lunes, 24 de octubre de 2016

Rueda de la fortuna

Para Nicolás Maquiavelo (1469-1527) –el padre de los estudios políticos modernos– uno de los conceptos centrales del arte del gobierno es la fortuna. Con el correr de los tiempos, el racionalismo, el positivismo y la soberbia científica marginaron la idea de fortuna. Los ilustrados, esos ingenuos, creen en la verdad única, la sabiduría de lo natural y lo humano y el dominio de la tierra y de los hombres. No se habla más de fortuna, azar, casualidad, pero no por ello han dejado de existir.

El 2 de octubre se nos convocó a los colombianos a aquello que se solía llamar un certamen o justa electoral, es decir, a un concurso o competencia; puede ser un duelo también, según la Real Academia de la Lengua. La disputa electoral fue de lo más extraño. Los resultados sorprendieron a los espectadores, los protagonistas y los jefes (aun esperamos explicaciones de las encuestadoras). Los que ganaron no querían ganar, los que perdieron querían pero no pudieron. Y, gran irresponsabilidad, ninguno tenía plan b; la diosa fortuna les hizo una travesura y por eso estamos en un momento de máxima incertidumbre y riesgo.

Dijo Maquiavelo que el estadista, el gran hombre, es el que es capaz de dominar la fortuna. Ahora que la fortuna hizo su movimiento quedamos en manos de príncipes. La manera en que actúen el Presidente, el jefe de la oposición y el secretariado de las Farc definirá parte importante de la suerte del país en los próximos. Nadie podrá lavarse las manos. Y como en todos los momentos políticos decisivos, la voluntad jugará un papel fundamental. No hay fuerzas extrañas ni cuestiones irresolubles. El país depende su voluntad; es como entiendo el editorial de The New York Times (“The Man Blocking Peace in Colombia”, 14.10.16). Ellos, en diversos grados –y creo que más Uribe– pueden quedar para la historia como estadistas o como saboteadores.

Mientras tanto, la ciudadanía, las organizaciones de la llamada sociedad civil –incluyendo a los empresarios– tenemos una función parecida a la del coro griego. En el mejor de los casos tendremos voz, una voz fragmentada y débil, que se puede canalizar mejor si les hacemos exigencias claras a los voceros políticos. Por ello firmé una petición a los financiadores del No para que les exijan mesura y responsabilidad a los voceros de la campaña que apoyaron.

Es inevitable sentir impotencia. Como esperando que dicte su veredicto la pequeña rueda de la fortuna, la ruleta. En 1979, Bruce Springsteen –a quien también le deberían dar un Nobel– escribió una canción con ese título.
“Dijeron que solo querían hacerme unas preguntas [¿sí o no?] pero creo que tenían otros planes…
Creo que esos tipos solo quieren seguir jugando
ruleta con mi vida… están jugando con mi vida
jugando ruleta con mis hijos y mi esposa”.

El Colombiano, 23 de octubre

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