martes, 22 de febrero de 2011

Gadafi: el fundamentalismo laico

El realismo conservador aconseja, hasta ahora, analizar el Oriente Medio bajo la dicotomía laicos-religiosos. Se cree que los laicos son moderados por naturaleza y los religiosos fundamentalistas. Europa –la gran celestina mundial– se amparó en sus anticuados parámetros ilustrados para apoyar los despotismos en El Magreb y sostener hasta hoy a sátrapas como Gadafi (con quien han negociado los muy sagrados “crímenes de lesa humanidad”).

Hasta ahora, la oleada de rebelión civil en los países árabes muestra otra cosa. El presidente de Túnez salió corriendo (acto casi siempre decoroso), el rey de Bahrein hace concesiones, Mubarak se hace a un lado. Solo Gadafi –ideólogo del socialismo árabe y teórico de la democracia popular– se atreve a bombardear a los manifestantes, algo no visto ni en el chile de Pinochet ni en la Cuba de Castro.

El líder ha dicho que prefiere morir como un mártir y ese es el signo distintivo del fundamentalismo. El problema no está en la religión. Está en la convicción de poseer una verdad única, infalible e innegociable. El fundamentalista hará una carnicería en nombre de su creencia superior, antes que ceder a las fuerzas del error o la disensión. En el mundo contemporáneo los males de la religión, son insignificantes al lado de las calamidades que han generado los políticos perfeccionistas.

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