. En primer lugar a los conferencistas, que sin hacerse de rogar, acogieron esta invitación. Después al The Isaiah Berlin Literary Trust y, en especial, al doctor Henry Hardy y a la señora Kate Cooper. A Eduardo Posada Carbó, que se moría por venir pero no pudo. A los colegas y estudiantes que silenciosamente cooperan para que esta actividad sea posible. Finalmente al señor Rector Juan Luis Mejía Arango y a Liliana María López, la jefe del Departamento de Humanidades, que alcahuetean estas ocurrencias mías.

[1] “Durante todo el resto de mi vida Herzen ha sido mi héroe”, dice Berlin. Berlin, I. 1993. En diálogo con Ramin Jahanbegloo. Madrid, Anaya & Mario Muchnik, p. 49. Trad. Marcelo Cohen.
[2] Ibídem, p. 69.

viernes, 30 de octubre de 2009

Los vivos y los muertos IV

El gran héroe de Isaiah Berlin es Alexander Herzen (1812-1870), una de esas figuras extrañas y marginales que bajo el impacto de los acontecimientos europeos de 1848 elaboraron un pensamiento que sólo empezó a ser comprendido en la segunda mitad del siglo XX. Como Tocqueville, Charlier, Fröbel. Herzen fue un socialista anómalo, desprovisto de todos los sentimientos redencionistas que caracterizaron a los revolucionarios de su tiempo.

Herzen se aparta de la reverencia tradicionalista por los muertos y de la creencia supersticiosa en la magnificencia del mundo de los que no han nacido. Por lo primero su crítica del progreso no es nada reaccionaria, por lo segundo se niega al sacrifico que demandan las utopías modernas de cualquier signo ideológico o tecnocrático. Para él no existe ninguna diferencia entre el lema de los gladiadores romanos (“los que van a morir te saludan”) y las exigencias de heroísmo y martirio que los ilustrados occidentales le exigen a los vivos.

Su convicción es clara: “el fin de cada generación es ella misma”. Lo único importante son los vivos. La única dimensión del tiempo que vale la pena es la que cubre una generación, el periodo de una vida humana, a lifetime como dicen los angloparlantes. Ello nos proporciona modestia y metas cercanas. Lo más importante: no permite que se sacrifique a los vivos para hacer que los que no han nacido (y no sabemos si nacerán) vivan mejor.

viernes, 23 de octubre de 2009

Aplausos y asientos

Un amigo decente pero inmaduro (léase biche) me espeta un porqué si Medellín tiene la mejor afición del país no llena el estadio. Yo le aclaro que “mejor” no es “más”. Es cierto, no somos muchos. Mis estimativos siempre se mueven entre veinte y treinta mil, y la cifra más fina sería como veintisiete mil… los mismos veintisiete mil de siempre. Este diálogo a propósito del reciente partido contra Tolima.

Casualmente, en ese mismo partido los hinchas del Poderoso protagonizamos uno de esos extraños espectáculos de tribuna, siempre insólitos para cualquier estadio del mundo pero posibles en la tribuna escarlata. Nuestro equipo acaba de perder 1-3, de locales, con un partido horroroso de algunos jugadores. Y en un acto espontáneo de masas –después de que los muchachos terminan su reunión en la mitad del campo y empiezan la marcha al camerino– los veinte mil de la noche se ponen de pie y aplauden a sus jugadores vencidos.

No es necesario desplegar el contraste con las turbas que asolan a Laureles cuando empatan, amenazan a los jugadores cuando pierden y cosas peores. Hablar de las reacciones de la plebe que vive del éxito empañaría esa nobleza espiritual que distingue al minoritario pero siempre leal pueblo rojo y que lo ha hecho siempre –desde el origen centenario del fútbol criollo– el mejor.

domingo, 18 de octubre de 2009

Pobre Argentina

De cuenta del fútbol –esa cosa que tanto intelectual refinado desprecia– la prensa mundial se ha volcado esta semana a examinar la trayectoria histórica de Argentina. No es común que The New York Times le dedique su primera página a un tema latinoamericano que no califica como acontecimiento y lo hizo (18.10.09). Más provocadores comentarios en el principal periódico en lengua castellana, cuidadoso del escritor argentino Álvaro Abós (16.10.09) y deliciosamente visceral el de John Carlin (18.10.09).

El pretexto es Diego Maradona y su gran salto civilizatorio: ya no coge a los periodistas a balazos como en el pasado sino que les suelta un rosario de insultos impublicables y no se arrepiente de ello. Un pretexto para que todo el mundo y media Argentina se sigan preguntando qué pasó con Argentina en el siglo XX, por qué pasó de ser el centro de la cultura latinoamericana y la mayor potencia económica del continente a su condición actual.

Al respecto Marcos Aguinis ha escrito lo que llama un panfleto (“Pobre patria mía”), que más bien es una reflexión apasionada y dolorida, libro precedido por un par de volúmenes titulados “El atroz encanto de ser argentino”. Datos para seguirle la pista al asunto. ¿Por qué ha de ser interesante este tema para un colombiano? Porque los colombianos solemos movernos en una relación ambivalente respecto a los argentinos, una de abierta admiración y otra de bronca, la primera de corazón y la otra de bilis.

lunes, 12 de octubre de 2009

Nóbel banal

La paz al igual que la guerra la hacen los políticos y los guerreros (que son políticos armados). Esto lo sabe casi todo el mundo con unas pocas excepciones, entre las que descuella el Comité Nóbel de Oslo. El Premio de la Paz se caracteriza por ignorar sistemáticamente la paz para poder ocultar la guerra.

Es que el premio que otorga anualmente se mueve en unas esferas de lo más azarosas: unas veces parece un reconocimiento a la caridad (Madre Teresa), los negocios sociales (Yunus) o el ambientalismo (Gore); otras un premio al activismo y al voluntariado que cae en personas casi anónimas de las que después nunca se sabe nada. Muchas otras veces se usa como arma política para molestar al enemigo de Occidente como la Unión Soviética (Sajarov), la Cortina de Hierro (Walesa), China (Dalai Lama).

Ahora el Comité se tapa los ojos y los oídos pero no la boca para darle el Nóbel al bueno de Obama, mientras caen todas las bombas en Afganistán. ¿Por qué? Para tratar de incidir en el futuro, para tratar de que Obama sea Carter. También intentaron que Arafat fuera Gandhi. ¿Será un buen cálculo?

jueves, 8 de octubre de 2009

Los vivos y los muertos III

En un lugar que no recuerdo, Eric Hobsbawm señala que uno de los acontecimientos cruciales de fines del siglo XX es que, por primera vez en la historia de la humanidad, el número de los seres humanos vivos superará al número total de todos los muertos desde que tenemos noticia. Es un apunte filosófico y metapolítico.

El marxista Hobsbawm recela del optimismo de Marx respecto a la novedad que traería al mundo el predominio de los vivos con su lujuria de futuro. ¿Cuáles son las continuidades? ¿Cuáles las tradiciones? ¿Cuáles los aprendizajes con que los noveles habitantes se enfrentarán a los problemas? Por supuesto, esa preocupación valida la importancia de la historia (de la filosofía, con más veras). Se dice: ¡cuán útil les hubiera resultado a los líderes políticos mundiales en 1989 unas cuantas lecciones sobre lo que pasó después de la Segunda Guerra Mundial!

Enseguida vienen preocupaciones más prosaicas. Hobsbawm se torna casi malthusiano pensando en un mundo con 10 mil millones de habitantes y la presión que tal masa ejercerá sobre la naturaleza; un mundo en el que Europa, aparte de pequeña, será cada vez más ridículamente minoritaria; un mundo proclive a conflictos insospechados. Sin embargo, tal vez el más grave de todos hoy sea la resistencia europea a aceptar un mundo diferente, que gira sobre otros ejes y tiene otros valores.

domingo, 4 de octubre de 2009

Springsteen y la filosofía

Cuando Bob Dylan fue introducido al “Salón de la fama del rock & roll” (20.01.88), Bruce Springsteen fue nominado para hacer la presentación. Allí pronunció una frase que empieza a convertirse en síntesis de buena parte de la historia del rock y en explicación cultural convincente de dos de sus mayores fenómenos: “Bob Dylan liberó la mente de la misma manera que Elvis liberó el cuerpo”, dijo.

Auxier y Anderson, profesores de filosofía en Southern Illinois University, son los editores del volumen “Bruce Springsteen y la filosofía” y usan esa sentencia como parte motiva en la introducción del volumen. Ellos le atribuyen a Springsteen haberse enfocado en el “el corazón y el alma” que “están más profundamente aprisionados” y que son “más difíciles de encontrar y más difíciles de liberar”, de lo que son mente y cuerpo.

El intento de Springsteen estaría en “el trabajo duro y la decencia básica” como esperanza para el alma, y para el corazón, la “bendición de la familia” y “el arte de la conversación”. El resultado no puede ser asegurado, pero con la música podremos tener un corazón y un alma complacidos. No será una revolución, pero será bastante.

martes, 29 de septiembre de 2009

Five Bruce five

Hacer rankings es una de las enfermedades de los melómanos. No hay llamados a la calma, ni a la apertura, ni relativismo que valga cuando esta tentación nos ataca. No hay que ser como Rob, el protagonista de “Alta fidelidad”, quien hace listas diarias y para todos los aspectos de la vida, pero un par de listas anuales son inevitables.

Cuando Bruce Springsteen cumple seis décadas, además de oír uno tras otro todos sus álbumes, uno vuelve a poner los gustos propios en una escala. Escala que era distinta hace veinte años y no sólo por la producción discográfica sino, sobre todo, por lo que pasa en la vida.

¿Los cinco mejores álbumes?
1. Darkness of the Edge of Town (1978)
2. Tunnel of Love (1987)
3. The Rising (2002)
4. Greetings from the Ashbury Park (1973)
5. The Ghost of Tom Joad (1995)

¿Las cinco mejores canciones?
1. The River (1980)
2. Thunder Road (1975)
3. Bobby Jean (1984)
4. I’ll Work for your Love (2007)
5. Hearts of Stone (1977)

sábado, 26 de septiembre de 2009

Bono vox, one Boss

Ya se sabe de la meticulosidad que exige organizar una gira de U2… y ella pone de presente la filosofía de la banda. La gira 2009 por Estados Unidos tuvo un detalle significativo, similar a la visita a Graceland en 1987 pero más festivo. Al fin y al cabo no es lo mismo rendir tributo al ídolo muerto que ensalzar al héroe vivo.

En la gira había una fecha y un lugar inamovibles: 23 de septiembre, New Jersey. La razón la sabían pocos. Bono haría subir al escenario a Bruce Springsteen el día de su 60º. cumpleaños. Lo demás puede ser contingente… que Springsteen cante “She’s the one” y que Bono coree “él es el único” o “él es el uno”.

De U2 sabemos sus deudas con The Clash, “la mejor banda de la historia” según sus palabras. Su devoción hacia Elvis, quien debía arrobar a cualquier niño en la década de 1960. En los últimos años, Bono ya había dado pistas de haber descubierto la magnitud del Boss. Un evangelio poco novedoso el mundo norteamericano y europeo, pero una verdad por descubrir en el trópico.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Teoría contra la reelección

La mayor parte de los argumentos que se escuchan y leen contra la segunda reelección del presidente Álvaro Uribe provienen de la vesícula biliar y no del cerebro, de los escarbadores de los códigos y no de la política. Quienes esto hacen sólo dan coces contra el aguijón. Al menos después de siete años queda demostrado que ese camino sólo hace más fuerte al líder. Es bueno, por tanto, buscar por otros lados y como lo que a mí me interesa es la teoría política, pues por ahí intento.

Primero están las razones democráticas. Casi todas favorecen la reelección menos una, más importante por sus consecuencias que en sí misma, y es la de la alternación. Ciertamente la alternación permite refrescar, innovar, ensayar otros caminos, en la gestión pública.

Después vienen las razones liberales. En un país donde el espectro de la confiabilidad se quiebra entre las Fuerzas Armadas y el Presidente de un lado, y el congreso y los jueces por otro, apelar empíricamente al lustre de la división de poderes no parece muy productivo. Sin embargo, la idea de la protección de las minorías y el fortalecimiento de los mecanismos contramayoritarios en tiempos de mayorías aplastantes debe ser un argumento fuerte.

Me gustan más las razones del pluralismo. En un país dividido entre las verdades liberales y las católicas y ahora volcado hacia las verdades del proyecto uribista, el rescate del valor del pluralismo es fundamental. Sacudir a la opinión pública de esta pugna tan aburridora e improductiva entre los pro y los anti puede producir un reverdecimiento entre la intelectualidad y la opinión pública.

Por último están las razones comunitaristas. La segunda reelección amenaza con echar al traste con la unidad del país nacional y el país político. Aquí país nacional es, como en cualquier teoría política respetable, el país que se mueve: los gremios y los sindicatos, los empresarios y los medios, la iglesia católica y los académicos. En medio de la leonera regional esta escisión puede resultar muy nociva para el Estado y la sociedad colombianos.

martes, 1 de septiembre de 2009

Opinadores caricaturescos

Arcadia ha vuelto a publicar (No. 47), inusual e inteligentemente, una reciente columna de Alejandro Gaviria sobre la opinión escrita en los medios colombianos. Gaviria retoma un viejo trabajo de un intelectual inglés que establece una reflexión a partir de la antinomia entre “científicos” y “literatos”. Muy importante el debate al que convidó a seis columnistas de la prensa escrita del país. Después de haber leído a Gaviria uno se inclinaba por la expectativa de una respuesta sesuda, que pudiera enriquecer el tema, profundizarlo y encontrarle variaciones. Pero no.

Me sorprendió muchísimo que apenas la mitad de los interlocutores se dejaran retar por una insinuación provocadora que puede ser muy productiva para la discusión sobre el papel de los intelectuales públicos en Colombia. A Hommes y Abad, especialmente, se les nota que pensaron antes de sentarse a escribir, que revisaron algún apunte viejo o retomaron alguna consideración que tenían en remojo.

Lo de Yolanda Reyes es un desliz. Uno no puede cabalgar acusando de maniqueísmo un texto que en su primer párrafo anuncia que lo va a hacer es “caricaturizar una caricatura”. Así que opinar sin leer o escuchar bien aquello acerca de lo que se va a tratar es, al menos, una indelicadeza. A Alfredo Molano, cuando declara que “mi distanciamiento de la academia es cada vez mayor”, se le salió lo medieval. Y el señor Valencia, que cree que la mejora en los indicadores de desarrollo humano es incompatible con los pobres de San Juan de Arama, completa un panorama en el que la caricatura sugerida se vuelve realidad.

Debe sonreír Gaviria. Las caricaturas saltaron al papel para darle la razón.

viernes, 28 de agosto de 2009

Tres modos de mirar la política

Entre las muchas maneras de mirar la política ninguna es más clásica que la de los antagonismos. La política trata de una cadena sinfín de conflictos y luchas que se resuelven en acuerdos y pactos, después de los cuales aparecen problemas que dan lugar a nuevos desacuerdos y enfrentamientos. La gran política siempre conduce a enfrentamientos entre dos bloques. De hecho, la mayoría de los mecanismos electorales en Occidente están diseñados para llevar las diferencias a una elección entre dos.

La manera más tradicional de ver la política ha sido a través de las gafas de la oposición entre derecha e izquierda. Mucho se ha discutido sobre el asunto y en una columna de prensa no se pueden dar muchos argumentos. Baste decir que me parece genial la sentencia de José Ortega y Gasset quien dijo que ser de izquierda o derecha es “una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil”. Son maneras parciales de ver la realidad y formas de simplificación que entierran valores importantes en una sociedad.

Hace 25 años Luis Carlos Galán planteó otra óptica distinta. En una sociedad permeada por el narcotráfico, la corrupción y la quiebra de los valores tradicionales, lo importante era tratar de hacer una política decente. Donde decente significa honesta, transparente y no subordinada a ningún interés criminal. No sé si Galán sabía, pero ya en esos años algunos filósofos políticos empezaron a usar la decencia como una categoría fuerte. Una sociedad decente es la que no humilla a sus ciudadanos, una sociedad decente es la que hace todo lo posible por aliviar el sufrimiento de la gente.

Uno de los mayores pensadores del siglo XX, Norberto Bobbio, propuso otra manera especial de mirar las confrontaciones políticas. Para el maestro italiano lo definitivo es la separación entre extremistas y moderados. Básicamente, los extremistas son los que no tienen escrúpulos para justificar o usar medios criminales para lograr objetivos políticos. Los que se alían con las mafias, los grupos armados ilegales, los que apelan a la violencia abierta o soterrada. Los moderados plantean sus diferencias sin pensar que los demás no puedan tener su propia verdad, están abiertos al diálogo y tratarán de resolver sus disputas sin derramar sangre.

En sociedades donde el orden todavía es precario, como Colombia, las gafas de Galán y Bobbio son más pertinentes que las que sólo sirven para ver a la derecha y a la izquierda. Galán tocó la clave de la política colombiana a fines de los años ochenta y esa clave suponía una lucha contra el clientelismo, la corrupción y el narcotráfico. Después desgraciadamente estos tres problemas se encontraron con los aparatos siniestros de las Farc, los paramilitares y las bandas criminales.

Si entendiéramos esto avanzaríamos mucho y nos quitaríamos de encima a los charlatanes y acusadores gratuitos que andan día a día pegándole a todo el mundo la etiqueta de “izquierdista” o “derechista” para poder sentirse seguros y sabios.

Publicado en El Colombiano, 24.08.09

domingo, 23 de agosto de 2009

Los vivos y los muertos II

En esa lección de política, historia y narrativa que es El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Marx toma como punto de partida filosófico la contraposición entre los vivos y los muertos. A diferencia de las concesiones de Burke al mundo de los muertos y de la prudencia negociadora que sugiere Canetti, Marx llama a una insurrección de los vivos.

“La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”, sentencia. El espíritu revolucionario consiste en derribar el poder del mundo de los muertos que se expresa en la tradición. Por eso las revoluciones políticas tienen que estar precedidas de una revolución espiritual, de lo contrario toda imposición, todo despotismo que pretenda saltar sobre las circunstancias están condenados a volver a “la inmundicia anterior”. Esta es la sugerencia sobre la cual construyó Antonio Gramsci su atractiva interpretación.

Marx nunca creyó en la idea de reeditar el pasado; esa nostalgia se la deja a los herederos de Rousseau y al reaccionarismo romántico. Es famosa su alusión hegeliana de que la historia sólo se repite como tragedia o comedia. Cierto cinismo le lleva a reconocer que un pasado atractivo puede utilizarse instrumentalmente, falseándolo por supuesto, para apalancar los nuevos procesos políticos. Pero su advertencia es taxativa: “La revolución no puede sacar su poesía del pasado, solamente del porvenir”.

Quienes sólo miran al pasado apenas conocen el mundo de los espectros, pero de lo que se trata es de encontrar los espíritus de la época. En el mundo político la oposición entre vivos y muertos es la lucha entre los espectros y los espíritus.

lunes, 17 de agosto de 2009

Sicología y política

El muy serio analista político Andrés Oppenheimer se excusa de incurrir en un análisis sicológico del presidente Rafael Correa (El Colombiano, 16.08.09). La excusa es válida porque tales argumentos son de lo más raro en los escritos políticos y sólo en medio de grandes tormentas se usan como recurso de combate; al fin y al cabo nadie siente necesidad de hacer un perfil sicológico de un político “bueno”, eso sólo se hace con uno “malo”.

Es más válida si se escribe para un medio colombiano, pues en los últimos años los rasgos síquicos del líder se han vuelto un expediente recurrido, incluso entre opinadores provenientes de la academia. Una cierta impotencia para explicar los fenómenos del carisma y la popularidad casi incondicional en tiempos de la política mediática y la cyberopinión, mezclada con un apasionamiento mal disimulado.

No es que se apele a la tradición de la sicología de masas creada por Gustave Le Bon, apuntalada por Freud y después reformulada magistralmente por Elias Canetti. No. Por lo regular se trata de una manera sutil de convertir el chisme de coctel o de cama en información pública y de insinuar con frases sibilinas lo que no se puede sostener en un debate franco o ante un tribunal.

El uso de los hechos o los signos que podrían explicar una siquis enferma en el gobernante demuestra la admiración torturada del escritor político por el líder, a quien se termina mitificando desde el ataque poco razonable. Y así mismo deja ver la desconfianza que se tiene en la fortaleza de las instituciones sociales, las bondades del sistema político, las exigencias de un mundo interconectado y el juicio del ciudadano.

martes, 11 de agosto de 2009

Estado de excepción regional

Los cambios políticos ocurridos durante la última década en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Honduras han sumido a los analistas y a los políticos en una discusión tan intensa como confusa. Ni se diga de las opiniones sobre el clima de inestabilidad que se ha generado en las otrora tranquilas y aburridas relaciones interamericanas, que tenían a Cuba como único tema animado.

Para una vertiente de los estudios políticos, todavía marginal por estos lares, tales equívocos provienen de una ciencia política anacrónica y un sistema de categorías políticas que ha envejecido mal sin que sus usuarios se percaten o se molesten en revisarlas. Una muestra de esta incapacidad es la discusión sobre si Venezuela es una dictadura o una democracia, o la tendencia a especular sobre las condiciones psíquicas de Chávez u otros gobernantes regionales.

Me parece que entre los renovadores del pensamiento político podemos encontrar pistas más útiles. Una está en el concepto de “estado de excepción”. Tal como el pensador italiano Giorgio Agamben lo dice, el estado de excepción representa una especie de zona intermedia entre la democracia y el absolutismo, caracterizada por la suspensión del orden jurídico y la concentración del poder en una parte del Estado. A ello se le puede agregar la creación de una institucionalidad paralela con sello partidario, la generación de un clima de emergencia permanente y la movilización hostil contra los adversarios políticos.

Esto caracteriza claramente los casos venezolano, boliviano y nicaragüense, y en menor medida el de Ecuador. Se trata de estados de excepción prolongados donde la ley pública y general da paso a una arbitrariedad sostenida por un apoyo popular mayoritario y un control fuerte de todos los órganos del poder público. De esta manera el totalitarismo, igual que ocurrió en la Alemania nazi, puede imponerse tras una cuidadosa adaptación a las formas democráticas y un uso calculado de la retórica revolucionaria.

La otra peculiaridad es que estos estados de excepción necesitan alterar la institucionalidad y la gobernabilidad regionales y tratan por todos los medios de crear un estado de excepción en la región. Primero, porque la movilización y el clima de emergencia necesitan la creación de un enemigo externo, que siempre será Estados Unidos en el trasfondo pero que tiene que buscar sus adversarios apropiados, como Colombia, Perú o México. Segundo, para hacer explotar instituciones como la Comunidad Andina o la OEA, poner en cuestión la legalidad internacional y cambiarlas por condiciones favorables a los nuevos poderes.

Algunas de las implicaciones prácticas de este análisis permitirían afirmar que Venezuela, Bolivia y Nicaragua son las puntas de un proyecto político que tiene como aliados a las Farc y a los demás carteles regionales de la cocaína y constituyen el principal factor de desestabilización. Mientras que el potencial beneficiario a mediano plazo es el nuevo poder emergente brasileño que lucha por crear un espacio suramericano bajo su hegemonía. Todo esto en medio de la pasividad de Estados Unidos, la complicidad de Europa occidental y la actividad rusa, china e iraní.

Publicado en El Colombiano, 10.08.09

miércoles, 5 de agosto de 2009

Los vivos y los muertos I

Según Elias Canetti existen “tres oposiciones fundamentales” en la vida social humana, verdaderas regularidades de los procesos de conservación y movimiento de las sociedades, que son las dobles masas de los hombres y las mujeres, los vivos y los muertos y los amigos y los enemigos. Estas masas pueden traslaparse como en la guerra y otras formas extremas de supervivencia, pero tienen también sus casos de primacía o de pureza.

Existe una lucha desigual entre el mundo de los vivos y de los muertos cuya asimetría explica la constancia y la determinación de los vivos por preservar su mundo. El nacimiento y la enfermedad, el autocuidado y el suicidio, la gestión de la propia vida y la biopolítica, las explosiones demográficas y los contragolpes que sufre la soberbia técnica, la fatalidad del replicante y la ilusión del vampiro, todos esos fenómenos expresan la dinámica de aglutinación de la masa de los vivos.

Esa asimetría irreductible, en la que a la larga la muerte siempre triunfa, implica también el respeto hacia el mundo de los difuntos y la voluntad de que esa lucha no llegue al punto de la provocación y la incitación que desate toda la fuerza de los muertos. Mostrarle a quien agoniza un verdadero interés por conservarlo es ganar un poco su benevolencia en el más allá. En nuestra época parece, a veces, que este respeto es apenas un ardid para ganar tiempo en la esperanza de que un objetivo inconfesado e ilusorio de conquistar la inmortalidad pueda conseguirse.

Esta oposición no puede ocultar la existencia de una figura altanera y perturbadora: la del sobreviviente.

domingo, 2 de agosto de 2009

Volver

Pasa la vida por la llanura placentera del descubrimiento de nuevas novelas y de viejos escritores, de saber que cantantes de antaño eran más que una canción, de conocer nuevas síntesis y relatos inesperados del pasado, de sentir un verano sostenido por primera vez en tres años y volver a saber del calor y de atardeceres de colores.

Así nos llega la mitad de año bajo la tiranía de las vacaciones del norte, la repetición de los capítulos vistos de las series de televisión y la vacuidad de la prensa que también manda su seriedad a la playa. Empieza esa horrible sensación de pensar que la única novedad es el campeonato colombiano de fútbol, el primero del mundo en lentitud y desgano, el más densamente poblado por árbitros incapaces y analistas mediocres.

Hasta que un domingo como cualquiera otro abre su tarde generosa y el sol del poniente pega contra el cemento y los acrílicos de las graderías que empiezan a enrojecerse con la lealtad cierta de las mismas veinte mil almas de siempre, y norte se llena de trapos saturados de x (las x del anonimato, la humildad y la resistencia). Entonces se despierta el sentimiento antiguo y el corazón se levanta y ya no somos nosotros cuando aparece en la cancha una fila india de once muchachos vestidos con la camiseta sagrada.

Es uno de los sentidos que tiene la vida.

miércoles, 29 de julio de 2009

Masa y poder

La figura de Elias Canetti (1905-1994) sigue siendo muy extraña a pesar de su frecuencia en bibliotecas y librerías. Judío nacido en un pueblo búlgaro del Imperio Austro-Húngaro y escritor en lengua alemana, su producción es inquietante. El Premio Nobel (1981) puso al mercado a girar alrededor de “Auto de fe”, su única y críptica novela que –para ser francos- me desconcertó y me hizo sentir perdedor de unos valiosos pesos.

Sin embargo, su gran obra es “Masa y poder”, sólo que no es ficción y como no-ficción es inclasificable. Podría ser una obra de antropología filosófica pero sus procedimientos son radicalmente heterodoxos. Canetti construye una serie de díadas y tipologías –algunas de ellas muy originales– para ampliar la interpretación de la vida sociopolítica. La díada más fuerte es, por supuesto, la que componen la masa (un instinto tan fuerte como la libido y el hambre) y el poder (una capacidad que siempre está más allá, en extensión y tiempo, que la fuerza).

Allí está como una de las obras mayores del siglo XX. Una obra que, en especial, debe ser leída atentamente por los interesados en la política. El maestro Norberto Bobbio lo hizo y quedó deslumbrado. No la conectó con su paso drástico y definitivo de la filosofía del derecho a la filosofía política, pero de sus memorias siempre queda la impresión de que la rebelión juvenil del 68 y la lectura de “Masa y poder” le sirvieron de catapultas para cambiar de perspectiva.

martes, 21 de julio de 2009

La aversión al agua

Con motivo de la reapertura de la Estatua de la Libertad, el célebre periodista estadounidense Guy Talese escribió un reportaje para The New York Times (04.07.09) en el que cuenta una travesía completa en Circle Line alrededor de la isla de Manhattan para terminar a los pies de la dama. Talese plantea lo inusual de su situación a partir de su rechazo del agua, de su miedo a navegar y de su negativa a aprender a nadar.

¡Que tal si el origen del apellido Talese fuera “thalassa” (mar en griego) para urdir una pequeña ironía! Todo indica que el reportero no le ha dado muchas oportunidades al mar ni a los grandes ríos. Cosa distinta pasó con Charles Darwin quien confesaba: “Odio el mar… odio cada ola del mar”, y ello a pesar de tener que trasegar por los mares en sus viajes de naturalista, soportando todos los mareos, malestares y agobios imaginables.

Las fobias que Talese atribuye a pequeños traumas familiares y Darwin a sus debilidades físicas, las atribuye Carl Schmitt a una mitología política. La que entiende que hay unas formas sustancialmente diferentes de hacer política entre las potencias de la tierra y las potencias del mar, la misma que ha hecho que –por ejemplo, Antonio Negri– distinga entre política continental y política atlántica, la misma que tal vez se remonte a Tucídides y a su decisión de llevar a Atenas de la tierra al mar.