martes, 30 de septiembre de 2008

Rawls: Hipocresía y política

A propósito de la nota sobre “Hipocresía y política”, el profesor Mauricio Uribe López me hizo notar la congruencia de la exposición sintética hecha allí con tesis similares de Jon Elster y John Rawls. Con relación a este último decía el profesor Uribe López que la fuerza civilizadora de la hipocresía “se parece a lo que en el equilibrio reflexivo Rawls denomina la moderación de los prejuicios y de la excesiva atención a los intereses particulares al aparecer ante los demás. Es casi un requisito para que la razón pública opere”.

Ya tendré ocasión de referirme al equilibrio reflexivo, por lo pronto hay una clara referencia al asunto en la exposición de Rawls de los que es la idea de razón pública. Para el filósofo estadounidense la base pública de la justificación y la eficacia de los principios de justicia no sólo requieren acuerdos sustantivos, (esto es, sobre los contenidos de la justicia política), sino también acuerdos sobre “los principios de razonamiento y sobre las reglas de evidencia a cuya luz deben decidir los ciudadanos”.

Para las condiciones del pluralismo razonable la gente debe discutir según las formas del sentido común y asumir la ciencia, mientras no admita controversia. Esto supone un esfuerzo de los ciudadanos por presentar razones que puedan ser aceptadas por todos los miembros de la comunidad política, a esto se le puede llamar “un modo reconocido [socialmente] de razonar”. Este modo, en una sociedad occidental e ilustrada, tiene que incorporar principios de inferencia y reglas de evidencia, patrones de corrección y criterios de verdad.

No me interesa discutir acá tanta fe en la razón, lo pertinente es señalar que para Rawls existe también una “razón no pública” atribuible a las corporaciones (iglesias, sindicatos, gremios, universidades, sociedades científicas) y también a las personas singulares. Cada corporación tendrá sus procedimientos y modos aceptables de razonar, públicos sólo para sus miembros pero no públicos respecto a la comunidad política. Lo mismo aplicaría para una persona. En la esfera pública común a la toda la sociedad, el miembro de la corporación o la persona individual debe traducir sus posiciones al modo público de razonar, de lo contrario deben morderse la lengua. Esa es una de las formas de manifestación de la hipocresía en la política.

* Rawls, J. 2002. La justicia como equidad. Una reformulación, Barcelona, Paidós, 129-135.

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