lunes, 2 de mayo de 2022

Obligaciones democráticas

La preocupación por el estado de la democracia liberal siempre es saludable. Sin embargo, más que a las intenciones, hay que estar atentos al sentido práctico con que esas preocupaciones se expresan. En nuestra tradición, las movilizaciones para respaldar las instituciones democráticas suelen obedecer al objetivo de evitar que se cuestionen el orden y la autoridad más que a mejorar la salud democrática propiamente dicha.

Cerrar filas alrededor de las autoridades constituidas es algo que cobra valor en el caso de situaciones excepcionales. No en vano la expresión “cerrar filas” es tomada del ámbito militar. En cualquier otro caso, estos apoyos incondicionales no le sirven a la vida democrática. Esto por una razón: la virtud y la superioridad de las democracias liberales sobre los demás regímenes políticos conocidos reside en su capacidad de autocorrección. Y las instituciones democráticas no pueden afinarse ni pulirse sin crítica.

De aquí se deriva una aparente paradoja: para un sistema democrático son más beneficiosos los críticos que los aduladores y obsecuentes. El intelectual, y alguna vez político, canadiense Michael Ignatieff lo expresa de forma contundente: “El reto de escribir sobre la política democrática está en ser implacable con su realidad sin abandonar la fe en sus ideales” (Fuego y cenizas, 2013).

Estos preliminares buscan enmarcar la actual discusión sobre las inconstitucionales intervenciones del Jefe de Estado —subrayado— en la campaña electoral y las inconstitucionales y peligrosas intromisiones del comandante del ejército nacional, general Eduardo Zapateiro. 

Traigo al caso dos comunicados que se publicaron el 26 de abril sobre el asunto. Uno firmado por dirigentes gremiales como Armando Montenegro y Jorge Humberto Botero o curtidos exministros como Carlos Caballero Argáez y Jorge Eduardo Cock, en el que se pide neutralidad en el proceso electoral y diligencia de la Procuraduría, ante los servidores públicos se entiende (“Empresarios y académicos llaman a preservar legitimidad y seguridad en las elecciones presidenciales”, El Colombiano, 26.04.22). El otro que lleva el título “Respaldo a muestras [sic] Fuerzas Militares y de Policía, especialmente al Comandante del Ejército General Zapateiro”, está firmado por el Comité Intergremial de Antioquia. Este comunicado, que incluye la expresión “absoluto apoyo”, me hizo acordar de mi madre que solía decir algo así como “absoluto ni a mis hijos”.

Como la providencia suele hacer sus travesuras, ese mismo martes, mientras circulaban esos comunicados, los medios divulgaban las declaraciones de antiguos miembros del ejército, entre ellos el general retirado Paulino Coronado, sobre las ejecuciones extrajudiciales que condujeron a la muerte a 6.400 colombianos que fueron presentados como guerrilleros sin serlo. Pocas horas después, se pronunció la embajada de los Estados Unidos con las siguientes palabras: “Elogiamos la valentía de los soldados que reconocen su responsabilidad en falsos positivos y que piden perdón a las víctimas”.

Creo que el grupo de personalidades, los soldados que comparecieron en Ocaña y la embajada americana están en lo correcto. En particular, los dos primeros grupos cumplieron con sus obligaciones democráticas.

El Colombiano, 1 de mayo.

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