lunes, 26 de diciembre de 2016

En 2016 se firmó el Acuerdo de paz, ¿se cumplirá en 2017?

Artículo publicado en Razón pública el lunes 19 de diciembre de 2016.

Mucho tiempo, muchos esfuerzos y muchos sobresaltos para llegar a la firma del acuerdo. Pero a la hora del té nos encontramos con lo muy poco preparados que estaban el presidente y su gobierno para poner en marcha los acuerdos.

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lunes, 19 de diciembre de 2016

Leer; oír

El confuso 2016 termina con muchos muertos queridos y tantos trastornos a todo nivel (local, nacional, global) que –como suele suceder – me vienen a la mente los versos de una vieja canción del dúo de rock argentino Pedro y Pablo que dice “si no fuera por la música / no nos salva ni Tarzán” (aprovecho que Tarzán volvió al cine para recordarle a los jóvenes nuestros mitos).

Empecemos por la medicina auditiva. “The Hope Six Demolition” es el álbum más reciente de P. J. Harvey, la artista británica que ya es la mayor estrella femenina del último cuarto de siglo. Harvey hace obras y ha anticipado este mundo esquivo hace años. Gabo Ferro, poseedor de una gran voz, publicó “El lapsus del jinete ciego”, de lo mejor que se hizo por estas calles. “Tropicalismo salvaje” de Jaibanakus entró en la oferta destacable. El homenaje de La Toma a Juan Gabriel con una versión magnífica de “Así fue” es lo mejor que vi en el video nacional.

Los clásicos siempre piden la palabra. “Skeleton Tree” de Nick Cave, “Blackstar” –el testamento de David Bowie – y “A Moon Shaped Pool” de Radiohead son piezas muy buenas que disputan los mejores momentos de sus autores. No he escuchado “Kraken VI” pero el mero hecho que haya salido ya es motivo de celebración. La publicación de las partes 2, 3 y 4 de los legendarios conciertos de Van Morrison, a mediados de los años setenta, etiquetados como “It´s too Late to Stop Now” nos dio un motivo de alegría y la posibilidad de escaparnos.

También hay ojos, además de oídos.

Las ganas de entender pudieron más y el ensayo casi monopoliza mi atención. “¿Por qué fracasa Colombia?”, de Enrique Serrano López, me explicó cosas vistas, sabidas y no comprendidas de lo que somos. La forma en que la crítica oficial lo ignoró es casi un premio. Patricia Cardona, profesora de la Universidad Eafit, publicó “Trincheras de tinta” un libro sobre cómo se construye nación desde las ideas y con el papel. John Paul Lederach es el autor de “La imaginación moral”, una de las invitaciones más pertinentes para ayudar a la reconciliación. Andrea Wulf es una joven historiadora británica que publicó, tal vez, el mejor libro del año, “La invención de la naturaleza”, sobre Alexander von Humboldt.

La ficción, a medias, la manda Amos Oz y su “Judas”. Una novela para estos tiempos volátiles en los que la traición puede ser la mejor opción. Una pequeña editorial de Asturias rescató haikús de una poetisa del siglo XVIII, Chiyo, bajo el título de “Violeta agreste”. Apareció “Silabario del camino” la poesía (casi) completa de Juan Manuel Roca. Blanca Inés Jiménez, de la sociología a la literatura, lanzó “Voces y secretos” publicado por la Universidad de Antioquia.

Alcanza, y sobra, para vacaciones.

El Colombiano, 18 de diciembre

lunes, 12 de diciembre de 2016

Cuidadores de jardines

Después de años, páginas y lágrimas de estudiar esta ciudad puedo concluir que Medellín se jodió a fines de los años setenta y empezó a salvarse hacia el 2005. El fracaso se incubó durante veinte años, entre 1960 y después, cuando creíamos que todo iba muy bien. La recuperación comenzó 20 años antes –como suele ser– en medio de la negra noche. Todo lo que sucedió tiene responsables, imposibles de individualizar, porque en nuestro mundo imperfecto solo el bien parece tener claros derechos de autor.

El bien es modesto, humilde. A estas alturas del 2016 amargo debo recordar la obra de algunos cuidadores de pequeños jardines. Personas, grupos, que han perseverado en un trabajo amoroso y constructivo, y que fueron luz durante los tiempos más duros y atroces, han sido ejemplo de dedicación a una misión en la que se realizan y ayudan a sus vecinos a comprender, compadecer, colaborar.

Quiero enaltecer al Grupo Suramérica creado hace 40 años, cuando empezaron a manifestarse los síntomas de la tragedia. Fruto de su época, de la idea romántica del patriotismo latinoamericano, cuando la pretendida música continental se apegó al folklor nacional, en especial de los países del Cono sur. Suramérica es un ejemplo de disciplina, constancia y apego a un trabajo orillado por los gustos dominantes y por aquellos aprestigiados por la contracultura, los míos. El liderazgo y el afecto que Carlos Mario Londoño ha puesto en este proyecto son dignos de reconocimiento.

Quiero celebrar al Colectivo Teatral Matacandelas creado en 1979. Yo los recuerdo, sin precisión, en Envigado. Nadie puede imaginarse tan grande asimetría entre las ganas de hacer teatro de los antioqueños y la escasa visibilidad de nuestros autores, actores y maestros, cuéntese a Gilberto Martínez, José Manuel Freidel o Siervo García. Matacandelas se aproxima a cuatro décadas de trabajo infatigable sin la sombra protectora del dinero, la política o los apellidos. Cristóbal Peláez sigue siendo su timonel.

Quiero festejar el trabajo de Punto Seguido cuya aparición data también cerca de 1979. Punto Seguido es una revista de poesía sometida a las contingencias propias del arte no oficial ni comercializable. Aun así puede exhibir 60 números, una cifra respetable para cualquier tipo de publicación. Con todo y lo que se denigra del espíritu utilitario antioqueño es difícil encontrar más poesía profesional en otro lugar de Colombia. Sin la dedicación de John Jaime Sosa y la sombra constante de Carlos Bedoya no existiría.

La juventud de varias generaciones de antioqueños ha pasado por algunos o todos estos corazones. Proyectos locales sin provincianismo, proyectos destinados a crear compasión en medio del odio y de la rabia, proyectos radicales porque –como las raíces– se han mantenido aferrados a la tierra, a la convicción, a la vocación y al arte, con minúsculas. Ellos, entre muchos otros, han creado nichos de sosiego para ayudar a sostenernos.

El Colombiano, 11 de diciembre

lunes, 5 de diciembre de 2016

Los justos en nuestra guerra

¿Quién es justo? Supimos de la pregunta de Yhvh a Abraham, pero el contenido de la categoría quedó en el aire. ¿Y quién es justo en medio de una guerra o de una violencia inclemente? Justo, perdón, sería todo aquel que actuara justamente. Lo que ha hecho prohibitivas las guerras es que hoy es prácticamente imposible combatir con justicia. El más justo de los guerreros carga consigo decenas de crímenes de guerra así sea por las restricciones que le impone la técnica.

Buscamos a los justos entre los no combatientes. El modelo judío más conocido es el caso de Oskar Schindler. Como modelo tiene la virtud de exigir un testimonio individual, concreto, que incluye el dar protección a alguien, hacerlo inmune a una agresión. No dudo de su validez pero sería una reducción quedarse solo en este tipo de casos que, por demás, fueron de violencia unilateral y no de guerra.

Una definición poética fue ensayada por Italo Calvino (1923-1985) quien habló de quitarle espacio al infierno, en nuestro caso al infierno de la guerra. Los ejemplos pueden tornarse más elusivos, algunos discutibles, pero darían cuenta de los múltiples modos en que personas, comunidades, asociaciones, contribuyeron a salvar vidas y a preservar espacios de vida en medio de la destrucción.

Quiero recordar en Colombia a los promotores de la neutralidad activa en los años noventa; un invento de los líderes de muchas comunidades indígenas que deseaban protegerse de los atropellos de todos los ejércitos. La neutralidad fue un mecanismo práctico de resistencia a la lucha armada. A fines de los ochenta, algunos organismos no gubernamentales con antecedentes radicales adoptaron un perfil moderado y pacifista, especialmente los que se aglutinaron en Viva la Ciudadanía, iniciativa surgida al calor del proceso constituyente de 1991. Menciono los antioqueños: Escuela Nacional Sindical, Corporación Región y Conciudadanía.

En mi libro más reciente, Las ideas en la guerra (Debate, 2015), destaco algunos intelectuales que se lanzaron contra la corriente y que preconizaron un modo de hacer política y de cambiar las leyes por mecanismos deliberativos y bajo preceptos éticos, el fundamental de respeto a la vida. Los rememoro: Cayetano Betancur, Francisco Mosquera, Carlos Jiménez Gómez, Estanislao Zuleta, Jorge Orlando Melo, Francisco de Roux y Antanas Mockus.

En las guerras no solo hay víctimas y victimarios –este lenguaje pertenece más al campo penal e induce a una mentalidad punitiva. De hecho, las guerras contemporáneas están llenas de figuras complejas: victimarios-víctimas, víctimas-victimarios. Hay inocentes, millones, pero no todos lo son. Y también justos que fueron capaces de salvar a otros, cuando estaba a su alcance hacerlo.

Este será el tema del foro “Justos en el conflicto armado colombiano” que servirá como evento inaugural del Centro Nicanor Restrepo Santamaría para la Reconstrucción Civil, fundado por las universidades Nacional de Colombia, de los Andes (Bogotá), EAFIT y FLACSO-México.

El Colombiano, 4 de diciembre