martes, 22 de marzo de 2011

De la justicia

Siendo joven para morir –y más joven aún para ser filósofo– el pensador Chaïm Perelman (1912-1984) escribió un pequeño ensayo titulado De la justicia. Fue publicado en formato de libro y la edición española más reciente fue hecha en México hace casi 50 años y ocupa apenas 80 páginas.

Perelman –quien nació en Polonia y se hizo después ciudadano belga– afirma que la justicia es una noción que tiene mucho prestigio y que se trata de un término que entraña fuertes emociones. Sin embargo, para él, la justicia también es una noción confusa. De hecho, su trabajo se despliega analizando seis maneras distintas de entender la justicia. Por supuesto, allí hay un problema terrible. Cuando se habla de justicia se percuten en la sociedad y las personas sentimientos y reacciones muy profundas, que suelen tornarse problemáticas ya que al hablar de justicia muchas veces entendemos cosas distintas.

Esta antigua dificultad de la noción de justicia se ha querido subsanar modernamente con el predominio de la llamada “justicia formal”, es decir, en la observación rigurosa de la regla y la igualdad de tratamiento a las personas semejantes. Pero Perelman cree que esta solución es apenas parcial porque normalmente las reglas están vinculadas con un sistema de valores, y los sistemas de valores tienen principios injustificados y algunos elementos arbitrarios.

En virtud de estos argumentos, Perelman llega a la conclusión de que es inevitable que existan elementos de arbitrariedad en todo sistema judicial o, para decirlo en sus propias palabras, que “no hay justicia perfecta y necesaria”. Por lo tanto, la famosa máxima de “hágase justicia, aunque perezca el mundo” es inmoral. Si no hay justicia perfecta, si siempre hay elementos arbitrarios e injustificados en los sistemas legales, no puede llegarse a una conclusión tan radical.

De esta manera, Perelman se opone a una concepción del mundo basada exclusivamente en el valor de la justicia y su operacionalización a través del sistema legal y de los tribunales. Un reino sólo justo sería curiosamente un reino lleno de arbitrariedades y de medidas insostenibles racional o argumentativamente. Da a entender que el “pereat mundus, fiat justitia” sería un lema que hoy llamaríamos fundamentalista, por más que el divino Kant lo haya recogido en su “Paz perpetua”.

Llegados a este punto, parecemos en un callejón sin salida. Perelman propone una solución: es necesario que el sistema legal se impregne “con valores más inmediatos y más espontáneos”. La página y media de su maravillosa conclusión en este ensayo termina con esta frase: “Todo sistema de justicia debería no perder de vista su propia imperfección y concluir que una justicia imperfecta, sin caridad no es justicia”.

El ensayo está datado el 1 de agosto de 1944. Perelman era judío, ya se tenían noticias del genocidio nazi y se escuchaban las voces de la venganza en forma de tribunales y organización de cacerías para los responsables. Pero Chaïm Perelman –el fundador de la nueva retórica y autor de la ya clásica “Teoría de la argumentación” – estaba llamando a tener consideraciones de caridad, a no olvidar los valores sin los cuales cualquier sistema legal puede ser simplemente un instrumento de enriquecimiento, de venganza o de instrumentalización política.

Publicado en El Colombiano, 21.03.11.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Gadafi, bastardo de Occidente

Hace pocos meses Estados Unidos había restablecido relaciones diplomáticas con Libia. El año pasado la justicia británica negoció con el régimen de Gadafi la repatriación sin pena cumplida del autor de la masacre de Lockerbie (270 personas muertas). España, Francia e Italia se convirtieron en cajeros de la fortuna que Gadafi y sus hijos les han robado a los pueblos de Libia. Y toda Europa en la sede de los congresos multitudinarios de difusión del pensamiento del “hermano líder”.

El año la Asamblea General de la ONU –ese portaestandarte magnífico de los ideólogos del gobierno global– eligió los 47 miembros del Consejo de Derechos Humanos (párrafo 7, Resolución 60/251) y el régimen del coronel ocupó uno de los cinco escaños africanos con el voto de 155 países. El 1 de marzo de 2011 decidieron suspenderlo.

Uno entiende que ese tridente de prohombres latinoamericanos que conforman Castro, Ortega y Chávez aplaudan y respalden a Gadafi. Pero su apoyo moral y sus discursos demagógicos son nada en comparación con el apoyo europeo al dictador, con el silencio estadounidense y con la complacencia de medio mundo. Los crímenes contra la humanidad se limpian con petróleo.

martes, 22 de febrero de 2011

Gadafi: el fundamentalismo laico

El realismo conservador aconseja, hasta ahora, analizar el Oriente Medio bajo la dicotomía laicos-religiosos. Se cree que los laicos son moderados por naturaleza y los religiosos fundamentalistas. Europa –la gran celestina mundial– se amparó en sus anticuados parámetros ilustrados para apoyar los despotismos en El Magreb y sostener hasta hoy a sátrapas como Gadafi (con quien han negociado los muy sagrados “crímenes de lesa humanidad”).

Hasta ahora, la oleada de rebelión civil en los países árabes muestra otra cosa. El presidente de Túnez salió corriendo (acto casi siempre decoroso), el rey de Bahrein hace concesiones, Mubarak se hace a un lado. Solo Gadafi –ideólogo del socialismo árabe y teórico de la democracia popular– se atreve a bombardear a los manifestantes, algo no visto ni en el chile de Pinochet ni en la Cuba de Castro.

El líder ha dicho que prefiere morir como un mártir y ese es el signo distintivo del fundamentalismo. El problema no está en la religión. Está en la convicción de poseer una verdad única, infalible e innegociable. El fundamentalista hará una carnicería en nombre de su creencia superior, antes que ceder a las fuerzas del error o la disensión. En el mundo contemporáneo los males de la religión, son insignificantes al lado de las calamidades que han generado los políticos perfeccionistas.

sábado, 12 de febrero de 2011

Revolución y democracia en Egipto

Las dos palabras más recurridas para describir los acontecimientos en Egipto, después de los 18 días que culminaron el 11 de febrero, son revolución y democracia. Ambas caben, pero no sin aclaraciones.

La revolución egipcia pertenece a un nuevo tipo de revoluciones que espera denominación y que se ubican en lo que un analista brasileño llamó “historia posrevolucionaria”. Estas revoluciones no siguen el modelo francés, ruso o chino, dominante desde el siglo XVII hasta el triunfo del sandinismo en Nicaragua. Siguen siendo cambios súbitos y masivos, pero son pacíficos y vagos en su proyecto.

Son movimientos democráticos en el sentido más elemental y primario, porque son hechos por el demos. No son democráticos en el sentido en el que la prensa y los evangelizadores de la democracia liberal lo suponen. De la revolución iraní de 1979 –tal vez la primera de las revoluciones posmodernas– no se puede decir que haya emergido la democracia liberal y de las revoluciones de 1989 tampoco.

No sabemos qué va a salir de Egipto. Fareed Zakaria predice una “democracia iliberal”. Boutros Gali dijo hace poco que en África la democracia pasa por las tribus, y una democracia entre tribus puede ser democracia pero no será liberalismo. Probablemente “democracia” sea el más polémico de los términos políticos actuales, así que no hay que exagerar las celebraciones.

martes, 1 de febrero de 2011

Rodrigo D No futuro: el álbum

Como señaló en un comentario Iván Darío Cano, basándonos en las cien canciones seleccionadas por Haga la U, el álbum emblemático del rock paisa es el que se editó en 1988 como banda sonora de la película Rodrigo D. No futuro de Víctor Gaviria. El criterio más simple es que ningún álbum tiene más canciones en el listado.

Hay más criterios para seleccionarlo. El vinilo tenía una cara punk (A) y otra metal (B), lo que define las comunidades más arraigadas en la región entre los años 1980 y 1990. Algunas de las figuras más importantes de la escena local de ese entonces están vinculadas al disco: Carlos Mario Pérez “La Bruja” como asesor musical y Mauricio Montoya “Bullmetal”, como asistente. No sobra recordar que el primero era de Parabellum y el último de Masacre.

Además, algunas de las figuras más importantes del futuro inmediato: Ramiro Meneses, baterista y voz de Mutantex, protagonista de la película y después del cine y la televisión nacionales; y Federico López “Habichuela”, guitarra y voz de Ekrión, tal vez el productor e ingeniero de sonido más importante del país (ya habrá ocasión de hablar de él).

El disco original en vinilo, producido por Tiempos Modernos y JJ Mundo, tenía 15 títulos. En 2007, Mad Man Productions presenta una edición en cd con mejor información, pero distinta (16 canciones). Mad Man (Gonzalo Arcila) excluyó los temas “Tu futuro es muerte” y “Blasfemia” de Dexkoncierto y Postmortem, respectivamente (en la cara B original), e incluyó “Niebla y calor” (Ekhymosis), “Podredumbre” (Sacrilegio) y “Existencia putrefacta” (Nekromante). Los argumentos no aparecen por ningún lado.

Lo cierto es que tenemos dos ediciones. Y más historias. Las grabaciones para la selección del disco fueron más abundantes e incluyeron “La bota militar” de Los podridos, que también aparece en el listado.

miércoles, 26 de enero de 2011

La summa del rock paisa

Aunque una de las más graves enfermedades profesionales del melómano sea la de hacer rankings, por alguna extraña razón en la música joven de Antioquia carecemos de ellos. Tal vez el primero que lo intentó fue Juan Antonio Agudelo –pionero en tantas cosas de la escena local– cuando en una exposición en Comfenalco se atrevió a postular los 16 álbumes más importantes del rock colombiano.

Ahora Santiago Arango desde “Haga la u” se metió en una cosa más grande: auscultar y depurar el listado de “Las 100 canciones de la música local” (véase: http://www.hagalau.net/index.php?option=com_content&view=article&id=527&catid=35). Yo prefiero seguir hablando de rock, aunque sea inexacto también, para dejarle espacio a los músicos populares de la región que no pertenecen a esta constelación de gusto.

Habría que ponerle mucha más información al listado para agregarle valor al trabajo iniciado por Santiago, pero hay datos que emergen a primera vista y que pueden resultar sorpresivos para muchos:
1. La gente respeta los clásicos: Los Yetis, Carbure, Nash, figuran en la lista. Nuestra historia no es larga, pero no siempre el público mantiene la memoria de cuatro décadas.
2. Hay cuatro grupos que ponen tres canciones cada uno y se ubican en el Top 1 de la lista: Kraken, Mutantex, Bajo Tierra y Frankie ha Muerto.
3. Otros once grupos, con dos canciones cada uno, van al segundo lugar: Carbure, La Pestilencia, Masacre, Nadie, Estados Alterados, Ekhymosis, IRA, Fértil Miseria, Neus, Tres de Corazón y Puerto Candelaria.
4. El listado es muy variado. Hay espacio para Alejo García y Silvia O, entraron Charco Corazón y Siguarajazz, se le da un lugar a Parabellum y, sorprendentemente, a Los Podridos que nunca pusieron nada en vinilo.
5. El corazón y los oídos del melómano antioqueño siguen agitándose con los sonidos del punk, el metal y sus derivaciones. Creo que eso también queda claro.

domingo, 23 de enero de 2011

La estatua de Confucio

Cuenta Adriana Larotta (El Tiempo, 22.01.12) que el gobierno chino acaba de erigir una estatua monumental a Confucio en plena Plaza Tiananmen. Aunque parezca increíble el centro de las disputas filosóficas durante 60 años en el seno del comunismo chino ha sido el filósofo que vivió en un tiempo anterior al de Sócrates. Y si ahora conviven en la gran plaza el retrato de Mao y el bronce del pensador debe significar algo.

Larotta dice que ello demuestra la falta de ideología en China, pero a primera vista parece más bien un intento de reforzar el ámbito ideológico en la nueva gran superpotencia. Tampoco se puede reaccionar diciendo que donde no hay ideología es en Occidente. En el mundo occidental la ideología dominante es la del mercado, que por desgracia los liberales festivos la confunden con la suya propia. Mientras los economistas liberales se engañan creyendo que el mercado no entraña ideas, ni supersticiones.

Pero lo más interesante del asunto es que mientras en la potencia decadente la ultraderecha busca enterrar la filosofía, como lo demuestran la política educativa de Bush y las decisiones del rector de la State University of New York, en la potencia emergente el símbolo antonomástico de la misma se coloca en el centro del poder político y simbólico del país y del Estado.

domingo, 16 de enero de 2011

Wikeaks: última (espero)

Después de soportar varias semanas de filtraciones, Fernando Savater acaba de publicar su opinión sobre Wikileaks. Es un artículo corto titulado “Transparentes abusos” (Tiempo, 23.12.10). Puede leerse completo en: http://www.tiempodehoy.com/default.asp?idpublicacio_PK=50&idioma=CAS&idnoticia_PK=62629&idseccio_PK=630&h=101029

Destaco solamente su mejor aporte conceptual respecto a los límites de la transparencia. Cito: “Hay dos tipos de transparencia, la de gestión y la de opinión o deliberación. La primera es imprescindible en democracia: queremos saber a qué destinan los gobernantes nuestros impuestos, cómo defienden nuestras garantías y derechos, cuál es la justificación de sus decisiones políticas, etc...; la segunda es una agresión totalitaria contra el buen funcionamiento de las instituciones y la privacidad de las personas, ocupen cargos públicos o sean simples particulares. Confundirlas es parte de la actual imbecilización social, a la que no es ajena la maquinaria espléndida pero a veces devastadora de Internet. Última observación: dejando aparte a Berlusconi, Putin, los hermanos Castro y alguno más, no hay político que me resulte tan sospechoso y tan poco fiable como el señor Julian Assange... y sus partidarios”.

Mario Vargas Llosa ha salido a suscribir la crítica de Savater con una argumentación más bien floja y una confusión terrible –propia de un liberal dieciochesco– al incluir la dicotomía público-privado en un asunto que trata de política y, por tanto, de asuntos públicos (El País, 16.01.11). Y es que lo público político nunca representa una transitividad pura con la publicidad como creía Kant.

Vuelvo a Savater y su sarcasmo contra los partidarios de Assange por sospechosos y poco fiables. Hagan una lista mental de los poco fiables intelectuales colombianos que lanzaron voladores con las hazañas de Wikileaks.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Wikileaks IV: Tiranos y piratas 2.0

Daniel Samper Pizano ha dedicado sus últimas columnas del 2010 a hacer elegías de Julian Assange. En 40 años nunca lo he leído tan apologético, tan dedicado a la hagiografía como con el fundador de Wikileaks. El argumento más fuerte que ha esgrimido es que prefiere a Assange sobre Kissinger.

Anacronismos aparte –porque tendría que decir que lo prefiere a Hillary Clinton– Samper El Bueno nos pone a escoger entre un tirano y un pirata, lo que desde luego se trata de una falacia. Aquí no hay dicotomía. No tenemos que escoger entre el secretismo del Estado y el panóptico de los piratas 2.0. Entre uno y otro hay muchas posibilidades. Si no lo creen, lean el artículo de Peter Singer “La diplomacia abierta es posible?: http://www.project-syndicate.org/commentary/singer69/Spanish.

Por supuesto, que tiene más glamour Assange que los piratas somalíes del océano Índico pero son lo mismo. Sólo que el australiano opera en escala global y usa recursos a través de los cuales roban todos los días las cuentas de correo, las claves de acceso a sitios comerciales y bancarios, y se vigilan las comunicaciones en internet a centenares de millones de personas.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Wikileaks y las tres próximas guerras

Recordaba hace dos años (19 de febrero de 2009, Hipocresía y política IV) que Hannah Arendt había hallado en la lucha contra la hipocresía la explicación del carácter sangriento y terrorífico de la Revolución Francesa. Siguiendo las huellas jacobinas, Marx creía que la tarea de la crítica era despojar a las cadenas de las flores que las mimetizaban.

El trabajo de Wikileaks puede ser visto –y de hecho muchos espíritus liberales lo han visto– como la prosecución de esta supuesta misión moderna. Robert Wright (NYT, 08.12.10) cree lo contrario. El bloguero de Opinionator dice que el señor Assange cree que es un anti-Bush pero que en realidad es un anti-anti-Bush. El argumento es que Wikileaks es la mejor ayuda al neoconservatismo para profundizar las líneas de fractura que crearon los halcones de Bush.

Esto significaría que Wikileaks estaría ayudando sin proponérselo a la prolongación del tipo de guerras que la realpolitik desató durante el siglo XX. El tipo de guerras sobre las que Huntington llamó la atención y que sus malos lectores interpretaron como una prescripción. Las guerras modernas mutadas en guerras de la agonizante hegemonía europea contra las civilizaciones emergentes.

Sin embargo, el ataque frontal de Wikileaks al corazón de la diplomacia estatal es más bushista de lo que Wright percibe. La bandera de la transparencia es la justificación de la guerra preemptiva (preemptive war), núcleo duro de la doctrina de la dupla Bush-Rumsfeld. Sobre estos riesgos ya había advertido Philip Dick en el cuento que dio origen a Minority Report. Assange le estaría sirviendo así a las guerras que el fundamentalismo religioso de la extrema republicana puso en marcha desde el fin de la Guerra Fría, cuyo mejor ejemplo es la de Irak.

El último tipo de guerras parece haber empezado el 7 de diciembre. El ataque de la red de Assange contra los sistemas informáticos de un banco suizo y de Mastercard, precedido por los controles a las cuentas de Wikileaks; las amenazas de los hackers contra twitter y las de los bancos para neutralizar a PayPal; todo ello son los primeros anuncios de la guerra informática. Que por ahora sea la insinuación de una guerra virtual puede significar dos cosas: que tendremos pronto una nueva forma de guerra o que la vieja guerra con “efusión de sangre” usará también nuevas armas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Wikileaks: hipocresía y política V

Dice Umberto Eco que los cables de Wikileaks evidencian el incumplimiento del “deber de hipocresía”. El deber de hipocresía nos obliga a no repetir en público lo que se dice en privado. En este caso ni siquiera se trata de eso. Se trata –sigo parafraseando a Eco– de no repetir oficialmente lo que es de curso corriente en público, pero en medios no oficiales.

Aquí la hipocresía adquiere un matiz asombrosamente tenue. Se trata de que los diplomáticos le “hagan ver” a sus pares “que no saben”, lo que es de dominio público. De ignorar lo que intelectuales, académicos y otros sectores informados saben y promulgan a los cuatro vientos. Por ejemplo, de tratar a Cristina como si no fuera una pelele, a Chávez como un caballero, a Putin como un demócrata y al rey de Arabia como a un ilustrado.

La lucidez de Eco está en elevar la hipocresía a un deber de la política, al menos de la internacional. Y en elevarse por encima de la discusión sobre cierta idea ingenua y maximalista de la transparencia, y del integrismo que desconoce la propiedad de lo político, y con ello sataniza el secreto e, incluso, la discreción.

Véase: http://www.presseurop.eu/es/content/article/414691-hackers-vengadores-y-espias-en-diligencia

domingo, 5 de diciembre de 2010

Wikileaks y Hobbes

Cuando los principales periódicos del mundo llenan sus pantallas a todo lo ancho con los titulares que les proporcionan los cables de Wikileaks, uno no sabe que hacer. Por varias razones: la primera, es que la mayoría de esos datos ya habían sido divulgados y analizados por el periodismo investigativo de revistas como Foreign Policy, por ejemplo. Cuestión de leer un poquito más que los tres renglones de twitter.

Otra, es que se trata de cosas asentadas en las opiniones públicas nacionales y occidentales, que las ha pensado cualquier paisano y ahora se recubren de prestigio porque las afirma un funcionario de embajada: que si a la Kirchner la manejaba el marido, o Zapatero no sabe dónde está parado o el temor mexicano al avance narco, o que los árabes no quieren que los iraníes tengan la bomba (cosa predecible desde hace mil años, por cualquiera que conozca algo de historia).

Sin embargo, lo que más me asusta es volver a saber en qué manos está la información del mundo. Editores y periodistas reputados que se sorprenden como niños con las cosas que ya Cicerón, Bodino y Hobbes habían dicho del poder en una sabiduría bien establecida en el pensamiento político. Se trata de puro “amateurismo”. Y a un amateur lo asalta cualquier vivo como el señor Assange.

jueves, 18 de noviembre de 2010

La Presidenta tuvo la culpa

¿Quién tuvo la culpa? En Itagüí fue Muñoz, en Caldas Valeria, a veces en Bello es García. Esta semana la culpable fue La Presidenta. No en Argentina, en Medellín. Y no querido lector, no crea que hemos llegado al punto de hablar de las responsabilidades personales, públicas y privadas, de los males que nos ocurren con frecuencia. No. Son nombres propios de algunas quebradas famosas del valle de Aburrá.

Pero las quebradas no tienen la culpa, ni los ríos, ni las montañas, pues no son agentes autónomos dotados de conciencia o voluntad y, por tanto, tampoco sujetos de ninguna responsabilidad. Muchas veces, la naturaleza se manifiesta expresando sus propios procesos. Pero los casos de los desbordamientos de las quebradas en nuestra región, básicamente se deben a la intervención del factor humano y a la falta de intervención del Estado.

Lo que está pasando en Colombia con los desastres urbanos –y muchos rurales– es fruto de una cadena de delegaciones, negligencias y temeridades de diferentes agentes sociales. En primer lugar –como es característico del Estado colombiano en varios ámbitos– se diagnosticó la incapacidad de las unidades de planeación de los municipios para gestionar el desarrollo urbanístico y se creó un ente privado llamado las curadurías a las que se les asignó esa responsabilidad.

En segundo lugar, teniendo las curadurías toda la potestad para otorgar licencias de construcción se les dejó sin un control efectivo por parte del Estado que permita orientar, vigilar y sancionar las actuaciones de los curadores. Por el contrario, se creó un sistema de remuneraciones (expensas) que es un contrasentido porque estimula la aprobación de licencias y, en sentido contrario, desestimula los controles y las restricciones que debe tener un proyecto de construcción.

En tercer lugar, esta vulnerabilidad institucional –que se agrava cuando hay zonas grises en los planes de ordenamiento territorial– es aprovechada temerariamente por lo negociantes de todo tipo: los dueños de terrenos dudosamente urbanizables, los gestores de proyectos urbanísticos y los comercializadores que pescan incautos vendiéndoles la “naturaleza”.

Al parecer se trata se un círculo virtuoso que suple una deficiencia del Estado, pone a funcionar el mercado con más libertad y, además, le permite enriquecerse a unos señores que son los responsables de todo lo que vemos: urbanizaciones montadas sobre quebradas, construcciones en zonas protegidas, desmantelamiento del bosque que está sobre Las Palmas, cárceles elegantes como la de Los Balsos con la Avenida El Poblado, etc.

Pero cuando llegan las tragedias –pequeña como esta semana en La Presidenta o grande como la de Alto Verde– nadie aparece. O casi nadie. Las familias y los ciudadanos que pagan el precio de la falta de escrúpulos de todos los que están detrás de su apartamento. Y el Estado –o sea, otra vez los ciudadanos– que tiene que cubrir con su presupuesto los daños ocasionados por los desastres “naturales”.

Dejemos a un lado la mitología de las sociedades primitivas. La naturaleza no tiene designios y no es un agente moral. Cada que ocurre un desastre en centro urbano hay que preguntarse seriamente cuáles son las instituciones y los agentes privados que hicieron y dejaron de hacer qué cosas para que el daño haya ocurrido. Así veremos que La Presidenta no tuvo la culpa.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El liberalismo de Vargas Llosa

Aunque más tenues que otras, las discusiones políticas sobre el Premio Nobel de Literatura han emergido. No hablo de Oliver Stone cuya sabiduría política se resume en que es “chavista”, sino de los comentarios avisados de gente como José María Lasalle, Javier Cercas, Alberto Buela y otros.

Para los dos primeros, el valor político del escritor peruano reside en que se trata de un liberal. Para Buela, este asunto es adjetivo: lo importante es que se trata de un escritor que reivindica el español como factum metapolítico que impone ya una perspectiva. Ambos juicios son compatibles. En muchos sentidos Vargas Llosa es un ejemplar de lo suramericano –como García Márquez o algún Borges– y su obra basta para demostrarlo.

Y paradójicamente es también muestra de un liberalismo casi puro y muy desarraigado. Hasta el punto de que puede servir de medio de contraste para probar qué tan liberales son nuestros liberales. El examen puede hacerse a través de, al menos, dos libros de artículos políticos del escritor o del seguimiento a sus columnas en El País de Madrid o El Colombiano. Los que no se escuecen por su defensa de la legalización de la marihuana lo harán por concederle razón al Tea Party en su idea de limitar la intervención estatal.

lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Por qué Miguel Hernández?

La pregunta de acerca del porqué de la vigencia –tenue y espasmódica– de Miguel Hernández es básicamente íntima. ¿Por qué me gustaba Hernández en la juventud y, a veces, un poema suyo todavía me llega como los mejores? Y porqué porque está claro que se trata de un poeta menor, incluso muy menor: dentro de su generación, en la que hay gigantes como Machado (Antonio), García Lorca o Salinas; fuera de ella, ni se diga.

Aparte de una muerte trágica a manos de un régimen político de derecha, que es de las mejores recetas para cierta inmortalidad, el atractivo de Hernández puede ser su temática que pudiéramos llamar de un “bucolismo victimista”: éramos tan pobres y somos tan sufridos. Eso arrebata. Con plena legitimidad en el campo político, con ninguna en el poético.

Sobre todo está esa lírica sencilla y musical que le hace un poeta comprensible, alguien con quien se puede se puede tener una empatía inmediata. Una inmediatez tan aplastante que hace innecesario volver a leer sus poemas. Para eso están –mejorados– por Serrat y podrían estar permanentemente (si alguien los graba) por el grupo de rockeros paisas que musicalizaron una docena en presentación pública del pasado 26 de octubre en Comfenalco.

lunes, 18 de octubre de 2010

Solomon Burke

Desde muy joven Solomon Burke se tomó en serio su postulación como rey del soul. En sus conciertos y presentaciones televisivas usó cetro, báculo y un trono inmenso para acomodar sus voluminosos 200 kilos. Pero antes de ser rey fue predicador, heredero de una de las miles de iglesias norteamericanas y, muy pronto, obispo.

Al final, poco o nada de eso importa. Lo único trascendente es la música de Burke y, sobre todo, su voz. No fue un compositor significativo –aunque “The price” sea una gran canción. Su atractivo siempre estuvo en la interpretación. Recordado por sus años de gloria en la década de 1960, yo prefiero al cantante de la última década, más único y menos estándar, enriqueciendo las composiciones de intérpretes superlativos como Tom Waits, Van Morrison o Elvis Costello.

Esa reaparición de Solomon Burke en el siglo XXI, además, significó la revalorización del soul y la reincorporación de las voces negras virtuosas (casi un pleonasmo) a los principales canales de difusión de la música popular. Burke aparecía en las filas traseras de una marcha encabezada por John Legend, Alicia Keys, Usher y otros nombres que no sabemos si serán recordados dentro de 20 años.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Posmodernidad como resistencia

Sin insinuar ni siquiera un poco su valoración, Jean Daniel (El País, 10.09.10) afirmó que el posmodernismo era una resistencia a las agresiones modernas. Se trata de una observación aguda después de tres décadas de verse como impostura, esteticismo y, cuando más, crítica.

El posmodernismo encarna una oposición a la modernidad, principalmente en sus excesos. Una oposición activa y viva manifiesta en los movimientos sociales pacifistas, ecologistas y feministas que son vistos desde la década de 1960como reaccionarios (opositores al progreso) por parte de los modernos radicales. Oposición que se articula hoy contra el eurocentrismo, el pensamiento único, el ocultamiento moderno de la espiritualidad.

Daniel parece enfocarse en la agresión moderna contra los “valores reflexivos”. Estos valores serían: el silencio, la soledad, la lentitud, el escrúpulo, la discreción. Héctor Abad Faciolince (El Espectador, 19.09.10) le añadiría el tiempo, sin el cual la soledad y la lentitud, pierden vigencia.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Cayetano Betancur: Sobre política


Cayetano Betancur
(Copacabana, Antioquia, 27 de abril de 1910 – Bogotá, 31 de enero de 1982).
Filósofo, ensayista y profesor universitario. Catedrático de lógica, metafísica, ética, filosofía del derecho e historia de la filosofía, entre otras asignaturas, durante el periodo en que se inicia la secularización y normalización de la actividad filosófica en Colombia. Su actividad docente la desempeñó en las principales universidades de Medellín y Bogotá. Fundador y director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Colombia, y de la revista Ideas y valores, del mismo claustro. Entre sus libros publicados se destacan Ensayo de una filosofía del derecho (1937, 1959), Introducción a la ciencia del derecho (1953), Sociología de la autenticidad y la simulación (1955), Bases para una lógica del pensamiento imperativo (1968) y Filósofos y filosofías (1969). Otras publicaciones suyas pueden encontrarse en las revistas académicas y en los diarios y semanarios colombianos.

Este volumen de textos de Cayetano Betancur halla justificación suficiente en la relevancia del autor en el discurrir del pensamiento colombiano del siglo pasado, la poca disponibilidad de una parte significativa de su obra y la relativa novedad de la temática que pretende unificar los escritos que aquí se presentan. A propósito de esto último, el editor académico de esta obra ha creído encontrar en la política un campo importante de la reflexión de Betancur, que a veces se traslapa con reflexiones jurídicas y sociológicas, o con estudios sobre obras y autores, pero que también emerge bajo la forma de preguntas propiamente políticas.
Esta obra es la contribución de la Universidad Eafit a los festejos con ocasión del centenario del natalicio de una de las figuras intelectuales más importantes de la filosofía colombiana.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El malestar en la conciencia

Hay una cosa que se llama la “conciencia pública” que, a pesar de parecer etérea, es fundamental en cualquier sociedad. Y no sólo en las sociedades tradicionales, como algún cínico moderno podría alegar. También en las sociedades contemporáneas en las que incluso se le ha dado status jurídico.

Obviamente, en la conciencia pública todos tenemos alguna participación. Pero hay unos que tienen más responsabilidades, por ejemplo, los medios de comunicación y los representantes populares. Los menciono porque en las últimas semanas ambos han sido protagonistas de hechos que se discutieron poco, pero a mi manera de ver son un síntoma de los males del país.

Todos nos dimos cuenta de la publicación de un nuevo libro sobre Pablo Escobar, firmado por una hermana suya, y destinado a construir otra justificación de los actos que Colombia sufrió durante más de una década. Lo que no se ha contado suficientemente, es que esta empresa tuvo mecenas. Se trata de Felipe López Caballero, hijo y nieto de expresidentes, dueño y jefe de Publicaciones Semana, empresa que publica el tridente de medios impresos más influyente del país.

El señor López publicó el libro y se encargó de publicitarlo, para que el mundo entero recordara que Escobar no era tan malo. Mientras se juzgan los hechos del Palacio de Justicia, financiados por el narcotráfico, y mientras el país sufre todavía los embates de la violencia mafiosa, López arma un tinglado dirigido a limpiarle la cara al mafioso. Bueno. En Colombia es ilegal lavar activos pero no lavar imagen, ¿pero es moral?

Dos semanas después y setenta cuadras al sur, en Bogotá, el Congreso de la República se sentó a elegir los nueve nuevos miembros del Consejo Nacional Electoral. Hay que recordar dos o tres datos relevantes de esta elección. El congreso tiene una mayoría aplastante del 80% de la llamada “unidad nacional”, los únicos partidos independientes respecto a esta mayoría son el Verde y el Polo, y además está el hasta ahora incómodo y cuestionado PIN.

Ni el acuerdo de verdes y amarillos, ni el PIN tenían los votos para alcanzar un asiento en el Consejo. Por lo tanto, quien escogía al noveno miembro no era la propia minoría en competencia sino la mayoría de la “unidad nacional”. Pues bien, el honorable congreso de la nueva época, el emblema de la “unidad” y de la “nación”, escogió al PIN. Dos mensajes quedan claros: la nueva mayoría desconoce a las minorías ciudadanas de personalidad política como la izquierda polista y el centro verde; la nueva mayoría le ha dado reconocimiento a quien hasta la semana pasada fuera apenas su hijo bastardo: el PIN.

Curiosamente, la curul del PIN en el Consejo Nacional Electoral la ocupará un señor de apellido Plata. Yo esperaría que la revista Semana titulara así: “El proyecto de unidad nacional se casa con el PIN”. Semana también podría titular: “El congreso vota por plata”, perdón, “el congreso vota por Plata”. Sarcasmo aparte, mientras en Medellín nos matan las balas del narcotráfico, en Bogotá le tienden la alfombra roja a la élite mafiosa.

Publicado en El Colombiano, 06.09.10.

jueves, 2 de septiembre de 2010

El huracán Lila

Lila Downs se presentó en Medellín, la noche del 1 de septiembre, en un Teatro Metropolitano con las graderías a tres cuartos de la capacidad y, eso, contando con buena parte de la boletería distribuida por cortesía. La verdad: mucha gente, al fin y al cabo, ¿cuántos discos habrán vendido o quemado en la ciudad de la artista mexicana? Un buen indicador es que no se consiguen discos piratas de la artista de Oaxaca.

El riesgo de los organizadores no era menor. ¿Qué canta Lila Downs? ¿Folklor? ¿Indie fusionado? ¿Simplemente pop? Algunos podían sentirse amenazados de ranchera y otros de rock. Al final, una mezcla de generaciones y gustos muy extraña en Medellín, lo que no deja de ser interesante porque devela cierta apertura musical en una ciudad que ha sido de sordos, tradicionalmente.

Después de 85 minutos de concierto, que parecieron dos horas, por la intensidad, todas las dudas previas perdieron sentido. Lila Downs fue un huracán, con una voz cuyos bajos envidiaría un hombre y los altos una mezzosoprano, buena banda de respaldo y un repertorio que se desplazó por buena parte del paisaje mexicano... ante todo, conmovedor. Los viejos salieron asombrados y los jóvenes eufóricos.