lunes, 31 de agosto de 2015

Abad, Acevedo

Héctor Abad Faciolince y Darío Acevedo Carmona han compartido un par de rasgos, los de ser intelectuales públicos –una tautología necesaria– y ser columnistas de El Espectador. Héctor desde una posición liberal y apartidista, Darío desde una postura particular afiliada al Centro Democrático. Ambos con argumentos y altura. Ahora comparten otro: los quieren callar.

A Darío Acevedo, historiador de la contemporaneidad colombiana, lo quieren callar las Farc. La agencia Anncol, que cumple la función de divulgadora y propagandista del grupo guerrillero, le ha lanzado ataques furibundos que lo obligaron a dejar su columna en el periódico capitalino. Como si fuera poco, grupos de estudiantes de la Universidad Nacional en Medellín, donde ejerce como profesor e investigador, lo han estado hostigando con mítines porque también lo quieren sacar de la universidad.

Estos ataques le dan la razón al profesor Carlo Tognato de la Universidad Nacional en Bogotá quien afirmó hace poco que “las universidades públicas, han sido escenarios de la guerra” y que es necesario que en la academia se pongan las cartas sobre la mesa en las discusiones actuales sobre los acuerdos de La Habana y el escenario futuro del país después de que ellos se firmen (La silla vacía, “La U. Nacional tiene que comenzar por decir adiós a la guerra”, 23.08.15).

A Héctor Abad, uno de los escritores colombianos más destacados en el ámbito internacional, lo quiere callar Luis Pérez. El candidato a la gobernación de Antioquia, avalado por lo peorcito del partido liberal y apoyado por Cambio Radical, lo demandó hace poco y por tercera vez. Entre tanto, sus áulicos usan las redes sociales y todos los mecanismos de la propaganda negra para hostigar al columnista y silenciarlo.

Abad contó detalles de su primera audiencia: “El duro (Luis Pérez) se baja de una inmensa camioneta negra, blindada, último modelo, vidrios polarizados. En el bolsillo de la camisa, bordado en rojo, su nombre… Entra al edificio flanqueado por dos hombres jóvenes, pelo cortado al rape, traje y camisa oscura, de esos que si uno ve venir de frente por la noche, prefiere cambiar de acera. Luego me entero de que son sus dos abogados” (El Espectador, “El proceso”, 22.08.15).

Todos los enemigos de la libertad se parecen. Ellos no deliberan; su especialidad es la intimidación. En este caso no importa que sea una intimidación semilegal. Cualquiera sabe lo que se siente ante la escena que le tocó a Héctor Abad en el juzgado la semana pasada. Si no lo sabe puede ver “Buenos muchachos” de Martin Scorsese o poner en Youtube a un gorila de Donald Trump sacando al periodista Jorge Ramos de una rueda de prensa.

Libertad es lo que se pierde en Venezuela y Ecuador hoy. Y lo que se perderá ante cualquier mal voto que den los ciudadanos ahora o en el futuro.

El Colombiano, 30 de agosto

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