viernes, 9 de octubre de 2026

Video "El modo de vida como política"

Ya se encuentra disponible en formato video la conferencia "El modo de vida como política" que abrió el ciclo de conversaciones Mapas de poder, en Casa Teatro El Poblado, en Medellín.

Ver video aquí



viernes, 25 de septiembre de 2026

Gonzaloarango, 50 años

Estoy seguro de que cuando leas esta carta, el Chocó habrá regresado “a la normalidad”, es decir, a su miseria ancestral, a la injusticia. Y la injusticia, todos sabemos, no es noticia de primera página. Ella es nuestro modus vivendi, la apatía, el conformismo, el sálvese quien pueda del cataclismo capitalista.

…

Pues la caridad no crea nada, cubre apariencia. No resuelve nada, hace eterno el conflicto, lo idealiza al negarle una solución real. La caridad es una virtud lisonjera, una farsa de la justicia.

…

Al final de esta farsa piadosa, el Chocó volverá al desamparo; la miseria antigua volverá a florecer de las ruinas humeantes, y los tentáculos de la esclavitud se anudarán una vez más para oprimir a esta raza que aún vive en la edad media de la justicia, y en la prehistoria de la libertad.

“Chocó en llamas”, Cromos, 28 de noviembre de 1966.



viernes, 4 de septiembre de 2026

Nolan: volver al hogar

El Odiseo de Christopher Nolan no parece un hombre afanado por volver al hogar, en ciertos momentos, incluso, parece renuente y, sin embargo, siempre está dando la impresión de que es su deseo y su propósito.

Una vez destruida Troya, Odiseo se opone a la sensata recomendación de Euríloco acerca de navegar en la estela de la flota de Agamenón pues sigue ruta conocida, con abastecimiento seguro; apartarse de allí es un riesgo. Odiseo le responde con el argumento flojo de que ya está cansado de seguir al rey argivo y añade una perspectiva ilusa: “con un poco de suerte y buen viento veremos algo de mundo, y aún podríamos llegar a casa antes que él”.*

Son dos mujeres quienes enfrentan a Odiseo en su autoengaño y le cuestionan la sinceridad de su deseo de volver a Ítaca. La ninfa Calipso admite que el loto “nubla la mente y debilita la voluntad”, pero niega que eso conduzca a la pérdida de la personalidad, al olvido de sí mismo, dando a entender que el hogar hace parte del sí de uno mismo. De lo que se trata, le dice a Odiseo, es de que, “por cualquier razón, no estabas listo para volver a casa”.*

Si Calipso deshace el pretexto odiseico de estar atado en contra de su querer, Atenea, por su parte, desarma la justificación del deber. Odiseo dice estar haciéndose responsable de los hombres bajo su mando, da a entender que esa es su primera obligación. Atenea lo controvierte: “Y tú, ¿bajo el mando de quién estás? ¿Por qué te pones por encima de los dioses? ¿Por qué apelas a la responsabilidad? ¿Por qué no quieres volver a casa?”.*

Dante va más allá que Nolan puesto que, según él, Ulises no solo asumía el retorno a casa con desgano sino que realmente quería otra cosa, quería ir hasta las columnas de Hércules, explorar el mundo, perderse más allá de lo conocido (Infierno, XXVI). Este es uno de los rasgos modernos que Andrea Marcolongo encuentra en el Odiseo de Nolan, el afán de proseguir, acelerados, escapando también de nosotros mismos: 

Nuestra época sabe mucho de partidas. Nos han enseñado a irnos, a empezar de nuevo. Cambiamos de ciudad, de país, de trabajo, de pareja; somos capaces de llevar una vida entera dentro de un teléfono y una maleta de cabina. Hasta nuestro vocabulario sentimental está lleno de puertas que hay que cerrar, páginas que hay que pasar y naves que hay que quemar. Siempre hacia delante. Como si volver fuera una derrota.**

Época de desarraigo material y espiritual.

La experta italiana subraya la importancia de volver a los clásicos, como ya había hecho con La Eneida en El arte de resistir (2023). Los clásicos, entre tantas otras cosas, pueden ayudarnos a reconstruir nuestro modo de vida: 

La Odisea cuenta algo mucho menos moderno y quizá por eso más necesario. Su héroe no quiere convertirse en otra persona. Quiere volver a ser quien era. No busca una tierra mejor, sino una isla pequeña, áspera y pedregosa que es suya. Ítaca no es el mejor lugar del mundo. Es, sencillamente, el lugar donde su viaje puede terminar.**

Las vacilaciones que Nolan pone en Odiseo escenifican de cierta manera la tensión entre el impulso moderno que ya estaba en Dante y la solución homérica del retorno efectivo a Ítaca, al hogar. 


* Christopher Nolan (2026). The Odyssey: the complete screenplay. New York: Faber. Traducción propia.

** Andrea Marcolongo (2026), “Un verano con Homero”, El País, 22.08.26.


lunes, 31 de agosto de 2026

El trabajo: una necesidad humana

Entrevista para Revista Comfama, No. 519, agosto de 2026.

El trabajo: una necesidad humana

Jorge Giraldo, doctor en Filosofía y escritor nos comparte una mirada sobre el trabajo desde la filosofía: un recorrido por sus raíces, su sentido y los desafíos que enfrenta en el mundo de hoy.

Leer entrevista acá

 

viernes, 28 de agosto de 2026

Nolan: señales divinas

En La odisea de Christopher Nolan —dejemos de lado el asunto baladí de si es la misma de Homero— hay dos conversaciones cortas entre Atenea y Odiseo, en dos momentos distintos de la película. En la primera Odiseo pregunta afirmativamente: “¿Por qué no pueden hablar los dioses de manera que los podamos entender?”. En la segunda conversación Odiseo simplemente reprocha: “Ustedes, dioses, no hablan de manera comprensible”.*

La primera respuesta de Atenea se inclina hacia la voz de la naturaleza: “¿Quién no entiende el trueno o el fuego? ¿Quién no entiende la sonrisa de un niño? ¿Quién no entiende una buena cosecha?”. La segunda respuesta se circunscribe al clamor del sufrimiento humano: “¿Quién no entiende el dolor? ¿Quién no entiende la sangre o la muerte?”.

La idea de que la naturaleza habla es antigua y ha sufrido transformaciones desde que Aristóteles elevara el lenguaje de la naturaleza al rango de ley hasta hoy cuando los científicos han desarrollado dispositivos sofisticados para escuchar detalles impensados de las manifestaciones naturales.

Un terremoto como el del 10 de agosto, por ejemplo, le dice cosas diferentes a los geólogos, a los ingenieros sísmicos, a los diseñadores de políticas públicas. Cosas que no todos alcanzamos a entender y que ellos nos pueden explicar. El terremoto habla de un tipo de constructores civiles que medran en el negocio inmobiliario, de las capacidades estatales, de las aptitudes gubernamentales, de solidaridades e indiferencias. También habla la naturaleza cuando anuncia un fenómeno como El Niño y los meteorólogos escuchan, la gente en las ciudades solo piensa en el calor y los nuevos habitantes del campo no captan el mensaje sobre el futuro próximo. 

El sufrimiento, el temor, el silencio de las personas singulares también hablan, pero muchos solo entendemos, si acaso, el momento fugaz, la reacción anecdótica, y perdemos el sentido profundo que hay –dice la Atenea de Nolan- en el dolor, la sangre y la muerte, pues escuchar hoy es difícil: entre tanto ruido las señas divinas se pierden.


* Christopher Nolan (2026). The Odyssey: the complete screenplay. New York: Faber. Traducción propia.


miércoles, 26 de agosto de 2026

Presentación Cátedra Luis Ospina Vásquez 2026

Hace más de dos siglos el pionero de los estudios sociales entre nosotros, José Manuel Restrepo Vélez, terminaba su Ensayo sobre la geografía con un par de anotaciones sobre el deber del estudioso y, por extensión, del intelectual público —la redundancia es intencional— y sobre el riesgo al que se sometía en esta región, en caso de cumplir con esa responsabilidad, con ese valor epistémico y también moral.

Siguiendo el ideal de la Ilustración, el deber consistiría en observar los puntales de la civilización y convertirlos en guías para la orientación de nuestra sociedad, en pauta normativa para un proyecto de nación republicano, orientado a la libertad, la educación y el bienestar, lo cual —decía— no era tarea fácil en un pueblo “tenazmente asido a las costumbres de sus mayores poco ilustrados”.

A Restrepo le pareció, ya en 1809, que una de las mayores dificultades de esa tarea de la dirigencia política e intelectual en esta región era enfrentarse “a los delicados espíritus de muchos antioqueños”, cerrados a toda objeción, sordos a toda crítica; cerrazón y sordera que no permanecen pasivas sino prontas al amago violento, como sabemos al menos desde los tiempos de La marquesa de Yolombó. “El verdadero patriotismo no consiste en tributar a su país vanos y pomposos elogios sino en inculcar verdades útiles”, dijo.

Doscientos años largos después vale la pena preguntarse si la academia y la intelectualidad están cumpliendo con los deberes de la crítica, la inconformidad, la disidencia, máxime en momentos en los que, como creo, Medellín y la región central de Antioquia están sufriendo un retroceso civilizatorio. Tengo mis dudas, muchas dudas. De lo que sí podemos estar seguros, y cada día que pasa nos lo confirma, es que el regionalismo cerril y autocomplaciente, que aquella susceptibilidad que vio Restrepo, vive un momento de paroxismo. Mal ambiente para las ideas, la creatividad, la ciencia y la cultura.

En el marco de la conmemoración de los trescientos cincuenta años de la fundación de Medellín, la Cátedra Luis Ospina Vásquez recibe a dos intelectuales que cumplen ese deber y asumen ese riesgo: Marta Inés Villa y Efrén Giraldo.



miércoles, 12 de agosto de 2026

Suspendido Narrativas Pueblerinas

Narrativas Pueblerinas informa a las comunidades de Andes y Jardín, así como a todas las personas interesadas que, por decisión de la administración municipal, la décima versión Andes: arte, naturaleza, periodismo y nadaísmo NO SE EFECTUARÁ este fin de semana (14 al 16 de agosto) como estaba previsto.

Lamentamos esta decisión tomada a pesar del visto bueno de la inspección de infraestructura al Teatro Municipal y de que los establecimientos comerciales y hoteleros, así como la infraestructura vial y de comunicaciones del municipio están funcionando con normalidad.

Haremos lo posible por programar de nuevo este encuentro de la literatura y el arte, que celebra nuestra región y busca alentar el florecimiento cultural y espiritual de nuestra gente.

¡La belleza es una necesidad básica del ser humano!

Jardín, 12 de agosto de 2026.




viernes, 7 de agosto de 2026

¿Quién parará la lluvia?

Who'll stop the rain

Desde que tengo memoria
Ha estado lloviendo
Nubes de misterio derramando
Confusión sobre la tierra
Hombres buenos de todas las épocas
Tratando de encontrar el sol
Y me pregunto, 
Todavía me pregunto
¿Quién detendrá la lluvia?

Miré hacia Bogotá
Buscando refugio de la tormenta
Atrapado en la fábula
Vi crecer la torre
Planes de desarrollo, estado social de derecho
Envueltos en cadenas de oro
Y me pregunto, todavía me pregunto
¿Quién detendrá la lluvia?*

Escuché a los músicos tocando
Para animarnos un poco
La multitud se había juntado presurosa
Tratando de conservar el calor
Todavía seguía cayendo la lluvia
Filtrándose en mis oídos
Y me pregunto, todavía me pregunto
¿Quién detendrá la lluvia?

John Fogerty
Creedence Clearwater Revival

Versión propia.
*La letra original dice "I went down Virginia", en lugar de "Miré hacia Bogotá"; y "Five-year plans and new deals" en lugar de "Planes de desarrollo, estado social de derecho".


"Desastre en el río San Juan Docató". Ilustración personal de la contracarátula del álbum DIY del grupo Friedrich, español, en el que participaba el artista y amigo Darío Cano.

viernes, 31 de julio de 2026

Jardín, la mirada amorosa


Con ocasión de la décima edición del encuentro Narrativas Pueblerinas —dedicado a autores jardineños y de municipios vecinos, en el suroeste antioqueño— hemos decidido compilar una serie de semblanzas sobre Jardín o aspectos de la vida jardineña, que incluye a los escritores que hemos homenajeado y a otros.

El libro se titula Jardín: la mirada amorosa, adoptando una frase del escritor Mario Escobar Velásquez e insinuando un tema literario que está por explorarse de manera más consciente.

Textos incluidos:

• Proemio: José María Gómez Ángel.
• Manuel Mejía Vallejo, "De Jardín y el país del suroeste".
• Carmen Rosa Herrera, "A mi ciudad natal".
• Jesús Botero Restrepo, “Los elementos del recuerdo”.
• Gabriel Peláez Montoya, “Pobres pinos del parque”.
• Mario Escobar Velásquez, "Una mirada amorosa al suroeste antioqueño". 
• Jaime Jaramillo Escobar, "Mi vida con el chamán".
• Cruzana Echeverri Restrepo, “La señorita Rosario”.
• Manuel Díaz Sierra, “Crónica”.
• Nolberto Agudelo Marín, “Tres poemas”.
• Gladis Yagarí, “Sâturu dachi basma. ¿Cuál es nuestra cosmogonía?”.
• Luis Gutiérrez, “A mi tierra natal”.
• Alonso Sánchez Baute, “Jardín, el más bello tertuliadero”.
• Darío Ruiz Gómez, “Nunca he estado en Jardín”.

Introducción y edición:

• Jorge Giraldo

Ilustraciones:

• Jorge Marín, cinco obras originales en lápiz.
• Felipe Giraldo, ilustración para guardas, en duotono.

Diseño:

• Carlos Giraldo Orozco


martes, 28 de julio de 2026

Felipe Restrepo David sobre Citará

Las montañas azules

Citará. La montaña, el hogar
Jorge Giraldo Ramírez
Grámmata, Medellín, 2024, 143 pp., il.

Se trata de un ensayo de acaso unas cien páginas. Es narrativo, meditativo y evocador. Escrito desde la experiencia del que ha contemplado pacientemente y del que aún se permite la alegría de seguir mirando y callando con gusto y misterio; armado cuidadosamente en sus partes gracias al entrenamiento de un admirable investigador de la sociedad, la cultura y la historia del país, que entrega una erudición dosificada, equilibrada, más para sugerir perspectivas y para permitirse los guiños críticos e irónicos. Citará. La montaña, el hogar, de Jorge Giraldo Ramírez (Jardín, 1957), es uno de los ensayos más bellos que se han publicado en Colombia en los últimos años

Felipe Restrepo David, en el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República Vol. 60 Núm. 110 (2026).

Leer reseña completa 



en Colombia en los

últimos años.

viernes, 12 de junio de 2026

La vergüenza

Abelardo de la Espriella es ejemplo de la desfachatez. Su defensa explícita del paramilitarismo, su invitación a que los ciudadanos tomen las armas, su promesa de aniquilar a la izquierda, su alegato contra la ética, su alarde del tamaño de sus genitales y muchas otras expresiones repetidas, insistentes a lo largo del tiempo lo demuestran. No creo que se requiera aquí presentar pruebas, para ello basta leer las investigaciones de Gerardo Reyes.

En tiempos del absolutismo, el filósofo Bernard de Mandeville (1670-1733) sostenía que las fuerzas de contención del monarca absoluto eran el orgullo y la vergüenza. Después, durante las monarquías constitucionales, las democracias, incluso en algunas dictaduras, el orgullo y la vergüenza siguieron siendo observadas por los hombres poderosos, y por eso pudieron subsistir.

En este campo, cultural y moral, sitúa Peter Sloterdijk el ambiente fascista: 

El fascismo daba la nota al exhibir más abiertamente que sus competidores, su desprecio por los valores inhibidores pacíficos y formativos. El fascismo es, en efecto, la metafísica de la desinhibición (Sin salvación, 2011).

Sloterdijk se sitúa en el mismo plano de Umberto Eco (1932-2016). El intelectual italiano hizo una lista de las características que podrían “hacer coagular una nebulosa fascista”, entre ellas: el culto a la acción, “el desacuerdo es traición”, el miedo a la diferencia, “la vida es una guerra permanente”, el desprecio por los débiles, el machismo y la transferencia de “su voluntad de poder a cuestiones sexuales”, la antipolítica.

A los desmanes de la desinhibición se opone la emoción de la vergüenza. 

Se equivocan quienes creen que daba lo mismo una conservadora como Paloma Valencia y se lanzan por una pendiente resbaladiza quienes creen que las diferencias entre conservadores y fascistas son de grado. Si lo fueran no hubieran existido en Colombia ospinismo y laureanismo, o ahora en Estados Unidos republicanos clásicos como Bush y esa otra cosa que llaman MAGA. La distancia ideológica y de estilo entre los conservadores y el radicalismo de derecha es significativa. Los conservadores de siempre tenían orgullo y vergüenza.

Rara vez Colombia se ha enfrentado a un dilema de este tipo. Algunas veces, como en vísperas de La Violencia, la dirigencia nacional nos lanzó al abismo. Un testigo del acontecimiento explica esa situación:

Este hecho lanza mucha luz sobre el fondo moral de la mayoría de los dirigentes colombianos. No tienen ellos una invisible e impersonal pauta ética, de acuerdo con la cual juzguen imparcialmente los valores humanos y la conducta de los semejantes. En el apasionamiento político aspiran a que todo hecho se tiña con un color sectario, para producir la artificial reacción. No los aterra el crimen como crimen, sino tan sólo el crimen que de alguna manera interesa o afecta a su partido (Abelardo Forero Benavides, Colombia, un drama. Memorias de un pacifista en un país en llamas, 2025).

Si la mayoría de la dirigencia —para continuar la reflexión de Forero Benavides— pierde la vergüenza, el ciudadano singular, el hombre y la mujer medianamente sensibles y reflexivos deben preservarla.

Vuelvo a la filosofía que es mi casa. Bernard Williams (1929-2003) recuerda que la vergüenza como todas las emociones humanas tiene dos caras (Vergüenza y necesidad, 2011) y dice: “La vergüenza buena retiene contra el mal”. El deber hoy es evitar el ascenso al poder de un hombre que amenaza la convivencia, la libertad, la paz y la búsqueda de un orden justo.




lunes, 8 de junio de 2026

Adiós Panini

Han pasado quince mundiales y casi sesenta años, y en la semana de inauguración no tengo ni un caramelo -lámina, mona, pegatina- del álbum del campeonato mundial de fútbol. No lo tengo ni lo tendré.

Empecé a hacer álbumes a mis ocho años de edad, no sé cómo, ni cuál; probablemente el de Disgra. Las imágenes eran retocadas, en colores inverosímiles y las cabezas de los futbolistas parecían esculturas romanas. Los más pobres los pegábamos con engrudo, aquella mezcla de agua y harina; los más pudientes con goma. El resultado era el mismo: al cabo de los meses las láminas se despegaban, se regaban dentro de las páginas y cualquier movimiento amenazaba descompletarlo.

Con él y otros similares vivimos cuatro mundiales.

Luego llegó 1982 y con él Panini. El primer Panini colombiano fue ese, quizás, aunque la edición en libro de la compilación de los álbumes (Modena, 2006) remonta la publicación internacional a 1970. Panini logró un álbum más imperecedero y comercial. También, al principio, más informativo y más bonito. Mis hijos y yo nos familirizamos con nombres de países, banderas, rostros extraños y apellidos en otros idiomas repasando las páginas de los álbumes.

Panini nos permitió atesorar el objeto y perder las relaciones sociales que incorporaba. Desde 1982 los caramelos valían dinero, antes eran el dinero. Me explico: en mi niñez y juventud las láminas servían para hacer apuestas -jugando bolas o vuelta a Colombia-, para pagar favores -mandados o tareas- y, por supuesto, para intercambiar o ganárselas al monto, un juego simple que ya desapareció. Con Panini, apareció la comercialización y el costo prohibitivo para las familias más pobres.

Tengo mis once paninis empastados. Los conservo con sus huecos: los jugadores de México que no pude conseguir en el 86, las páginas obscenas de Coca-Cola y otras redundantes de leyendas y cosas por el estilo diseñadas solo para hacer más dinero. Veo la belleza del álbum del Mundial de España y, en el libro, la vastedad de la información que traía el del Mundial de Alemania 74 que incluía a los directores técnicos y a los presidentes de las federaciones.

A lo largo del tiempo pude percibir el deterioro de la marca, las imágenes insulsas de las sedes y los estadios, la información precaria, la foto realista que solo empaña la mitología futbolera, la discriminación (Haití o Zaire con dos jugadores por lámina). Y después el engrosamiento perverso alimentado por la FIFA: 16 equipos, 24, 32 y ahora 48.

Basta.

Todo esto es solo un reflejo de lo que el fútbol es hoy, como lo señala Branko Milanovic. Hay una saturación con un juego cada vez más pobre y menos emotivo, más farandulero y especulativo. Me es inevitable ver a Gianni Infantino en cada caramelo y pensar que llenarlo equivale a un salario mínimo legal.








lunes, 18 de mayo de 2026

Por el respeto

En los tiempos que corren, en el país que vivimos y compartimos, es necesario un llamado urgente por el respeto. Respeto por el lenguaje. La palabra es puente que nos acerca, pero también es piedra si se usa para atacar con bajeza.

Nunca un insulto será un argumento.

Un llamado por el respeto a las diferencias. 

Respeto a los simpatizantes de cada candidato. Y por los candidatos.

Un llamado a los candidatos a no encender con gestos y palabras el fuego de la agresión. Aprendamos las lecciones del pasado. No queremos, no merecemos, revivir los días más tristes de nuestra historia política. La violencia partidista ha consumido vidas y esperanzas durante más de dos siglos: en la patria temprana, en La Guerra de los Mil Días, en el período oscuro que llamaron La Violencia, en la crueldad impuesta por guerrillas y paramilitares y narcos que se han escudado en la política. Mala siembra, peor cosecha.

Un camino asfaltado de ofensas solo lleva al vacío.

No es lo mismo un oponente que un enemigo. La competencia no es enemistad, son formas distintas de definir el mañana.

Es necesario un llamado por el respeto a cada persona que cada día apuesta y aporta por una Colombia mejor. Respeto a periodistas y periodismo. Respeto a observadores electorales. Respeto a tus amigos, a tu familia. 

Estamos de acuerdo en que no siempre estamos de acuerdo. Pero sí en la necesidad de este acuerdo por el respeto.

Nuevas heridas no nos harán ningún bien cuando las elecciones terminen.

Elijamos, también, el respeto. Lo necesitamos.