lunes, 27 de junio de 2016

Sexta bixiexta

Puesto que la parca anda haciendo ochas con las figuras del rock y se acaba de llevar al Más Grande de Todos los Tiempos, y el Real Madrid volvió a ganar la Champions, hay desastres en Ecuador y Canadá, masacres en Bruselas y Orlando, y vemos a los británicos cortarse una mano, a uno empieza a rondarlo la superstición del año bisiesto. Pero cuando se le baja a la adrenalina se descubren los triunfos pequeños, que son los decisivos en la evolución de la humanidad.

Los alemanes completaron un millón de refugiados recibidos, la investigación espacial y la genética mostraron enormes signos de avance, Obama fue a Cuba y a Vietnam y el acuerdo del Estado colombiano con las Farc entró en la recta final. En el lado delicioso de la vida, Radiohead sacó disco después de cinco años, renovamos la admiración por El Bosco a medio milenio de su muerte, el Leicester ganó la Premier y Cleveland la NBA… y nosotros.

No hay duda que en el ambiente había ansias de título, cosa muy rara en una afición que tiene por himno una pieza que dice “no necesito que estés arriba para quererte glorioso DIM”. Tiene dos explicaciones. La fundamental es que el Medellín fue robado y desmantelado empezando la segunda década de este milenio, y la recuperación que empezó hace tres años requería un respaldo deportivo. La menos importante, es que veníamos de dos finales perdidas en los últimos tres campeonatos.

El torneo nos hizo sufrir porque el técnico no pudo consolidar una formación hasta el final y porque le faltó paciencia con la hinchada. Al final, él, Leonel Álvarez, que desde 1984 es parte de la historia roja cumplió con la meta y renovó el cariño de la tribuna. Por supuesto, hay que hablar de jugadores que se montaron al pedestal. David González –al menos en el club– se puso a la altura de El Caimán Efraín Sánchez, y Mauricio Molina confirmó que esa camiseta es su segunda piel. Christian Marrugo, un peregrino de equipos, clavó su lanza en nuestros predios.

La hinchada es capítulo aparte. Siempre sorprende. En este caso, fue la tranquilidad. En tribunas y calles hubo una alegría calmada y sobria. La prensa registró, sorprendida, una celebración sin desorden ni violencia. Y eso que hubo pantallas gigantes en Carabobo norte, El Poblado y Laureles (punto para la alcaldía). Me quedo con la imagen de varios agentes del escuadrón antimotines en las afueras del estadios, sin casco, recostados en las paredes y bostezando del aburrimiento a las ocho y media de la noche.

Los bisiestos son como cualquier año y los acontecimientos, tristes o felices, son el resultado de procesos largos; la fecha del resultado es una contingencia. Bordaremos la sexta estrella en camisetas y banderas, y… volveremos, volveremos, volveremos otra vez.

El Colombiano, 26 de junio

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