lunes, 10 de abril de 2017

Avalancha de coca

El desastre de Mocoa ha sacudido al país. En medio de las escenas dolorosas de los daños y el rescate, sobresalen la mayoría de las reacciones que buscan explicaciones en el comportamiento humano y no solo en la fuerza de la naturaleza. Con excepción, claro está, del pobre alcalde de la ciudad que no se entera o se hace.

Algunas de las explicaciones convincentes aluden al cambio climático, a problemas de planeación urbana, mala gestión en el uso del suelo, a la deforestación y la erosión, en general. Una exposición con evidencia científica y conocimiento del terreno la hizo Rodrigo Botero, ‎Director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, para Semana (“Mocoa: ¿Furia de la naturaleza?”, 01.04.17). Basta hojear el Estudio nacional de la degradación de suelos por erosión en Colombia, realizado por el IDEAM y la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (2015), para darse cuenta la devastación ocurrida en casi la totalidad del área de los municipios de La Hormiga, Orito y San Francisco, buena parte de Puerto Asís y el propio Mocoa, en especial la cuenca del río.

Pero entre tantas vestiduras rasgadas, tantos pronunciamientos y algunos estudios hay una palabra que no escuché: coca. El departamento del Putumayo alberga el 21% de los cultivos de coca del país. Según los datos que consolidó Santiago Tobón, investigador de la Universidad de los Andes, el área cultivada se duplicó entre 2013 y 2014 y creció en un 50% al año siguiente. La urbanización veloz de los cauces, que mostró Germán Andrade el 2 de abril (https://twitter.com/giandradep?lang=es) solo es posible con mucho dinero, las licencias rápidas saltándose los requisitos de ley cuestan, lo mismo que las camionetas burbuja que vimos en los techos de las casas destruidas.

Discusiones distintas son las que tienen que ver con las razones para que el cultivo de coca se haya disparado en el país y cómo vamos a hacer para volver, siquiera, a los niveles de hace cuatro años. Lo cierto es que a la variedad de factores a los que se puede atribuir la avalancha hay que sumarle la coca, en una región donde cada milímetro de coca es uno menos de selva amazónica. Si la Fiscalía y la Procuraduría quieren ser diligentes respecto a las fallas humanas que generaron este desenlace infortunado, tendrán que buscar en sitios más altos de la administración pública.

El Colombiano, 9 de abril.

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