lunes, 14 de octubre de 2013

Diálogos VI: Medellín, fútbol

Sexta y última parte de la conversación con Carlos Vásquez Tamayo (09.10.12).

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CVT: “Factor de identidad urbana. En el Medellín pasea el espíritu de universal de la ciudadanía. Ser hincha del Medellín es una forma de ser ante de la vida, una forma de ser democrática, ser hincha del Medellín es tener un gran sentido de la estética”, he ahí algunos de los piropos que le dedica Jorge Giraldo a una de sus pasiones. Yo voy a emplear una palabra que él me autoriza, porque leí en su blog eso, es un fanatismo. Jorge Giraldo dice que es el único fanatismo que él se permite, y ahí la palabra fanatismo se suaviza, casi se dulcifica y se vuelve un gesto del humor. Jorge Giraldo no es, a mi modo de ver, un sociólogo del juego, del deporte, Jorge Giraldo es un filósofo, pero al mismo tiempo, Jorge Giraldo es un hincha del Medellín y yo creo que a él, esa definición de hincha de Medellín le interesa tanto como la definición de doctor en filosofía o la definición de decano de una facultad o incluso más; hablemos de eso ser hincha no de cualquier equipo, no se puede generalizar, sino ser hincha del poderoso DIM.

JGR: Carlos, claro que no se puede generalizar –no sé si lo digo en ese escrito, pero sí lo digo en la calle– porque hinchas no tiene sino el Medellín; los demás equipos tienen admiradores o seguidores, ese es mi decir. Esta es una pasión que se trata de racionalizar, de verbalizar que, después, se convierte en un propósito de construir una identidad alrededor de ello. De pronto viste en mi blog, que hace ocho años (y más) me metí en la idea loca de editar un libro sobre esta condición de ser hincha del Medellín. Puedo decir con cierta razón de que el Medellín es un equipo de poetas, de escritores. En ese libro colaboran Darío Jaramillo Agudelo, Juan Manuel Roca, Darío Ruiz Gómez, Juan José Hoyos, hasta Carlos Mario Aguirre (El águila descalza). Tuve la gran dicha de que lo prologara el escritor argentino Roberto Fontanarrosa. Es una reflexión sobre la condición de ser hincha, porque creo que –aunque tengamos otras urgencias más grandes– el fútbol es una parte muy importante de la cultura popular contemporánea. Por eso es tan triste la incursión de la violencia en el fútbol que –esto sonará a queja de viejito– impide que podamos ir al estadio en familia, con los hijos pequeños, como cuenta (en ese mismo libro) Héctor Abad Faciolince que hacía con su papá a quien no le gustaba el fútbol y mientras Héctor veía jugar al Medellín, su padre se llevaba todas las revistas y los periódicos de la semana para leerlos mientras duraba el partido.
Indudablemente que en el fútbol –a propósito del gran historiador Eric Hobsbawm, que murió la semana pasada– hay arte, pasión, belleza, que son cosas que nos ayudan a hacer comuniones. Debo aclarar que mi esposa y mis padres son hinchas del otro equipo (cuyo nombre no se debe mencionar) y que estas comuniones no son obligatorias y no nos impiden convivir, ni siquiera en las relaciones más íntimas y fuertes que tenemos.

CVT: Ahora que hablaba Jorge Giraldo, mencionaba a los poetas y al equipo de los poetas, hay una anécdota que él cuenta que es muy hermosa. El poeta Tartarín Moreira, poeta popular en el bello sentido de la palabra se fugaba del manicomio para ir al estadio para ir ver a jugar al Medellín, me interesa mucho esa figura del hincha, así como me interesa esa idea suya de que el Medellín o el fútbol en general, es una religión pagana y me interesa mucho porque la figura del hincha podría ser una de esas figuras que propicie formar comunidades en el sentido más lúdico de la palabra, más pleno, más de bendición del presente que no implique competencia odiosas o movimientos de segregación y por eso preocupan fenómenos, por ejemplo, como las denominadas barras bravas que son fenómenos contemporáneos muy inquietantes a nivel mundial, como piensa esa figura del hincha como forma de comunidad y las ventajas que tiene en relación con otras formas segregadoras de formar comunidades sociales.

JGR: Carlos, de esto sabes más vos que yo. En muchos sentidos, yo me siento aristotélico y creo que el juego y el arte cumplen una función catártica, una función sublimadora; ayudan a comprender, pero por cierta desgracia, nuestra sociedad se va fragmentando también, tenemos unas comunidades de platónicos que quieren desterrar la poesía, también el fútbol y los fervores que se viven alrededor del arte y del deporte. Me parece que una de las cosas importantes es tratar de entender que allí hay otras cosas distintas al atletismo, la competencia, el folclor (porque una de las cosas interesantes que tiene el fútbol es el folclor). Yo veía aquí a nuestros dos acompañantes con una risa un poco irónica cuando oían mis expresiones acerca del Deportivo Independiente Medellín; eso hace parte de ese folclor revitalizante en el deporte. A parte de eso, creo también alrededor del fútbol hay muchas posibilidades de diálogo, conversación, en fin, de comunicación. Creo que cada vez hay más países del mundo en los que este es uno de los principales motivos de acercamiento con otra persona. Allí hay otro lenguaje universal, distinto a la música, distinto a los lenguajes formales de las matemáticas. El fútbol se volvió un lenguaje universal, en cualquier lugar del mundo donde vas te podés encontrar con un taxista, con una persona totalmente ajena y podés encontrar un objeto que une a las personas. Si se mira de esa forma también podemos hacer relaciones más constructivas alrededor del deporte y de las pasiones futbolísticas, no sólo las de los clubes, también las de las selecciones. Esta es una semana en la cual que juega la selección Colombia, con la cual estamos muy animados otra vez y que por fortuna tiene nuestros colores en la pantaloneta y en las medias. Eso es algo que no debemos abandonar los llamados intelectuales, académicos y filósofos.

CVT: Jorge Giraldo dice también que el fútbol es quizás el único espectáculo que uno paga para ir a sufrir, en Medellín sabemos que hay piropos, por ejemplo, el Poderoso o la Danza del sol, que no sé qué poeta se inventó ese calificativo, pero también hay expresiones que son un poco del humor popular, el equipo que da lástima o el equipo del año entrante. Vamos a cerrar esta conversación por desgracia se nos fue yendo el tiempo como en los partidos de fútbol que están muy buenos y se le van a uno como nada, con dos preguntas puntuales, que serían algo así como dos dilemas éticos ligados a este asunto del deporte, en relación con los cuales quiero una opinión lo más precisa o lo más puntual de Jorge, lo primero, este asunto que se volvió a mover ahora de la presencia de dineros ilegales en los equipos de fútbol en Colombia y el planteamiento que hizo un directivo de devolver títulos que se llaman en el lenguaje futbolístico “estrellas” que fueron conseguidas con esos dineros ilegales, eso generó a mi parece un debate saludable porque toca el corazón de los dilemas éticos, que es el corazón siempre más rico de la ciudadanía, ¿cuál es la postura suya ante ese dilema, devolver o no devolver la estrella y por qué?. El segundo dilema ético implica el Medellín, pero aunque de una manera retrospectiva, en la selección Colombia se produjo un cambio de técnico, él que ahora es el técnico del Medellín, Hernán Darío Gómez porque en su conducta privada hizo algo absolutamente negado con lo que debe ser el ejemplo de un hombre público ante los niños, la ciudadanía, la juventud, etc., cual es el maltratar a una persona, particularmente a una mujer; eso le significo salir de la selección Colombia en su calidad de técnico, que hubiera planteado en ese momento o a lo mejor lo planteó Jorge Giraldo, dos dilemas éticos para un intelectual como cierre de esta conversación con Jorge Giraldo.

JGR: Bueno sobre la primera escribí una columna, entonces me queda muy fácil responder. Mi planteamiento es que estos problemas éticos tienen que servir siempre hacia el futuro, a mí me parece que hacer justicia para atrás es muy difícil y sobre todo hacer justicias con cosas que son intangibles, cosas que los economistas tienen una denominación que son bienes preferentes, yo preguntaba en esa columna ¿de quién es una estrella que simboliza un campeonato, de un administrador, de un dueño o de una afición? Yo creo que eso es un bien preferente que no es posible expropiárselo a nadie, así se borre una estrella, esos logros deportivos están en el corazón de los aficionados, mi equipo no ganó ninguna estrella en esos años por fortuna aunque tampoco está libre de esas malas relaciones, pero me parece que el dilema de las discusiones éticas sobre hechos pasados tiene que servir para alimentar hechos futuros y no para tratar de enderezar algo que ya no se pueda enderezar, que ya pasó. En lo segundo, aunque me coge un poco de sorpresa, yo diría que la decisión que se tomó en su momento era razonable por una razón, porque los líderes deportivos, los emblemas deportivos son –junto con los artistas de música popular– los héroes contemporáneos y yo creo que esa figura de héroe contemporáneo sí requiere ciertas salvaguardas. Creo que hay unos prototipos que son imitables por nuestra juventud y creo que hay que escoger esos prototipos; me parece que en ese caso la decisión que se tomó era sana, aunque hubiera podido perjudicar después los logros deportivos del país –lo que afortunadamente no ha pasado– pero me parece que ahí hay que mantener un cuidado sí queremos tratar de hacer una educación ética y estética que tenga impacto en nuestras comunidades.

CVT: Soy Carlos Vásquez y ustedes tienen ahora la palabra.

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