viernes, 17 de octubre de 2014

Dime a quién imitas

El problema no es que imiten sino que el modelo sea excelente, le dijo un amigo a los miembros de un grupo musical. Fue una lección para mí respecto a las influencias del romanticismo, manifiestas en la obsesión por la originalidad. Una obsesión que en materia social y política recibe el nombre de adanismo. La tendencia de personas e instituciones a actuar como si fueran el primer ser humano, como si antes de ellos no hubiera nadie y como si no necesitáramos aprender de los demás.

En materia política, en especial, durante muchos años los teóricos se dedicaron a elaborar modelos abstractos para lograr el funcionamiento de una sociedad que fuera casi perfecta. El intento estaba basado en dos equivocaciones: la de que el trabajo individual puede abarcar la complejidad de la vida social y la de que la fuerza de la razón es suficiente para determinar qué es lo bueno.

Los vientos que corren ahora son distintos. El economista y filósofo indio Amartya Sen está planteando en su más reciente obra algo que parece obvio: no se trata de ponerse a inventar, se trata de identificar las experiencias exitosas y tratar de adaptarlas o mejorarlas en contextos diferentes. De eso trata la innovación, de apoyarse en el trabajo que los demás han hecho. Trabajo que, por fuerza, es cooperativo. A su vez, las innovaciones eficaces se convierten en éxitos que pueden ser imitados. Es un ejercicio que implica modestia para enfocarse en desafíos puntuales y sectoriales. Y también requiere humildad para asumir la idea de que otros saben mucho y hacen bien las cosas.

Este fenómeno de cooperación social es el que ha ocurrido en Medellín. Muchos de los logros de la ciudad, y ahora de Antioquia, se deben a esta actitud. Nos dejamos ayudar por el gobierno nacional mediante la Consejería Presidencial y por la cooperación alemana hace 25 años. Hace 12 años imitamos iniciativas como el trasporte urbano por cables y el presupuesto participativo. Aprendimos mucho de Bogotá en urbanismo y seguridad.

Ahora todos nos miran. Los latinoamericanos vienen a ver cómo funciona la cosa. A aprender, y no solo de los gobiernos. Hasta el desorientado gobierno nacional decidió salir de la Casa de Nariño. En una sola semana el Alto Consejero para la Paz dijo que quieren copiar el programa departamental “Preparémonos para la paz” y la Ministra de Educación anunció que se va a pegar de las ideas en materia de educación. ¿Querrán aprender los bogotanos?

En este punto nuestro reto es seguir aprendiendo de otros. Importantes ciudades del mundo se están volviendo verdes, restringen el uso de automóviles, desarrollan huertas urbanas, convierten zonas deprimidas en centros de atracción, tumban manzanas para hacer parques, peatonalizan más y más vías, promueven la cultura como uno de sus renglones de prosperidad.

El Colombiano, 12 de octubre.

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