miércoles, 26 de mayo de 2010

Banalidad del analista aficionado

Los debates televisivos terminaron en una contienda estética. El analista amateur típico –llámese ciudadano o periodista– se perfiló definiendo las favorabilidades por la estética: el tono de la voz, la seguridad en el decir, la elaboración de frases completas. Los únicos candidatos que cumplen con esos requisitos son los más jóvenes, Petro y Vargas Lleras.

No es raro tampoco que sean los más autoritarios. La oratoria clásica y la retórica antigua eran las primeras materias de dominio del político que no admite razonabilidad sino aclamación, que prefiere la frase efectista a la idea profunda, y que además no tiene fisuras en su hablar porque no duda.

A esta banalidad se le suma el afán esteticista de votar por el marginal e impugnar a las dos corrientes mayoritarias que ya configuraron la campaña. Los esteticistas tradicionales se sienten seguros con Vargas Lleras, encarnación ideológica del Frente Nacional, y con Gustavo Petro, heredero de la más tradicional izquierda que cumple 80 años en 2010.

domingo, 23 de mayo de 2010

Decencia y picardía

Varios columnistas afincados en el oficialismo se han dedicado en los últimos días a victimizarse por el debate ético que suscitó la campaña Mockus+Fajardo. Dicen que tal planteamiento implica una estigmatización, pues implicaría que todos los simpatizantes de la candidatura de Juan Manuel Santos serían proclives a la indecencia.

Esta lloradera que de repente le ha dado a opinadores cotidianamente feroces desconoce dos asuntos importantes. El primero es de marco histórico. Es un hecho el predominio de la cultura de la trampa y del atajo en Colombia. Tan dominante que nadie se perturba por cometer contravenciones mayores como violar las normas de tránsito o hacerle trampa al fisco. El dedo mockusiano se pone sobre una llaga colombiana. Antanas no ha personalizado el diagnóstico.

Pero el otro asunto tiene nombre propio y no de cuenta de Antanas sino de la campaña Santos. Juan Manuel ha hecho una apología pública y repetida de la picardía. En su campaña se usa la voz del Presidente para apoyarlo, se ha generalizado la propaganda negra, estafan a Juanes que apoya la dupla Mockus+Fajardo, plagian los promos de campañas extranjeras, ahora difunden la especie de que Mockus no nació en Colombia. Santos –solo y sin que nadie lo sindique– se ha hecho el portavoz de la picardía.

lunes, 17 de mayo de 2010

Hacer historia

¿De qué se trata hacer historia? ¿Cómo es que se pueden producir acontecimientos que después se explican, se racionalizan? ¿Por qué las elecciones del 30 de mayo (y parece que las del 20 de junio) pueden ser las más trascendentales de los últimos 80 años? Nuestro colega y amigo, el profesor Juan José Botero de la Universidad Nacional de Colombia, ha presentado un argumento bello y convincente. Pueden mirarlo en:
http://www.razonpublica.com/index.php?option=com_content&task=view&id=987&Itemid=159

Ha dejado más claro que la mayoría de los comentaristas cercanos a la dupla Mockus+Fajardo por qué el detalle de las propuestas, el minimalismo de las respuestas en los debates y los resbalones propios de una exposición pública cotidiana no cuentan a la hora de arrimar afecto a una campaña que puede causar una inflexión en el país.

sábado, 15 de mayo de 2010

La bobada de Mockus

Antanas Mockus ha vuelto a decir lo que ha dicho siempre. Que la violencia es injustificable y que no hace acuerdos con los partidos que son ambiguos y vacilantes frente a este tema. Insignes columnistas han salido lanza en ristre contra él. Álvaro Camacho (El Espectador, 15.05) lo ataca porque perderá los votos de la militancia del Polo, Lisandro Duque (El Espectador, 16.05) porque le parece que tal radicalismo lo hace un “Uribe con barbas”, Daniel Samper Pizano (El Tiempo, 16.06) lo tilda de “bobo”, por la misma razón.

Esta reacción al unísono expresa bien uno de los problemas centrales de la política colombiana de los últimos 30 años y la novedad que Mockus y -en su equipo Luis Eduardo Garzón– representa para ella. En Colombia se da una situación: pocos dudan de la posición de los principales dirigentes del Polo y de sus candidatos frente a los grupos armados, pero la mayoría dudamos de la posición del Polo. ¿Por qué? Por su ambigüedad. Porque para no dejarse medir por esta línea de enemistad han preferido callar. Porque en el momento crítico de las marchas del 4 de febrero del 2008 se aislaron de la ciudadanía para no atacar a las Farc y parecer uribistas.

El problema principal de Colombia ha sido la guerra y la justificación de la guerra es un asunto crítico de la política colombiana. La dirigencia del Polo Democrático no entendió que en política lo que importa es lo que aparece. Y cuando la mayoría de los ciudadanos rompieron vigorosa y nítidamente con las Farc, en un río de multitud, el Polo se quedó en la orilla.

Mockus “el bobo” perderá algunos votos. Los “vivos” de la izquierda complaciente con la guerra ya perdieron otra posibilidad de ganar más espacio político. Mientras tanto, los “más vivos” del establishment violento gozarán en silencio y esperarán los frutos de esta polémica.

sábado, 8 de mayo de 2010

Puños y posaderas

El filósofo antioqueño Cayetano Betancur –cuyo centenario celebramos este año– hizo notar una distinción importante en la concepción política de José Ortega y Gasset. Dice nuestro paisano que el español distinguía entre la política de puños y la política de posaderas. Básicamente, que no todo en la política eran puños.

Con política de posaderas se entiende la política de sentarse. Esto puede tener muchas connotaciones. Sentarse a pensar, sentarse a hablar. Sentarse es un acto de controlar los impulsos y darse tiempo para meditar las decisiones. Pero sentarse también hace parte de una estrategia de fuerza, como lo retrata el director de cine Akira Kurosawa en la hermosa película Kagemusha.

El tema sirve para interpretar la política del Estado colombiano en este siglo. Hemos tenido dos gobiernos de necesarios y eficaces puños (pocos y con mucho filisteísmo dudan de ello). Mi convicción es que hay que pasar a la política de posaderas en los años que vienen y de ahí la importancia de Antanas Mockus y la masiva comprensión que ha ganado entre los ciudadanos. Al fin, Antanas hizo que las posaderas fueran el factor diferenciador entre la beatería cultural y las nuevas generaciones.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Política inefable

Dice el columnista Álvaro Forero (El Espectador, 05.05.10) que a Mockus la gente no le entiende pero le cree. Está parcialmente en lo cierto. La gente le cree. Algunas de las simplezas que dice Mockus, también las dicen los demás candidatos pero nadie les cree. Cuando hablan de corrupción, esconden las manos. Mockus puede quedarse callado (o empezar a tartamudear) pero le basta con mostrar las manos.

Se equivoca el señor Forero en cuanto a que la gente no le entiende. Sí le entiende, pero no discursivamente. La gente entiende desde hace quince años los símbolos y los mensajes que Mockus propone. Con excepción, claro está, de aquella pirámide que nos hizo abandonarlo en las elecciones del 2006. Lo que pasa es que el analista político moderno es logocentrado, lo que no aparezca en un papel o en un discurso le resulta incomprensible. Ignora el gesto, la postura, el afecto, otros lenguajes.

Cuando Mockus aparece, cuando se sube a una tarima con Fajardo, Garzón y Peñalosa, cuando exhibe su lápiz, cuando invita a que sea la multitud la que haga la campaña, cuando pone un ejemplo simple para ilustrar un problema de Estado y después lo resume con una frase epigramática, cuando hace todo eso está lanzando tantos mensajes como no le caben a un candidato tradicional en un periódico más tradicional todavía.

domingo, 2 de mayo de 2010

El fantasma de la incertidumbre

El fantasma que ronda en estas elecciones a todas las mentes conservadoras es el de la incertidumbre. ¿Qué hará Antanas Mockus? Es una pregunta que ronda como si se tratara de un desconocido, de una supernova en el cielo de la política colombiana. Y esto que hablamos de un personaje público con casi 20 años de exposición a la opinión.

Germán Vargas Lleras ha salido al quite, repitiendo las frases de Carlos Gaviria. “Es que no se sabe que puede hacer Mockus”, repiten todos nuestros conservadores. No tienen razón. Mockus ha dicho que respetará la Constitución y practicará y promoverá el respeto de la ley. No hay nada menos incierto que esto; no hay nada más cierto que esto en un país donde cada gobernante hace la ley a su medida, aplica la que le gusta y le hace el quite a la que no.

Pero también tienen razón. Si se le compara con los demás candidatos, Mockus es el candidato de la incertidumbre. Y esto simplemente porque los demás ya han tenido décadas gobernando. Entre Sanín, Santos, Pardo y Vargas suman un siglo de estar en el gobierno (sin contar a sus abuelos, tíos y papás). De ellos sabemos con certeza qué harán: lo mismo que han hecho en el pasado. Y no queremos más de eso.