lunes, 23 de mayo de 2022

Suavizar los ánimos

Entre la salida del túnel de oriente y el aeropuerto hay un griterío de vallas en campaña y entre ellas una ventana de color magenta que exhibe el mensaje “¿Dejarías de abrazar a tu mamá porque prefiere a un candidato político que no te gusta?”. La firma Comfama. La pregunta confronta la fuerza de los afectos y la tensión política. La probabilidad de que la respuesta sea negativa es muy alta: se dirige a la madre, en un país hispano, en una región con un matriarcado fuerte. Es seguro que las respuestas bajen si se tratara de sobrinos o primos, y que sean positivas si fueran amigos, colegas o compañeros de trabajo. (Esta semana un empresario sugirió vetar a los hijos que no voten como sus padres.) Lo cierto es que la otra pregunta de la campaña —“¿excluirías a alguien del grupo familiar de Whatsapp por sus posturas políticas?— tiene respuestas positivas cercanas al 100%. No es hipotético: pasa todos los días, en los medios sociales y en los pasillos académicos y laborales.

La publicidad cívica de Comfama está respaldada por la edición de la revista institucional. Allí se dice que el objetivo es fomentar “la capacidad humana de discutir sin pelear, de escuchar al otro sin juzgarlo, insultarlo o anularlo”. El director de la Caja, David Escobar, nos recuerda que habrá vida después de las elecciones. Este llamado de atención es importante ya que algunas personas se están comportando como si el 29 de mayo o el 19 de junio fueran la mañana y la tarde del Día del Juicio Final. Cuando alguien piensa en términos apocalípticos ya está a las puertas del fanatismo y sus males anexos. Comfama confiesa inspirarse en el movimiento digital Mutante (mutante.org) que promueve, entre otras, la idea de “se vale cambiar de opinión”.

Juan Carlos Arenas, director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, dice en la misma revista que “antes, durante y después de la contienda, hay que suavizar los ánimos”. Un ejercicio necesario y una obligación ciudadana, más urgentes ante la visibilidad de las voces agresivas y destructoras que se están levantando. Buena parte de los sectores dirigentes del país se acostumbró en demasía a romper las reglas de la civilidad en la política; a los ciudadanos nos toca despolitizar la vida cotidiana y las relaciones sociales.

En el futuro muchos se podrán preguntar cómo fue posible que se pusiera en duda abrazar a la propia madre o a un familiar cercano por un desacuerdo sobre las preferencias políticas. Porque la mera formulación de un interrogante de este tipo denota una situación desesperada, casi terrorífica, que será difícil de comprender; tanto como las reyertas por una imagen religiosa en tiempos o lugares lejanos o las peleas por el papel higiénico en los mercados al comienzo de la pandemia. Aunque siempre quede quien crea que un escapulario o un rollo ameritan un buen pleito.

El Colombiano, 22 de mayo

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