martes, 16 de julio de 2013

Constitución de ciudad

Es bien conocida la distinción clásica que hizo Ferdinand Lasalle hace siglo y medio sobre la constitución política de un país entre la real y la de papel. Las ciudades también tienen sus constituciones. Tenemos los planes de desarrollo que se socializan en los medios públicos y privados, en costosos impresos, se revisan y monitorean en los concejos, los proyectos ciudadanos –donde los hay– y las rituales rendiciones de cuentas.

Pero también existe la constitución real en una ciudad y buena parte de ella se juega en el Plan de Ordenamiento Territorial, el famoso POT de la jerga técnica y administrativa. ¿Por qué es posible que un vecindario termine rodeado de bares y discotecas? ¿En virtud de qué es posible que a un barrio residencial le claven un casino en medio? ¿Por qué una zona de montaña, sin vías ni andenes, puede acabar sembrada de torres de 20 pisos? ¿Cuál es la razón para que hospitales y centros educativos puedan cercarse con lugares de diversión? ¿Por qué te pueden meter un puente por la ventana de la sala de tu apartamento en el cuarto piso? Buena parte de las explicaciones están en el POT.

Y el POT no se ve en las campañas electorales, ni en los planes de desarrollo, ni siquiera en los informes de gestión pública o en los análisis de la calidad de vida. No se ve. El POT es el sustrato, es la constitución. Lo demás son las vestimentas, el modo de hacer las cosas. En los POT aparecen los verdaderos factores de poder. ¿Por qué le interesa la administración pública a los constructores, empresarios del juego y la diversión, propietarios y especuladores de la tierra urbana? Por el POT. De eso saben y ahí meten la mano, lo demás son fruslerías.

Ahí está gran parte de la constitución de una ciudad. No toda. La otra se juega en la ilegalidad. ¿Me autorizan un edificio de 10 pisos? Pongo 2 más y después veremos. ¿Me dieron licencia para una tienda? Pongo licorera y música en la calle; que después me reclamen. ¿Restaurante? Con cuatro mesas me apropio de los andenes; ¿alguien protestará?

En los POT se juega la economía política de una ciudad, quiénes serán ricos en los próximos 20 años y quiénes verán desvalorizado su patrimonio para siempre. Buena parte de los problemas de convivencia y de seguridad de una urbe se define en la forma como se ordena el territorio, como se estipulan las actividades sociales y económicas en las zonas de la ciudad. Después de que usted ponga cierto tipo de negocios en un barrio, no habrá policía que valga para controlar el narcomenudeo o las riñas de fin de semana.

Pocas cosas afectan tanto la vida cotidiana de un ciudadano como un POT, pocas le son tan ajenas.

El Colombiano, 14 de julio.

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