miércoles, 23 de julio de 2014

Prensados

Decía Juan Lozano y Lozano (1902-1980) que la prensa era “no el cuarto sino el primer poder de la república” (Ensayos críticos, 1934). Literalmente no hablaba de la prensa en general, sino del periódico El Tiempo en particular. Lozano fue ministro, dirigente liberal, director de Semana y columnista de El Tiempo por décadas, lo que ayuda a entender mejor la fuerza de su afirmación.

En la Colombia contemporánea es difícil atribuir todo ese poder a un medio y probablemente sea cierto que se trata de un tercer o cuarto poder, relativamente fragmentado pero con algunos medios muy poderosos aún. De las características de la prensa se presume como de una de las joyas de la democracia colombiana.

Sin embargo, hace años vivimos un proceso de deterioro que empezó con la toma directa que grandes grupos económicos hicieron de algunos de los principales medios de comunicación colombianos y del indelicado control que la familia del presidente Santos ha tenido en los últimos cuatro años de medios como Semana, El Tiempo y otros. Pocas voces advirtieron de estos peligros.

Algunas alertas se hicieron días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Pocas pero significativas. Alguna difusión tuvo la declaración de Juan Gossaín: “Nunca había visto una más penosa manipulación de la prensa”, “lo que está pasando es terrible, y el único perdedor es la opinión pública”. Sutiles e importantes fueron las opiniones de Enrique Santos Calderón –también periodista, pero además hermano del Presidente–, quien dijo: “Hoy se necesita un periodismo crítico e independiente. Lo que uno ve actualmente es cómo las grandes corporaciones financieras y bancarias se están apoderando de los medios en el mundo entero y los espacios cada vez son más reducidos” (El Tiempo, 15.05.14).

Si no hay independencia ni crítica, al menos suficientes, y si abunda la manipulación sería válido, en consecuencia, cuestionar la libertad de prensa y la calidad del periodismo en Colombia. Al menos en algunos grandes medios y, digámoslo, bogotanos o nacionales como les gusta presentarse. Hace poco El Espectador se preguntaba por la libertad, a raíz de la presión que la Casa de Nariño hizo para que el periodista Hassan Nassar saliera de Cablenoticias (El Espectador, 22.06.14).

Pero no se trata solo del gobierno, ni de algunos grupos económicos. También es una actitud ciudadana. Gossaín dice que el contrapeso del periodismo es la opinión pública. Pero cuando se acepta sin más que un hombre como Fernando Londoño pierda su espacio en El Tiempo, cuando se crucifica a un personaje como William Ospina por una columna en El Espectador, simplemente se advierte lo mal que estamos en materia de libertad, no solo en las instituciones sino en la ciudadanía.

La libertad, valor primigenio inscrito en el escudo y en la Constitución, tiene pocos dolientes en nuestro país.

El Colombiano, 20 de julio

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