lunes, 2 de febrero de 2009

Homicidio en Medellín: situación y perspectivas

Medellín logró en los últimos 6 años el más asombroso cambio en materia de seguridad. Ha salido de los 5 primeros lugares en tasa de homicidios en Colombia y no aparece entre las 10 más peligrosas de Latinoamérica. En el año 2008 se asesinaron en Bogotá casi 500 personas más que en Medellín, sin contar el subregistro que puso en evidencia el doctor Rodrigo Guerrero en El Tiempo.

¿De dónde proviene, entonces, la preocupación con los homicidios en Medellín? Ante todo de la comparación con su propio éxito: durante tres años (2005-2007) Medellín mantuvo por primera vez en dos décadas y media un número anual de homicidios inferior a mil. Ese límite se sobrepasó en el 2008. Según un indicador que empezamos a desarrollar en la Universidad Eafit, en el 2007 Bogotá y Medellín contribuyeron en la misma proporción (1.6) a la tasa de homicidios nacional; en 2008 hay un comportamiento divergente y Medellín pasó a aportar un poco más que Bogotá (0,14). Medellín contribuye con 2,3 puntos y Bogotá con 2,2 a la tasa nacional (que fue 30,4).

El Presidente Uribe dio la impresión ante la opinión pública de que Medellín es el gran problema nacional. Las estadísticas lo desmienten. En Antioquia y Medellín se vive una guerra entre organizaciones de narcotraficantes, como en otras zonas del país. La diferencia está en que en Antioquia existe una mayor sensibilidad frente al tema y, además, una campaña sistemática de desprestigio contra la actual administración municipal. Sin embargo, la alerta presidencial debe ser bienvenida. Medellín debe continuar con su milagro en materia de seguridad y tiene que seguir jalonando las mejoras nacionales en los indicadores de seguridad como lo hizo en los últimos 6 años. Y para hacerlo la cooperación con los gobiernos departamental y nacional es imprescindible.

¿Cuáles son los factores que hacen que la situación de Medellín siga siendo frágil? El primero tiene que ver con una cultura de la ilegalidad que sigue siendo fuerte en el imaginario paisa; el segundo es la subsistencia de una economía ilegal muy grande que hace grandes esfuerzos por mantener canales abiertos de “blanqueo” de dinero; uno más lo constituye el gran número de personas adiestradas en el crimen y armadas en bandas, que bordea las 4 mil. Finalmente, la quiebra de las grandes organizaciones ilegales en la ciudad como las Auc y las Farc puede hacer que la criminalidad organizada recurra a la corrupción de la fuerza pública para suplir los servicios de seguridad que aquellos grupos le suministraban.

Sin embargo, ahora en Medellín hay nuevos elementos para responder a este desafío: hay más Estado y más institucionalidad; es posible hablar de un cambio cultural en la juventud y de una política de tolerancia cero respecto al narcotráfico en sectores claves de la sociedad; el Alcalde Alonso Salazar es a la vez el mayor conocedor de los fenómenos criminales en la ciudad. La renovada coordinación con Uribe y Ramos es una buena noticia. La puesta en marcha de los planes de desarme y la persecución a una empresa criminal reconocida como la de “Don Mario”, coloca metas de corto plazo. Es prematuro hacer pronósticos pero puede decirse que es muy difícil que Medellín retorne siquiera a la situación en que la dejó la administración Luis Pérez en el 2003, con un promedio anual de homicidios superior a 2 mil y una tasa promedio superior a 150.

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